SEXO, MENTIRAS Y JUBILACIONES

Hoy día mantenemos una variopinta actividad sexual regida por los principios éticos de la libertad y la igualdad y en unas condiciones de vida cercanas al bienestar. Desde muy jóvenes la atracción por el sexo es una constante sin la intervención del principio de la moral patriarcal que unía el deseo y el acto a la finalidad de la reproducción. La libertad da lugar a la diversidad de formas de relación sexual no impuesta lo cual permite otras formas de convivencia que no son escuetamente las del matrimonio, y aun éstas, admiten la existencia de relaciones entre personas del mismo sexo, o el matrimonio sin hijos. No obstante esta libertad y el aumento de la tolerancia, los matrimonios siguen disminuyendo, se formalizan a edades cada vez más tardías y, en uno de cada cuatro, uno de los contrayentes es extranjero. Por otra parte, si los matrimonios descienden las rupturas siguen en aumento mientras el indicador coyuntural de fecundidad que mide el número de hijos por mujer fértil se mantiene muy por debajo de la tasa de reposición generacional. Las mujeres que acceden a la maternidad lo hacen a edades cada vez más avanzadas, teniendo en cuenta el dilatado período de formación y su tardía incorporación al mercado laboral, todo lo cual les impide adoptar decisiones de esa naturaleza antes de los treinta años. Las relaciones autoritarias de la familia patriarcal han dado lugar a unas relaciones familiares más plurales y solidarias, que se insertan en la red amplia de parentesco más allá del lugar de residencia. Son redes de relación y afectos que amortiguan entre sus integrantes las carencias de provisión pública.

Y entramos en el meollo de las mentiras sobre las que se ha construido el proceso de reformas, actualmente en la fase de revisión de la edad de jubilación. Expertos demógrafos y economistas, generosamente remunerados por entidades empresariales y financieras, sirven como plataforma teórica sobre la que se fundamenta el desmontaje del austero y poco desarrollado Estado del Bienestar español. Así, el principio de las mentiras asume que el actual sistema de pensiones será inviable en veinte años, teniendo en cuenta el índice de envejecimiento, el aumento de la esperanza de vida, el descenso de las tasas de natalidad y la estabilización de los flujos migratorios; es decir, teniendo en cuenta la fotografía demográfica actual y señalando estos indicadores como la causa que justifica el desmantelamiento del sistema de pensiones.

Cuando una mentira se repite muchas veces y desde supuestamente distintos expertos, termina por tomarse como una certidumbre y, sin embargo, desde que estudiaba demografía hasta hoy (y de eso hace muchos años), todas las proyecciones demográficas se han equivocado, y no porque los demógrafos no contarán con rigurosos y metódicos instrumentos de medida, sino porque se trataba de algo tan sujeto a variaciones como es el comportamiento humano, el comportamiento social. Entonces, ¿podemos tomar en serio un estudio, o a un experto, que señala la mayor conquista social, como es el aumento de la esperanza de vida, como un problema? ¿Podemos tomar en serio a quien identifica el aumento de años de vida libres de trabajo para dedicarlos al ocio, a la familia, a los amigos o a la comunidad, como un problema social? ¿Podemos creernos de verdad que vivir más años libres de enfermedad es un logro que hay que malograr, trabajando más hasta lograr enfermar? Yo creo que no, que todo ello es un conjunto de mentiras que cumplen el objetivo de no dejarnos pensar, de acallar a quienes exigimos que la jubilación sea discrecional, desde los 50 hasta los 70 años de acuerdo a las profesiones y a los deseos de los trabajadores, porque no puede ser lo mismo arrastrar un cuerpo exánime que disfrutar de un cuerpo sano; porque no es lo mismo ocupar el tiempo de ocio en negocio, ni el tiempo libre para nuestro propio enriquecimiento en tiempo ocupado para el enriquecimiento de otros.

Resulta cuando menos contradictorio que el sistema de pensiones más saneado y equilibrado de la Unión Europea, con un fondo de reserva (eso que llaman la hucha de los jubilados), superior a los 64.000 millones de euros, se mantenga a costa de congelar este año las pensiones. Y aún más contradictorio es que se nos quiera hacer creer que es para mantener el sistema de pensiones en el futuro, cuando según expertos y estudiosos hará crack el sistema. Pero, ¿qué es eso de hacer crack el sistema de pensiones? ¿Se trata de evitar que sea deficitario?, es decir, que las aportaciones de los trabajadores actuales a ese fondo solidario para con los jubilados sea inferior al gasto de los mismos. Pero, ¿acaso no hay instituciones estatales que viven en el déficit y no por ello hacen crack como vaticinan estos expertos en el engaño y la mentira? Citaré sólo por encima al Sistema Nacional de Salud y el Sistema Educativo Público, ambos deficitarios, y a los que ya les han hincado el diente privatizador, incluso esperando aumentar la tajada en cuanto puedan. Pero sobre lo que quiero incidir, es que nadie exige reformas en el sentido de que consigan superávit económico de más de dos mil millones de euros, como así ha ocurrido en 2010 con las cuentas de la Seguridad Social, y pese a la crisis.

Y qué me dicen de la institución llamada Ejército cuyo mantenimiento cuesta un millón de euros diarios al contribuyente español. ¿No habría que hacerle una reforma en profundidad para que no sea tan deficitario? Por ejemplo, eliminándolo de la vida pública española y dejándolo en el Museo, porque allí rentaría algo a los españoles. Y ¿qué me dicen de la institución eclesiástica?, ese monopolio de los valores, la verdad y la ética, que se siente por encima de la Constitución. En fin, no hablemos más de instituciones deficitarias  y dejen libre el camino para la jubilación voluntaria a partir de los 50 años, mejoren el sistema de pensiones haciéndolo más equitativo, aumentando las contribuciones a la Seguridad Social. Sobre todo piensen en el futuro de la sociedad española apoyando ese futuro mediante el aumento del porcentaje del PIB destinado a las familias (ayudas al nacimiento, mensualidades por hijo, permisos laborales, flexibilidad de horarios, actualización y universalización de las ayudas, etc.). No se dejen engañar por las mentiras repetidas y gocen del éxito de una jubilación con más años y salud, donde el sexo sigue siendo una fuente de bienestar.

