VACACIONES ESCOLARES

Llegaron por fin las vacaciones escolares, las merecidas vacaciones después de un curso pleno de aprendizaje. Los escolares van a disfrutar de más de dos meses de libertad, alejados de los centros en los que fueron enclaustrados. Escolares que todavía ni son autónomos, ni son adultos, son dependientes y viven en la casa de sus padres y de madres, o de uno solo de sus progenitores. Los mismos que les han procurado durante todo el curso habitación, vestido y alimento, gracias al trabajo que desarrollaban mientras las instituciones escolares guardaban celosamente a sus vástagos. Esos padres y madres que ahora tienen que simultanear sus actividades laborales y domésticas con ese tiempo añadido de atención a sus hijos en vacaciones.

¿Qué hacer si el día no puede estirar sus horas para dar cabida a la atención que reclaman los niños y adolescentes en libertad absoluta para ocupar el día a día vacacional? Con esta pregunta se enfrentan año tras año las familias con menores a su cargo sin olvidar que también aquellas horas de actividades extraescolares han sido canceladas y que ahora también deben ser asumidas por los adultos responsables. Hay que calcular el coste de las vacaciones de unos y de otros y, sobre todo, qué hacer para que los hijos estén cuidados y más o menos entretenidos.

Precisamente, al albur de las vacaciones escolares, se han desarrollado negocios como las ludotecas, campamentos y otros negocios artísticos con los que ocupar ese tiempo vacacional. Sin embargo, estos negocios pese a las ayudas sociales, municipales o gubernamentales, generalmente dirigidas a familias con rentas per cápita inferiores a doce mil euros, tienen un coste económico que no todos los hogares pueden asumir. Y estoy pensando ahora mismo en las aproximadamente más de trece mil hogares monoparentales, que no disponen de la ayuda de otras personas para atender a las demandas de atención de su hijo o hijos durante el tiempo estival. El Gobierno riojano lleva un retraso de tres años en el desarrollo de un reglamento que atienda a estos hogares demandantes de otra, u otras personas, que lleven a cabo la tarea de acompañamiento. Conciliar es un asunto que requiere de otros actores que se sienten concernidos por las necesidades de cuidados en ese hogar y lo apoyan con su presencia.

IDENTIDADES TRIBALES

En las últimas semanas hemos conocido un fenómeno mediático denominado los “therians”, es decir, grupos de adolescentes y/o jóvenes (la clasificación de las personas por edades es siempre algo arbitrario), que se sienten vinculados a animales utilizando máscaras, gestos o movimientos con los que se identifican. En definitiva, una expresión más de tribus que se caracterizan por ser híbridas, digitales y efímeras. Unas siguiendo las tendencias, modas o pensamiento dominante y mayoritario en la sociedad, manifestándose a través del consumo de determinados productos culturales, artísticos o populares y, otras de carácter contracultural, promovidas a través de manifestaciones artísticas marginales y contestatarias, pero todas ellas creadas a través de las redes sociales, principalmente WhatsApp, TikTok, Instagram y YouTube-

El grupo tribal (tribu), es el espacio de relación interpersonal donde conformar y aprender aquellos roles necesarios para el desenvolvimiento social. En el seno del grupo se descubre la importancia de la pertenencia, pues el grupo o los grupos son quienes proporcionan un escenario social, un territorio propio en el que sus miembros experimentan la interconexión con otros y pueden representar los roles que corresponden a la identidad que han adoptado en su interior.

Adolescentes y jóvenes buscan y encuentran nuevos espacios de socialización alejados del mundo de los adultos. Nuevas vinculaciones con grupos de iguales donde alcanzan cierto grado de seguridad, a partir de la cual pueden someter a prueba las experiencias que les proporciona la vida. Es en este sentido donde no es de extrañar la importancia que conceden al consumo de determinadas marcas, estilos de música, manifestaciones artísticas o contraculturales, etc., pues responden a los deseos de uniformidad con el grupo, a través del ajuste a sus normas, comportamientos y modas.

La estrategia de la uniformidad forma parte del proceso por el que se identifican con cada uno de los amigos que integran el grupo. A veces, el proceso es tan intenso que parece casi imposible la separación del grupo, e incluso parecen pertenecer más al grupo de amigos que a la familia. La relación con los integrantes del grupo proporciona seguridad y compañía, pues a los lazos de amistad se unen los de lealtad y confianza, constituyendo una fuente de apoyo en cualquier situación de crisis emocional.

CONSTRUYENDO  ADOLESCENTES

En su afán de ser aceptados, integrados y queridos, los adolescentes hacen de la apariencia el leitmotiv en la organización de sus relaciones sociales. Se identifican e identifican a los suyos, o a los otros, a través de los mensajes implícitos en la forma de vestir, hablar, en sus gustos musicales y en la ocupación del tiempo libre; en definitiva, en la forma de presentarse ante sí mismos y ante los demás.

