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Capital social

ESTIGMATIZADOS

27 mayo, 2025 / Joaquín Giró / Deja un comentario

Tan sólo una breve relación de aquellos grupos sociales que han sido y son desacreditados, como los inmigrantes (en sus diversas connotaciones), los sin hogar, los discapacitados (principalmente la discapacidad intelectual), los gitanos, los portadores del VIH, los expresidiarios etc., para darnos cuenta de que esta es una comunidad que se organiza en categorías discriminatorias de identidades sociales. Veamos unos ejemplos.

La Audiencia Provincial de Madrid en 2021 avaló el cartel electoral de Vox contra los menores extranjeros no acompañados (conocidos como ‘menas’). El auto de la Audiencia Provincial de Madrid señalaba que «con independencia de si las cifras que se ofrecen son o no veraces, estos menores representan un evidente problema social y político, incluso con consecuencias o efectos en nuestras relaciones internacionales, como resulta notorio».

A las personas con discapacidad intelectual se les subestiman sus capacidades y se asume que son personas dependientes, por lo que no se les ofrece trabajo y del mismo modo se les niega el alquiler de una vivienda, por lo que no pueden desarrollarse personal y socialmente. Más recientemente, el obispo emérito de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, afirmó durante una homilía que “los niños que nacen con discapacidad física o intelectual o psíquica, esto ya es herencia del pecado y del desorden de la naturaleza”.

Las personas sin hogar representan la cara más severa de los procesos de exclusión social. Hablamos de personas que son privadas del acceso a un trabajo, a una vivienda y a los recursos económicos necesarios para su sustento. Personas que se enfrentan a la soledad, a la ruptura de sus vínculos sociales y familiares y, en consecuencia, a la pérdida de la verdadera red social imprescindible para la vida. Las personas sin hogar sufren la aporofobia, es decir, el odio hacia las personas en situación de pobreza. Dormir y vivir en la calle tiene un componente de violencia estructural, que además se ve agravado por la violencia directa de la que son objeto.

Estos pocos ejemplos nos señalan la presencia del estigma y de las personas y grupos sociales estigmatizados en nuestra sociedad avanzada y moderna. Erving Goffman señaló que la sociedad establece las categorías de personas facilitando una serie de atributos que nos permiten identificar la “identidad social” de cada sujeto con quien nos encontramos. Tales atributos pueden a una persona determinada volverla diferente de los demás, convirtiéndola en “un ser inficionado y menospreciado”. Un atributo de estas características es lo que el autor reconoce como estigma, mediante el cual construimos una ideología apropiada para explicar la inferioridad de la persona a quien se atribuye; de hecho, dice que “la persona que tiene un estigma no es (considerada) totalmente humana. Valiéndonos de este supuesto practicamos diversos tipos de discriminación, mediante la cual reducimos en la práctica, aunque a menudo sin pensarlo, sus posibilidades de vida”.

A través de la historia, la construcción social del estigma ha estado ligada a mitos, miedos y prejuicios y, en la actualidad, definimos la presencia de estigma a través de tres dimensiones: prejuicios, estereotipos y discriminación. Así, el prejuicio es un sentimiento de desprecio, desagrado, miedo o aversión sostenido sin motivo suficiente; es decir inmotivado, que no se fundamentan en hechos objetivos. De este modo, los prejuicios generan estereotipos sociales estigmatizantes que, finalmente, devienen en distintas formas de discriminación, segregación y violencia contra los estigmatizados.

Se ha definido el estigma como comportamientos, señales o marcas físicas de una persona o grupo de personas que indican hechos, acontecimientos peligrosos o conductas de riesgo, que escapan de la norma o constituyen un hecho vergonzoso. El estigma es de este modo, el rechazo que han de soportar las personas que padecen una condición entendida como negativa, por el mero hecho de sufrirla. Y se rechaza lo que se desconoce y lo que se teme. Así, el estigma hace que se aísle al estigmatizado y deje de recibir el trato y la consideración humana que por derecho le corresponde.

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LA MUJER DEL CESAR

8 abril, 20108 abril, 2010 / Joaquín Giró / Deja un comentario

Este artículo se publicó en Rioja2.com el 23 de diciembre de 2009. Por aquellos días era vox populi que el más presumido de los consejeros de la corte del Gran Hortelano había dejado a su chófer de copiloto mientras él ponía el buga oficial a una velocidad de muerte.