COMPETITIVIDAD

En el maravilloso valle de Tobalina se encuentra la más vieja de las centrales nucleares de España en activo, la central nuclear de Santa María de Garoña, que se localiza a 52 Km. de Haro, 64 Km. de Vitoria, 90 Km. de Burgos, 96 Km. de Bilbao y 112 Km. de Logroño; es decir, más o menos a pocos minutos de mandarnos a la nada a todos los que vivimos en estas localidades, si la tan cacareada seguridad falla como es previsible en una central que sobrepasa los cuarenta años de vida útil que los ingenieros americanos de General Electric le otorgaron. El propio Consejo de Seguridad Nuclear afirma que la vida útil se define como el tiempo de funcionamiento de una estructura, sistema o componente de la central (supuesto en el diseño), durante el cual se espera que cumpla con su función en los términos establecidos. Pero como esa vida útil acabó ya (la última autorización de funcionamiento se agotó en julio de 2009) se inventan lo de vida útil de servicio, que es el tiempo transcurrido entre la puesta en marcha y la retirada de servicio de una estructura, sistema o componente de la central en sus especificaciones; es decir, que con la renovación de las instalaciones, inversiones en seguridad y retirando o sustituyendo aquellos componentes que se hayan aplicado en una planta, la vida útil de la central podría mantenerse en funcionamiento pues… ¡hala!, veinte años más.

Precisamente en el año 2009, Nuclenor, la empresa propietaria de la central, participada en un 50% por Endesa y en otro 50% por Iberdrola, solicita al Gobierno la extensión de su vida útil diez años más hasta el 2019, apoyándose precisamente en el Informe del CSN que estimaba adecuada la autorización de dicha extensión de la vida útil. No se si por las presiones del lobby eléctrico, o si fue el pacto con el PP para que no subieran las tarifas eléctricas hasta que se sacara un plan nacional de ordenación de la producción de energías, o si fue todo al mismo tiempo, pero pareció que el Gobierno de Rodríguez Zapatero adoptaba una medida de corte salomónico al no dar satisfacción ni a Nuclenor ni a sus votantes, incumpliendo una vez más uno de sus compromisos electorales (cerrar las centrales nucleares a medida que fueran cumpliendo su vida útil y apostar por las energías limpias y renovables), prorrogando la autorización hasta el año 2013, año en el que posiblemente gobierne el PP, partidario de lo nuclear y de Endesa (no en vano esta última ha fichado a Aznar como asesor).

Una de las características de Nuclenor es su interés por publicitar la seguridad de sus instalaciones, y para ello organiza visitas y publica la revista INFO (13000 ejemplares) de distribución gratuita, en cuyo último número habla de la visita que la Cámara de Comercio e Industria de La Rioja giró el pasado mes de noviembre. Cuenta el reportaje que el presidente de la Cámara, entidad que representa a más de 28.500 empresas de todos los sectores económicos de la comunidad, con su presencia quiso trasladar el apoyo cameral al desarrollo de la energía nuclear, señalando que hay una cuestión que en el mundo de la empresa conocemos muy bien: la competitividad. Y sigue: en esta economía global en la que funcionamos es imprescindible tener las mismas oportunidades que los competidores. En ese sentido, estamos perdiendo capacidad competitiva si por razones que no llegamos a comprender cerraran Garoña. No transcribo el resto de las declaraciones de José María Ruiz-Alejos pues son del mismo tenor, apoyando el mantenimiento de Garoña y cuantas centrales nucleares le pusieran a tiro y suscribiendo cuanto le dictaron sus anfitriones. Claro que el renovado presidente de la Cámara no debería decir que representa a todas las empresas si tenemos en cuenta que desde que se publicó el Real Decreto-ley 13/2010 de 13 de diciembre que elimina la obligatoriedad de pertenecer y pagar una cuota a las Cámaras, muchas de esas empresas, principalmente autónomos, se verán liberados de su representación y como dice el Decreto-ley, la eliminación de la cuota liberará recursos que contribuirán a mejorar su competitividad, aún más que si cierran Garoña. Además, la voluntariedad de la pertenencia a las Cámaras debe ser un incentivo para que estas cumplan sus funciones con mayor eficiencia que hasta el momento; o lo que es lo mismo, que hasta ahora las Cámaras eran ineficientes.

Pero aún hay más despropósitos en las declaraciones de Ruiz-Alejos, porque el propio Gobierno de La Rioja en su página web informa que desde 2005 presenta un balance positivo de energía eléctrica; es decir, La Rioja produce más energía que la que consume por lo que aporta energía eléctrica al resto de España. En el año 2009 se produjo 1,7 veces más energía eléctrica de la demandada, consumiendo el equivalente de un 56,69% de la energía producida. Entonces para qué la amenaza de Garoña  a nuestras puertas.