Y a esta preocupación por la apariencia y la imagen dedican mucho tiempo y esfuerzo, pues de la misma se puede desprender la seguridad suficiente para enfrentarse al mundo de un modo individualizado e independiente, pese a que el aprendizaje de cómo se ven a sí mismos y cómo creen que son vistos por los demás está orientado por las modas. Los adolescentes toman la información necesaria sobre el ser y el deber ser, del conjunto de estilos y modas que, a modo de oferta plural y diversa, los adultos exhiben en campañas promocionales de objetos y mercancías. De este modo, el mercado y sus medios publicitarios son el epicentro de las imágenes y representaciones entre las que los adolescentes deben elegir para organizar el entramado de su personalidad.

El adolescente tiene necesidad de encontrase perteneciendo a distintos grupos de pares, desde el grupo de amigos del Instituto, del barrio, de las vacaciones, de cualquier deporte, los amigos que se dejaron atrás, etc., pues en el proceso de socialización, necesitan abrirse a otros adolescentes, los cuáles también se afirman sobre ciertas señas de identidad, ciertas formas de adscripción al grupo, cierta cultura. Es en este sentido donde no es de extrañar la importancia que conceden al consumo de determinadas marcas, estilos de música, programas de televisión, redes sociales, etc., pues responden a los deseos de uniformidad con los distintos grupos, a través del ajuste a sus normas, comportamientos y modas. Una uniformidad que les une, como en la forma de salir, en el consumo, en las aficiones, etc. Esto que puede parecer trivial y, en algunos casos un comportamiento exagerado, cumple una función primordial: crear los límites y separar los grupos de adolescentes de los grupos de adultos, en definitiva, del mundo impositivo y normativo de los adultos.

ADOLESCENCIAS

Últimamente leo que adolescentes sufren o provocan bullyng, están sujeros a adicciones (alcohol, juegos de azar, drogas, internet…), padecen agresiones sexuales o son violadores, tiene problemas de salud mental y piensan en suicidarse o lo consiguen. Un ejército de orientadores, terapeutas y psicólogos se han puesto a justificar sus empleos dictaminando y diagnosticando ese tiempo todavía nebulosamente indefinido que es la adolescencia, pero lo ciertto es que no hay una dolescencia, sino un universo de adolescencias, como ocuree con las fases liminales.

Hace un tiempo, tan solo el de unas pocas generaciones, el tránsito entre la infancia o periodo de dependencia de los adultos, y la juventud o periodo de adquisición de madurez, autonomía e independencia, se producía mediante ritos de paso construidos y valorados socialmente.  Sin embargo, se ha introducido un nuevo estado de transición entre la niñez y la juventud; un estado donde no se es ni lo uno ni lo otro y donde no se percibe la persona ni como dependiente ni como independiente. Es más bien un estado liminal.

Coincide este nuevo estado de transición, con la gran importancia de ser joven en el contexto de la sociedad de consumo. Precisamente este estiramiento de los límites temporales de la juventud hasta edades que antes fueron consideradas propias del periodo de adultez o de madurez, ha dado paso a la creación y desarrollo de este nuevo periodo en el desarrollo humano que sirve de transición entre la infancia y la juventud y al que se ha denominado adolescencia.

En este sentido, la adolescencia no tiene unos límites o marcadores temporales precisos y se mueve en la inexacta e incierta cronología que abarca desde la niñez hasta la juventud, es decir desde los once y doce años, hasta los diecinueve y veinte. Tal número de edades comprendidas en dicho intervalo puede resultar una manera muy arbitraria de clasificar a las personas, pero así podemos entender mejor el proceso de construcción de la identidad adolescente que necesariamente es diferente para cada persona comprendida en esas edades, obligándonos de este modo a hablar de adolescencias y de adolescentes y no de la adolescencia de forma genérica para determinar a todas las personas comprendidas en estos marcadores temporales.

La adolescencia como la juventud no es más que una palabra inventada para escenificar tránsitos a la edad adulta, es un dato biológico socialmente manipulado y manipulable, pues la adolescencia y la juventud en el mundo occidental, han dejado de ser etapas de transición para convertirse en construcciones sociales, en etapas vitales cada vez más alargadas por la difícil y retardada incorporación al mercado laboral, entre otros factores.

BRAGAS Y BRAGAZAS

En las últimas semanas nos han ofrecido en toda clase de medios y hasta la saciedad, pese a que aún no ha acabado todavía, al presunto delincuente Rubiales y más cerca de nosotros, a esos jovencitos en celo de la Universidad de La Rioja, que como señala un amigo mío celebran la berrea a través del WhatsApp, reclamando para atraer a sus congéneres, chorradas y zafiedades como que les romperían las bragas.