Estos días hemos asistido a una serie de manifestaciones realizadas por responsables de partidos políticos y sindicatos acerca de la conducta del consejero de Presidencia del Gobierno de La Rioja, Emilio del Río, el cual protagonizó un incidente impropio del cargo público que ostenta. Todo parece indicar que este consejero condujo un coche oficial de Logroño a Zaragoza, con el conductor de paquete, porque este “se negó a vulnerar la Ley de Tráfico y a poner en riesgo su puesto de trabajo”, recorriendo los ciento setenta y pico kilómetros que separan Logroño de la estación del AVE en Zaragoza, en menos de una hora.

Un comunicado del sindicato UGT señalaba que los conductores del Gobierno regional son los responsables “de cualquier incidencia” que ocurra con los vehículos desde que se les entrega una orden de servicio. Por esto calificaban de “irresponsable” al consejero, al ponerse al volante “y privar al conductor de su herramienta de trabajo por sus prisas”, asegurando que mientras condujo el coche oficial “sobrepasó con creces los límites de velocidad establecidos”. Por su parte, el secretario de Organización del PSOE riojano, calificaba al consejero de Presidencia Emilio del Río, de “símbolo de la prepotencia y la chulería con el que se utilizan las herramientas públicas para uso personal”, dado que ese día el consejero “no tenía agenda oficial”.

En estas manifestaciones no se encara el trasfondo de esta actuación de quien además es responsable de las campañas de seguridad vial y conducción responsable entre los jóvenes riojanos. Por que en el trasfondo político podríamos determinar la existencia de un sistema clientelar, donde la hegemonía del poder sobre los recursos administrativos se utiliza en beneficio privado, o de los clientes que establecen una relación de confianza con el patrón al que con sus votos ayudan a mantenerse en el poder.

La relación clientelar es una relación asimétrica y desigual, pues se basa en el ejercicio de la hegemonía y la dominación de quienes ostentan mayor capital social, simbólico y económico, que lo utilizan para afianzar las relaciones de dependencia política de sus clientes, pero también para la inculcación del sistema en las jóvenes generaciones.

Esto lo sabe el consejero Emilio del Río que domina el escenario de la información y la comunicación, ejerciendo de portavoz con singular acierto en medios próximos al poder regional, es decir, casi todos.  Este antiguo profesor de latín, al que su mujer tacha con gran devoción como su santo (copiando la expresión a Elvira Lindo), se maneja en los medios con un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propia importancia, característica de una personalidad narcisista (creo que es así como la definirían mis amigas psicólogas). Personalidad que se puede reconocer en las fotografías, pues en las de grupo es el único que mira al objetivo preciso; y en las individuales, o en la televisión es la persona que se gusta (eso no quiere decir que le guste a la cámara). En la radio le encanta escucharse, sobre todo en esos largos y algo gangosos parlamentos en los que crítica a sus opositores y ensalza las virtudes de los suyos. En dichos parlamentos su comportamiento es  a menudo ofensivo, arrogante y hasta cierto punto mezquino.

Dicen en psicología, que las personas con una personalidad narcisista, como creen que son superiores en las relaciones con los otros, esperan ser admirados y, con frecuencia, sospechan que otros los envidian. Sienten que merecen que sus necesidades sean satisfechas sin demora y por ello explotan a otros, cuyas necesidades o creencias son consideradas menos importantes. No se si puede adjudicarse esta personalidad narcisista  al consejero de Presidencia Emilio del Río, pues a mi modo de entender estaría más cerca de la personalidad autoritaria como señalaba T. W. Adorno en 1950.

En cualquier caso, como buen latinista seguro que conoce las “Vidas paralelas” de Plutarco, donde cuenta que un rico patricio estaba enamorado de Pompeya (la mujer de Julio César), y con ocasión de una fiesta se coló en su casa, pero descubierto, fue apresado, juzgado y condenado. Además, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que no había cometido ningún acto reprobable, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo. Tómese pues en consideración a Plutarco y recuerde que el ejercicio del poder exige ser como la mujer del César.

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