Yo creo que el señor Ruiz-Alejos no debería dejarse llevar por ese impulso propio de quien es agradecido con sus anfitriones y canta sólo alabanzas sin sentido, tomando en consideración lo que sí es un grave problema para el desarrollo económico y la competitividad de las empresas de esta Comunidad, como es la existencia y el enquistamiento de la economía sumergida que hunde sus raíces en el caciquismo secular. En un estudio del sindicato de técnicos de Hacienda GESTHA se decía que la economía sumergida y el fraude fiscal en La Rioja alcanzaba los 2.432 millones de euros de dinero negro existente a fines de 2009, lo que representaba el 20,2% del PIB regional; y que en el plazo de 2000 a 2009 La Rioja se había convertido en la primera de las comunidades con un crecimiento mayor de su tasa de economía sumergida al pasar del 25,9% al 31,4%. El seño Ruiz-Alejos sabe muy bien que la economía sumergida está presente en el sector del calzado, pero se expande aún más en los sectores de la construcción, la hostelería y cómo no, la agricultura. No nos distraiga pues con la bondad de las nucleares, convierta la Cámara en una institución eficiente, reclame una gestión transparente a la administración regional y combata la cultura del fraude y el pelotazo. Así ganaremos de verdad en competitividad.

Nuclenor

 

 

LA BRECHA SOCIAL

La sociedad cohesionada (pese a las diferencias de riqueza), segura (tras un sistema de bienestar pese a estar poco desarrollado), y optimista (con perspectivas y objetivos de futuro pese a la ineficacia de políticos y especuladores), se ha transformado en apenas estos dos últimos años en una sociedad quebrada, miedosa y con incertidumbre. Porque las diferencias de riqueza entre unos pocos y la mayoría se han hecho más profundas, porque el precario estado del bienestar se está desmontando a gran celeridad y porque una ola de pesimismo se ha instalado en las conciencias.

Vuelven las dos Españas pero las dos tienen helado el corazón. Es cierto que algo más del 40% disponen de empleo, ahorros, seguridad, y confían en que este momento forma parte de un ciclo en el que a ellos les ha pillado provistos y, aunque miran con desconfianza el presente, piensan que en el futuro volverán a ocupar una posición de dominio. La crisis les afecta, pero en su ritmo de vida consumista y de despilfarro.

En el otro 60% largo se encuentran los precarios, los supervivientes, los que están al límite, aunque cuentan con una red familiar, a veces de amistad, y en ocasiones con los servicios sociales y de voluntarios ciudadanos, que son quienes les proveen de la ayuda suficiente para evitar el riesgo de caída si este se hace inminente. Han cambiado de actividad y están dispuestos a someterse a la voluntad del gobierno, del mercado o del patrón más inicuo con tal de sobrevivir. Han ajustado sus gastos y gastan marcas blancas, gorroneando en los comedores familiares. Pero también se encuentran en este gran grupo humano los que han perdido todo, los fracasados, los sin techo, los sin trabajo ni esperanza de trabajo, los que menudean una limosna o un cigarro (ahora que ya todo da igual, incluida su salud). Han perdido el empleo, la vivienda, los hijos; han gastado sus ahorros y solo disponen de deudas, han perdido la red familiar (por lo que sea), y los amigos se vuelven contrarios. Son los excluidos, los que están fuera del sistema y tan sólo las organizaciones humanitarias (porque ni a los servicios sociales acuden), mitigan en parte las privaciones y la humillación de vivir en una sociedad que les aparta.

Es la brecha social. Una brecha entre los de arriba y los de abajo. Una brecha que por arriba separa a los muy muy ricos de los que se consideran con un estatus de relativamente ricos. Una brecha que separa por abajo a los precarios con la incertidumbre de si su estatus bajará al nivel de los excluidos, de los excluidos y desahuciados, de los sin papeles y extranjeros en su tierra, del detritus del capitalismo.

Estamos arrebatados por el discurso de la crisis, de la deuda pública y la privada y al toque de sálvese quien pueda nos desperdigamos en la selva arrostrando los peligros de una muerte en solitario. Es la muerte social, de toda una sociedad. Y empieza a cundir el pánico porque no encontramos referentes en los partidos políticos, de los que abominamos porque nos engañaron con sus falsas promesas. Los partidos que se denominaban de izquierdas hacen y defienden la política de la derecha rancia y conservadora, y los partidos de derechas se travisten de demócratas, populares y socialistas. Y si buscamos esos referentes en otras organizaciones de masas que en sus estatutos defienden un modelo de sociedad cohesionada encontramos a los sindicatos, que pactaron con aquellos partidos y no supieron defender a los desposeídos del empleo, la riqueza y ahora la seguridad.

Entonces ¿qué nos queda? Podremos cerrar la brecha, la enorme brecha con estas mimbres. Yo creo que sí podemos cerrar esta brecha. Con espíritu solidario y combativo con la injusticia, defendiendo las conquistas sociales de nuestros antecesores y ampliándolas para quienes nos sucedan, buscando auténticos referentes políticos y ecológicos donde nuestra participación sea real y alejada de la maquinaria electoral. Oponiéndonos al desarme moral de una sociedad cohesionada y brindando porque el año 2011 sea el año de nuevas conquistas sociales, con nuestra fuerza, con nuestro empuje, con nuestro valor.

 

CONSUMIR, GASTAR, DESTRUIR

Resulta cuando menos contradictorio vivir en una sociedad donde el nivel de vida del buen ciudadano se asienta en la exclusión del otro. Y observo como la receta neoliberal de crecimiento ilimitado, está tomando asiento en la conciencia de ese buen ciudadano que asimila el mantra, según el cual, para acabar con el desempleo, la pobreza y la desigualdad se necesita crecer, crecer y crecer más que los países que se encuentran por delante de nosotros hasta alcanzarlos o superarlos (jo, jo, jo, ya somos la octava potencia mundial). Sin embargo, ahora precisamente que han encendido las bombillas navideñas y que los escaparates se visten de colores y por las aceras nos persiguen con el sonsonete de los villancicos, es cuando ha llegado el momento para gritar fuerte, alto y claro, que no vamos a consumir, que no vamos a gastar, que no vamos a endeudarnos con toda esa parafernalia que nos conducirá a perder bienestar, salud y vida.

Porque no hay nada más contradictorio en este capitalismo posmoderno que reducir los ingresos (para algunos hasta por debajo del umbral de pobreza), y reclamar al mismo tiempo que consumas más bienes perecederos, inútiles y poco amigables hasta endeudarte aún más. Ni tan contradictorio como estimular el gasto de energía y a su vez aumentar la dependencia de recursos escasos, no renovables y cada vez más caros. Ni tan inasumible como programar una economía sostenible basada en la productividad de bienes pero no del empleo, a costa del descenso de los servicios y del nivel de vida y bienestar de los ciudadanos, a costa del consumo de materias primas altamente contaminantes como el carbón español. Ni tan absurdo como promover los cánones de belleza en torno a la delgadez, las tallas pequeñas y las modelos anoréxicas y, a su vez, incitar al consumo de proteínas animales, grasas, azúcares y en general alimentos sin valor nutritivo, pero que consiguen la culpabilización del ciudadano obeso. Porque no hay nada más ignominioso en este planeta que adquirir el estatus de obeso cuando el 80% del planeta no consigue las calorías suficientes, y un alto porcentaje muere diariamente de inanición.

Qué escándalo oír, ver y saber que el consumo de bienes durante la Navidad no sólo no mejora nuestra vida en este mundo de privilegiados, sino que tampoco ayuda al sostenimiento del planeta para que las generaciones que nos continúen o nos hereden lo encuentren en condiciones más justas y solidarias. El consumo tampoco colabora en amortiguar los desequilibrios territoriales y las desigualdades sociales, y tan sólo sirve para mejorar la cuenta de resultados de quienes limitaron nuestros ingresos reduciendo los salarios, de quienes destruyeron nuestros empleos o acabaron con las prestaciones sociales en materia de desempleo, pensiones, educación, salud y vivienda; de quienes buscaron la desaparición del estado del bienestar, estimularon el racismo y la xenofobia, agotaron los recursos naturales, alteraron el clima y nos colocaron en la incertidumbre, asegurándonos que esto era tan sólo un ciclo económico al que seguirían otros mejores, más productivos y consumistas, más adecuados a nuestra capacidad innovadora, a nuestra potencialidad como país y a la sostenibilidad de un sistema destructivo. Pero se olvidaron que el ciclo (o como coño quieran enmascararlo), al que nos han llevado, es un tiempo de no retorno en nuestras vidas; un tiempo insostenible, destructivo, perjudicial, injusto, insolidario y que sólo produce infelicidad.

Por todo ello me uniré a los ciudadanos que hagan de la Navidad el tiempo más austero del año, que no gasten más de lo necesario, que no se dejen embobar por los villancicos, ni deslumbrar por las bombillitas de colores, y que promuevan las relaciones sociales, afectivas o amorosas con otros ciudadanos sin necesidad de consumir, gastar y destruir; porque, de verdad, otra manera de vivir es posible, ayuda a todo el planeta, y no sólo a los detentadores del capital.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENSIMISMAMIENTO

El Gobierno de La Rioja está enajenado, ensimismado, abstraído en su mundo, en las cosas y quehaceres de su propio mundo; pero ajeno, extraño, desprendido de la sociedad, de los ciudadanos que viven fuera de su mundo. El Gobierno de La Rioja, sus integrantes, políticos avezados al poder y viejos administradores de la cosa pública han caído en la trampa del ensimismamiento. Hace mucho tiempo que solo miran sus ombligos de atletas orgullosos con la ya larga trayectoria política, animados por una oposición que condenada al ostracismo, apoya también con cierto ensimismamiento la continuidad y permanencia de próceres tan engreídos, tan envanecidos.

Este Gobierno regional rezuma aburrimiento por cualquier costado, y han logrado de La Rioja una ruina política, un desierto al que se exilia y destierra a sus ciudadanos; desposeídos de todo amago de activismo o participación hasta la convocatoria de elecciones, cuando son requeridos por mayorales y rabadanes para que cumplan con el ritual democrático de votar a los mismos de siempre, a los ensimismados del gobierno o la oposición. Ahí se emplean con ahínco pastores y zagales, que todos los votos son buenos en el redil partidario.

En este Gobierno hay consejeros que no se les conoce otra actividad (dicen que profesional), que la de consejero y, además, de I+D. A mi personalmente me gusta el de Cultura, porque una vez al año me enseña a diferenciar los movimientos musicales, desde el blues, rock, hard rock, glam rock, hasta la new wave, grunge, alternativo, rap, o el hip hop. Y no para ahí, porque lo mismo te marca las tendencias en pintura, teatro o poesía que te indica los nuevos valores cinematográficos. En fin, que es un compendio de saber cultural y, ojo, que además lo vive y lo disfruta. Por eso me gusta, porque al menos una vez al año (a primeros de año), sale del ensimismamiento del equipo de Gobierno y conecta con la ciudadanía, aunque sólo por unos días.

Lo terrible del ensimismamiento del Gobierno de La Rioja es que no es un ejercicio terapéutico, de modo que por unos días se recoge en la intimidad de sus pensamientos y después vuelve a la realidad con un discurso político, manteniendo una relación efectiva y afectiva con la ciudadanía, sobre todo con los que no piensan como ellos (muchos más de la mitad de los ciudadanos de La Rioja), para convencerles en un diálogo ininterrumpido sobre la bondad y el valor de sus posiciones, pensamientos e ideas.

Lo terrible de su ensimismamiento es que caen en la depresión y en la melancolía, atendiendo sólo lo inmediato, sus dificultades (mantra: “la culpa es de Zapatero”). Son incapaces de gestionar un discurso político que aglutine y cohesione en torno a un proyecto o un plan; son incapaces de ilusionar a la ciudadanía para entrar en acción, pues están detenidos, parados, incapacitados para llevar a cabo o promover ninguna actividad o acción colectiva.

El ensimismamiento les ha vuelto torpes, desconfiados, ignorantes. No hay nada que hacer, ni siquiera se les puede tratar de convencer, están enajenados y se envanecen de acuerdo a la soberbia y la vanidad de su líder. No hay la esperanza de un milagro. Se han entregado a la consideración de su pensamiento. Se han ensimismado.

 

 

 

 

 

HOMBRES CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA

Sabemos que la desigualdad tiene su origen en pautas culturales, sociales y religiosas que perpetúan la condición de inferioridad que se otorga a la mujer en la familia, el trabajo y la sociedad. Y si asistimos a un cambio y transformación de la masculinidad es gracias a las conquistas de la revolución feminista y a los valores de la igualdad y la coeducación, que han acabado con los viejos roles de la mujer ama de casa abnegada y el hombre dominante que trabaja fuera de casa y alimenta la familia.

El reconocimiento de la dignidad humana implica considerar que varones y mujeres nacemos como sujetos iguales en derechos y deberes, que podemos desarrollar las mismas capacidades y habilidades, realizar las mismas tareas productivas y participar paritariamente sin otras diferencias que las que provienen de nuestra individualidad. En este momento es necesaria una actitud solidaria entre ambos géneros que permita que las relaciones en el ámbito doméstico sean simétricas e igualitarias a través de la  incorporación de los hombres a las tareas del quehacer doméstico y las responsabilidades familiares.

El ámbito privado o doméstico es donde mejor se expresan los logros acerca de la igualdad entre los géneros, porque si bien algunos hombres han emprendido la ardua y costosa tarea de equiparar su dedicación en condiciones de igualdad a la mujer (dadas las resistencias del conjunto de los hombres, como de aquellas mujeres que ven en la apropiación del espacio privado y doméstico por parte de los hombres una pérdida de su identidad de género), también es cierto que este sigue siendo el espacio de poder de la mujer, el espacio donde mejor se expresa la relación patriarcal de una sociedad dualizada, que ha cedido el espacio público, fuente de recursos y poder, a la primacía del hombre. Así mismo son necesarias las políticas institucionales que revaloricen el trabajo reproductivo (cuidado de la infancia, personas enfermas y mayores…) e impulsen un reparto equilibrado de la carga de trabajo entre varones y mujeres. Entretanto se puede hablar de coexistencia de múltiples situaciones, desde las propiciadas por un proceso de aculturación de género y adopción de roles masculinos, hasta las más tradicionales y conservadoras que mantienen la “jornada interminable” y el eterno status de género domesticado.

Mientras esto no se produzca seguiremos percibiendo a multitud de hombres que no han logrado transformar y adaptar los roles tradicionales, continuando instalados en un machismo atávico que les impide aceptar las nuevas realidades de igualdad de género, tanto en el ámbito público como en el doméstico, que ha conducido en muchos casos a un aumento de los divorcios, cuando no de la violencia y la muerte. Y es que la violencia contra las mujeres no ha cesado en los últimos años pese a que la lucha por la igualdad ha tomado carta de naturaleza en la sociedad. La causa fundamental que provoca esta violencia reside en el modelo de sociedad que sitúa a la mujer en una posición de inferioridad respecto al hombre, así como en los patrones culturales discriminatorios hacia la mujer; es decir, las mujeres son las víctimas primordiales de una violencia ejercida por hombres, significando, por tanto, una violencia sexista y machista. Además, no es una violencia que se de en el ámbito familiar o doméstico, sino que es una violencia que se produce en la pareja, haya o no convivencia de por medio.

Sabemos que para el conjunto de los varones no es fácil aceptar públicamente la violencia y la desigualdad si no son ellos quienes la han promovido. Frecuentemente no la viven tanto como un conflicto individual cuanto como un conflicto social, enmarcado en la agresión a su propia identidad e imagen social como colectivo genérico. De ahí que sea necesario que los hombres como colectivos asuman su responsabilidad en la existencia de las desigualdades y la violencia. Hace falta políticas de igualdad dirigidas a los hombres que faciliten el cambio hacia posiciones más favorables a la ruptura con el modelo tradicional masculino. Hacen falta referentes sociales que nos permitan superar el machismo atávico, porque de ese modo ganaremos en autoestima y desarrollo personal, nos reencontraremos con nuestras emociones, ganaremos en autonomía personal y funcional. Tendremos una sexualidad más completa y satisfactoria y ganaremos en salud. Descubriremos una nueva paternidad más cercana, responsable y solidaria. Disfrutaremos de mejores relaciones de pareja y, sobre todo, nos convertiremos en personas más justas y solidarias.

A esa tarea se emplaza a todos los hombres contrarios a la existencia de desigualdades de género y  contra la violencia machista, en la convocatoria de una Rueda de Hombres que tendrá lugar en la plaza del Ayuntamiento de Logroño el jueves 21 a las 19,30, bajo el lema “EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES. VIVAMOS SIN VIOLENCIA”,  y que nos permitirá manifestar nuestra voluntad de acabar con la desigualdad y la violencia de género, fortaleciendo la visibilización de otra masculinidad.

CUANDO EL RIO SUENA AGUA LLEVA

En un informe procedente del grupo mundial sobre migración, integrado por doce agencias de la ONU, el Banco Mundial y la Organización Internacional de Migraciones, se denuncia la situación de los derechos humanos de los inmigrantes en situación irregular (Statement of the Global Migration Group on the Human Rights of Migrants in Irregular Situation). En su comunicado manifiesta la preocupación por el incumplimiento de tales derechos en numerosas ocasiones, con especial preocupación para la situación de los menores y de las mujeres. Insisten en  la importancia de que todos los Estados velen por el respeto de los derechos humanos, independientemente de la situación administrativa del migrante, evitando los abusos de autoridad que se producen desde los poderes públicos. Es decir, constatan que además del incumplimiento de respetar y aplicar los derechos humanos entre la población en situación administrativa irregular, se producen habitualmente abusos de autoridad

Por otra parte se ha  publicado el Informe (http://www.eurocities.eu/main.php) que la organización Eurocities ha elaborado sobre exclusión social y desigualdades en las ciudades europeas. Es un trabajo de investigación que sobre la base de más de veinte ciudades europeas, explora cuestiones como el desempleo, la pobreza y la exclusión digital, y donde se describen las medidas concretas que las ciudades están adoptando para responder a estos desafíos. En el Informe se recuerda que la pobreza y la exclusión social son fenómenos complejos, con diferentes dimensiones muy relacionadas entre si, en las que se combinan el desempleo, la mala calidad de la vivienda, las bajas cualificaciones de la persona, peores condiciones de salud y poca participación social, destacando como víctimas de esta situación a la población inmigrante. El Informe recuerda que las ciudades tienen por si solas poco control sobre estas situaciones y llama a una mayor coordinación entre las diferentes administraciones y sectores implicados. Es decir, coordinación entre las diferentes administraciones públicas; en nuestro caso entre la central, autonómica y local.

Continúo. La última semana de septiembre se celebraron en La Rioja las XXV Jornadas de coordinación de los Defensores del Pueblo, sobre “el impacto de la crisis económica en el ejercicio de los derechos de las personas”,  de donde se han derivado unas interesantes conclusiones en las que se realiza un perfil sobre las personas que acuden a ellos (entre los que se encuentra la población inmigrante), el tipo de quejas y consultas que se realizan por éstas, así como un diagnóstico sobre las consecuencias sociales producto de la crisis. Entre otras conclusiones los Defensores del Pueblo señalan que “debe mantenerse el acceso de las personas inmigrantes a los derechos sociales y a todos los servicios públicos universales evitando todo brote de xenofobia y racismo”. Más claro agua, y entiendo que algunas  administraciones o autoridades públicas ponen en entredicho los derechos sociales o el acceso a los servicios públicos desde consideraciones como la vestimenta, residencia, irregularidad o desempleo.

Precisamente el desempleo entre la población inmigrante (en septiembre de 2010 ascendió a 573.210 personas: 181.630 eran comunitarios y 391.580 extracomunitarios, con un  incremento interanual y mensual de 71.892 y 4.351 personas), es muy superior a la de los autóctonos, tal y como muestra el Boletín Económico del Banco de España que publica un informe sobre la evolución del empleo y del paro a partir de los datos de la EPA del segundo trimestre de 2010. En este informe se destaca la estabilidad en el volumen de las entradas y salidas de la población inmigrante, en comparación con el notable descenso del flujo de entradas en 2009. En la población activa siguió el descenso de la población masculina, mientras que se mantuvo el de la femenina, estando la tasa de actividad de los extranjeros en más de diecinueve puntos por encima de la española (76,9 y 57,7 %). También la tasa de desempleo fue doce puntos superior entre la población trabajadora extranjera (30,2 y 18,2 % respectivamente).

Cifras e Informes que aunque suenan no hacen mucho ruido, pero nos señalan el peligro cierto, que la lasitud de los poderes públicos ante los mensajes racistas y xenófobos y su protagonismo en la conculcación de derechos humanos o sociales, entraña para la convivencia y la cohesión social de la ciudadanía democrática.

ZÁPATAR EN EL PAIS DE LOS SONÁMBULOS

Hace unos días oía de un dirigente sindical que la política social y económica que está llevando a cabo el Gobierno no es la del programa electoral socialista, sino la propia de un gobierno del partido popular, y que su responsable no es Zapatero sino el avatar de Zapatero por el color azul que está tomando su gestión.  Así que aproveché la manifestación del 29-S para preguntar a otros durante su transcurso sobre la posibilidad de encontrarnos con un Zapatero abducido por las fuerzas neoconservadoras.

Algunos se inclinaban por la posibilidad de que en aquella primera reunión del G-20 en que Sarkozy invitó a España a sentarse como octava potencia mundial, en realidad había sido el momento en que las fuerzas del mal, con el gestor de fondos de capital riesgo George Soros de interlocutor, le hicieron la admonición de que si no cambiaba la política económica España acabaría como en el corralito argentino. Fue el momento en que un Zapatero de talante beatífico pensó con horror lo que supondría dejar a España a los pies de los caballos,  y decidió someterse en todas sus consecuencias a los dictados del FMI. De ahí arrancaría el cambio de políticas económicas y sociales, pero aunque parece plausible este cambio radical no me quedé contentó, y decidí averiguar lo sucedido participando en una sesión de espiritismo en la que se invocó al maestro, el psiquiatra y periodista especializado en temas de misterio y parapsicología, Fernando Jiménez del Oso. Han sido seis horas de revelación y desasosiego que trataré de sintetizar en pocas líneas. Los expertos que me acompañaron podrán ratificarlo, pero dudo que quieran atestiguar cuanto averiguamos sobre los cambios que se han observado, no sólo en España sino en otros países de la Unión Europea.

Mucho antes que Zapatero fuera invitado al G-20, creo que a comienzos del milenio, el populista y xenófobo Jörg Haider llegó al Gobierno austriaco. En Francia, Jacques Chirac veía perder electorado a manos del ultra Jean-Marie Le Pen y el crecimiento de los grupos racistas en Europa amenazaba a los partidos tradicionales (populares, liberales y socialdemócratas) que hasta entonces se habían turnado en el poder. Se imponía tomar medidas contra este resurgir del racismo y la xenofobia y, no está del todo claro, en una cumbre de jefes de estado se decidió plantar cara a esta amenaza, adoptando los mensajes en los que se envolvía, quitándole fuerza en las urnas. Fue así como en 2008 Berlusconi se permitió el lujo de declarar la emergencia gitana. Un proyecto por el que se asociaba delincuencia con inmigración, adoptando medidas contra unos 150.000 rumanos gitanos a los que se cerraba las fronteras, invalidando el Tratado de Schengen para la libre circulación de ciudadanos. En aquella ocasión no hubo reacción de Zapatero, o al menos no más allá de cuando le reía las gracias sobre su apuesta por la igualdad de género y el gobierno rosa que el montaría con velinas, coristas y escorts a las que, por cierto, presentó en las listas de su partido a las elecciones europeas. Hace unas semanas, el presidente Sarkozy desmanteló centenares de campamentos gitanos y expulsó a miles de rumanos y búlgaros de esa etnia cual alumno aventajado de Le Pen. Ante esta desfachatez, la comisaria de Justicia Viviane Reding no se cortó al recordar el genocidio nazi de medio millón de gitanos. Fue entonces cuando llegó el respaldo de Zapatero a su colega Sarkozy en el Consejo Europeo sumándose al gallinero de críticas a la comisaria Reding.

Los populares no hace falta decir que no sólo se habían solidarizado con el narciso gabacho, sino que habían empezado su peculiar campaña en las calles de Badalona por si podían ampliar su caudal de votos extremistas. Del trío de las Azores al trío Romaní, pero ¿qué decían los ciudadanos? ¿Había movimientos de airados contra la exclusión, el racismo y la xenofobia? ¡No!, había una princesa del pueblo que bien podía disputar la presidencia del gobierno, admirada, envidiada, atendida, escuchada y repetida por un país de sonámbulos.

Vagamente empecé a urdir tanto hilo suelto. No eran los dirigentes europeos quienes se sometían a los dictados del FMI o del Bundesbank, era un país de sonámbulos al que se le podía recortar el salario, congelar sus pensiones, ampliar su periodo de cotización si quería cobrarlas, someter al dictado de los empresarios y la dictadura de las entidades financieras, y al mismo tiempo podía gritar con fuerza ¡VIVAN LAS CAENAS!

HUELGA DECIRLO PERO LO REPITO

Una amiga me manda un mensaje con una propuesta bien interesante para que la huelga general tenga aún más éxito del que le auguramos. Se trata de combatir  el mercado financiero y de capitales, de ir contra el crecimiento por el crecimiento, contra el consumo y contra la resignación y la muerte del ciudadano. Como son propuestas que me han enviado por mail y se trata de difundirlas al máximo yo las cuelgo aquí y quien quiera que las haga suyas.

Queridos amigos y amigas:

Vamos a hablar de la huelga. Esta huelga no es sólo una huelga contra el gobierno, que lo es. Ni es sólo una huelga contra los empresarios, que también lo es. En esta huelga hay que enfrentarse a alguien más, a alguien más poderoso y sibilino, a alguien que no tiene exactamente rostro, a alguien que no se sabe donde está, a alguien de quien no sabemos siquiera su nombre y que actúa bajo el pseudónimo de “los mercados”. El problema es cómo atacar a alguien que no sabemos ni donde está y que parece invulnerable (y a lo mejor lo es). Entonces no estamos en una huelga típica en la que con parar la producción basta para hacer daño a un gobierno, a una empresa y a nosotros mismos (no lo olvidemos). En esta ocasión hay que apuntar más alto, hay que apuntar al gran capital, a los mercados, a los que manejan los hilos. Y la pregunta es: ¿cómo? Y la respuesta no la sé, pero intuyo que en el único sitio donde les duele a esa gente es en la cartera. Así que esta vez no sólo basta con dejar de trabajar, esta vez lo que hay que hacer es parar el dinero, hay que conseguir que no se mueva ni un duro.

Os propongo varias ideas en este sentido que voy a desarrollar en tres titulares que son: A) Parar. B) Cash. C) Tomar la calle.

PARAR

Esto es lo más parecido a una huelga tradicional. No se trabaja, está claro. Pero hay que ir más allá: ¡No se hace nada! Pero nada de nada, no se compra el pan (aunque haya pan), no se lee el periódico, no se oye la radio ni se ve la tele, no se gasta electricidad más que la imprescindible, no se coge el coche, los niños no van al colegio, sólo se habla por teléfono o se usa internet si sale gratis, en definitiva… no se mueve un duro. Ese día se come de congelados o si se tienen muchas pelotas, se ayuna (es broma, tampoco hay que pasarse). Ese día, todos a chingar, que eso es gratis, a cantar, a bailar y a hacer deporte (sin pagar, nada de gimnasios). Si alguien no quiere hacer huelga que no la haga, pero que ese día que no venda un clavel. Sin piquetes ni pollas. Que se queden todo el día con el negocio abierto perdiendo dinero. En este aspecto los pequeños empresarios, que son tan víctimas como los trabajadores en esta crisis, deberían apoyar la huelga. El objetivo de esto es que se note, que se note que no se ha trabajado y sobre todo que se note que no se ha consumido. Pienso que las verdaderas huelgas del siglo XXI van a ser las revueltas de consumidores o mejor de anti-consumidores. Ya se verá.

Creo que se entiende la idea principal ¿no?, que no jueguen con nuestro dinero. Ese día se pueden hacer transacciones pero que estén fuera del flujo monetario. Yo te doy tres tomates y me ayudas a mover un mueble por ejemplo.

CASH

Bueno, esto es más serio. Aquí se trata de hacer un experimentito. Durante estos meses-años que llevamos aguantando la crisis hemos estado movidos por los vaivenes de «los mercados» y sus juegos. Que si falta de liquidez, que si activos tóxicos, que si falta de confianza, que si exceso de gasto público y privado, que si la abuela fuma, etc. También hemos visto como han reaccionado los gobiernos ante ellos: ayudándoles en un primer momento y después plegándose a sus exigencias. Hemos visto que juegan duro y que si pueden van arramplar con todo. Hay que pararlos. El día de la huelga no, el día antes o dos días antes, hay que retirar dinero de nuestras cuentas. Repito: nuestro dinero (por si alguno piensa que es algo ilegal o inmoral). Sí, vamos a ver que pasa, aunque sólo sea por curiosidad. Vamos a retirar una parte significativa de nuestros ahorros. No digo que saquemos todo el dinero que tengamos, pero algo que se note. Tampoco vamos a tener en casa un millón de euros, pero si mucha gente saca bastante dinero y lo retiene en sus casas, digamos durante cinco días, creo que se notaría. A lo mejor es divertido ver como reaccionan «los mercados». Y seguro que van a ser divertidas las excusas que nos ponen en el banco para que no lo saquemos.
Por supuesto que esta medida como más efecto tendría es si se hiciera a nivel global en toda Europa. Entonces sí que se iba a notar en el Dow Jones. Así que sería interesante que  esta idea rulase por ahí ya que en Europa va a ser un día de protesta aunque no de huelga.
Habría que hablar de cuanto dinero inmoviliza cada uno. Pero bueno eso me parece más personal, la cuestión es que lo hagamos muchos, os invito a que propaguéis esta idea si os parece buena. Lo dicho, que estén «los mercados financieros» con un poquito menos de dinero durante unos días y si alguien necesita dinero que se lo pida a un amigo.

TOMAR LA CALLE
Bueno, ya hemos quedado que el 29-S no trabajamos y no consumimos. ¿Qué hacemos pues? Pues nos vamos de paseo.
Ese día cogemos a nuestros niños, una mochila con unas manzanas y una bota de vino y nos vamos a pasear por el centro de la ciudad. O quedamos los amigos que hace mucho tiempo que no vemos en algún sitio y nos echamos unas risas. También sería un buen día para ir en bici por el centro de la ciudad, ya que hemos dicho que ese día no se usa el coche.
Lo importante es que se vea que la calle es nuestra y que si hay alguien trabajando (perdiendo dinero y tiempo) nos vea con envidia. Por supuesto que se puede ir a las manifestaciones de los sindicatos, pero eso no es lo más importante. Lo importante es que se vea que hay vida en la ciudad pero que no hay actividad económica. Lo importante es que al día siguiente podamos decir lo bien que nos lo pasamos ayer y que en los medios de comunicación (otros de los que habría que hablar) al día siguiente sólo puedan poner imágenes de gente pasándoselo bien. Sólo eso, esa es mi manera de tomar la calle.


TRABAJO DE CHINOS

Desde hace semanas vengo escuchando la misma cantinela en prensa, radio y televisión sobre el fracaso de la huelga general el 29 de septiembre, sobre el ambiente de desidia y desgana, de apatía y hasta decididamente contrario a la acción sindical. Los medios dicen reflejar lo que observan en la calle, pero lo cierto es que repiten consignas que les llegan desde los centros de poder político, financiero y empresarial, a la postre de sus dueños, amos y señores, que sin acuerdo previo han encontrado en la existencia de los sindicatos el chivo expiatorio a todos los males que aparentemente agobian a este país y sus ciudadanos.

Si escuchamos a los partidos políticos (exceptuando los partidos a la izquierda del gobierno), unos hablan de reforma laboral necesaria y otros añaden que insuficiente, y en todos anida la desregularización del trabajo. Más claros y expeditivos son los grupos financieros y las organizaciones empresariales, cuando señalan la rigidez del mercado laboral como el principal obstáculo para el crecimiento económico de sus rentas y cuentas de resultados y, por extensión, del conjunto del país.

Y esa rigidez la observan en la existencia de convenios sectoriales y colectivos, de acuerdo sindicales, de exigencias de los trabajadores, de cotizaciones a la Seguridad Social y, en definitiva, de todos los aspectos en los que se ven obligados a aceptar unas reglas del juego laboral, una regularización del empleo. Porque no les basta con que se les facilite el despido de trabajadores con empleo fijo a base de indemnizaciones que se amortizarán en muy poco tiempo con su sustitución por trabajadores más baratos, precisamente con la llegada de los que ahora se sostienen en la cuerda floja del empleo precario; y no les basta a pesar de haber situado a España en los puestos principales de este ranking estadístico de desempleo y precariedad, porque su verdadero y oscuro objeto del deseo es acabar con la intermediación en las relaciones laborales: ni gobierno (ni siquiera un jíbaro-gobierno), ni sindicatos.

Todo les iría mejor si las relaciones laborales se establecieran de manera directa y sin intermediaciones de ningún tipo, sin convenios colectivos, ni representantes de esos colectivos que vigilaran por sus derechos, que denunciaran los atropellos e impulsaran los beneficios sociales y la protección social. Qué bien les vendría la prohibición de la acción sindical o, para cumplir con la Constitución, la existencia de sindicatos amarillos controlados y sojuzgados, que abortaran la protesta de los trabajadores contra los abusos empresariales y les hicieran comulgar con recortes salariales que enjugaran el déficit estatal que habrían provocado con sus artes en ingeniería financiera. O que les convencieran para que aceptaran la prolongación de la vida laboral más allá de los sesenta y cinco años con la promesa de una pensión de subsistencia (a veces ni eso), salvo que contrataran un seguro privado o un plan de pensiones en cualquiera de las entidades financieras propietarias de estos sindicatos amarillos.

A los que pertenecen a las clases sociales con rentas más altas de este país, qué bien le vendría acabar con los derechos laborales y sociales por los que lucharon generaciones de trabajadores en un movimiento sindical sin precedentes en la historia europea. Podríamos acabar como en China, cuyas tasas de crecimiento son de vértigo y donde los derechos de los trabajadores son un eufemismo. Por eso, para España también desean y se esfuerzan por un trabajo de chinos, pero sin chinos.