Estos jovencitos a pesar de que ya han visto muchas películas pornográficas desconocen que las bragas, como muestra el Tesoro de la Lengua de Sebastián de Covarrubias, son cierto género que se ciñe por los lomos y cubren las partes vergonzosas por delante y por detrás, y un pedazo de los muslos tanto masculinos como femeninos. Así usan de ellas los religiosos y llámanlas paños menores. Antiguamente usaron de las bragas los que servían en los baños, por la honestidad, los que se ejercitaban en los gimnasios, luchando y haciendo los demás ejercicios desnudos. Los que entraban a nadar, que se enseñaba en Roma con gran cuidado, por lo mucho que importaba para la guerra. Los pregoneros, porque no se quebrasen dando grandes voces. Los comediantes, los cantores, los trompeteros y los demás que tañían instrumentos de boca.

En fin, que las muchas acepciones de bragas, braguetas, bragueros y cómo no, del muy señalado braguetazo, no nos libra de habernos convertido y no por arte de birlibirloque en una sociedad de bragazas. Reconozcamos que formamos parte de una sociedad de personas condescendientes con los deseos de los poderosos, de los que poseen riqueza, poder o ambas cosas. Aceptamos lo que nos indican que hagamos sin un mínimo de crítica. Nos acomodamos a los cambios, incluido el climático, sin intervenir en esos procesos, dejándonos llevar y traer al compás que nos marcan en los noticieros. Vivimos anestesiados en la incertidumbre de modo que al más tonto lo convertimos en el referente de nuestras vidas. Por eso, si hay que linchar a alguien los medios se encargarán de señalarnos al culpable, no vaya a ser que nos interroguemos acerca de nuestras vidas sacrificadas, desgraciadas, en suma.

LA APARIENCIA Y EL ESPEJO

Ya no me molesto en contestar y explicar la realidad a quienes se equivocan, cuando se dirigen a mi hijo de dos años con mensajes de este cariz: “qué bien estás paseando con el abuelito” o “qué bien te lo pasas con el abuelo”. Y es que, para algunos, mi apariencia es la de un abuelo y no la de un padre. Así que, si bien tengo una edad muy superior a la de su madre, nada menos que veinte años, lo cierto es que cuando me miro al espejo, no veo trazas de envejecimiento más allá de alguna arruga o alguna cana más. Además, el contacto con el peque me rejuvenece psíquicamente, de tal modo que no aprecio los achaques que considero propios de un viejo.

Por otra parte, no miro a los padres jóvenes que se reúnen con sus criaturas en los parques y espacios infantiles como mis iguales, pero sí busco entre mis coetáneos las huellas del envejecimiento. La pinta que tienen y que ven mis ojos, me indica que están envejeciendo muy mal, pues mi aspecto es mucho mejor, o al menos eso me parece. Quizás esa es la cuestión, que el aspecto es cosa que nos parece, pero no es.

En ocasiones he escuchado comentarios de carácter machista acerca de la mujer más joven emparejada con hombre de edad, a la que se le supone algún interés que nada tiene que ver con los sentimientos de amor o felicidad. Y viceversa, también cuando la mujer es de edad y el hombre es mucho más joven. De este modo, los prejuicios que se instalan en nuestra conciencia tienen mucho que ver con la apariencia, con el aspecto de las relaciones entre personas y, sin embargo, somos incapaces de apreciar la realidad que nos representa la mirada al espejo, porque este nos devuelve la figura y el semblante real que nos acompaña en nuestro deambular por la vida. Somos incapaces de aguantar el reflejo que nos devuelve esa mirada al espejo, y preferimos atenernos a la apariencia que los demás tengan a bien asumir como real y verosímil.

SEXO, MENTIRAS Y JUBILACIONES

Hoy día mantenemos una variopinta actividad sexual regida por los principios éticos de la libertad y la igualdad y en unas condiciones de vida cercanas al bienestar. Desde muy jóvenes la atracción por el sexo es una constante sin la intervención del principio de la moral patriarcal que unía el deseo y el acto a la finalidad de la reproducción. La libertad da lugar a la diversidad de formas de relación sexual no impuesta lo cual permite otras formas de convivencia que no son escuetamente las del matrimonio, y aun éstas, admiten la existencia de relaciones entre personas del mismo sexo, o el matrimonio sin hijos. No obstante esta libertad y el aumento de la tolerancia, los matrimonios siguen disminuyendo, se formalizan a edades cada vez más tardías y, en uno de cada cuatro, uno de los contrayentes es extranjero. Por otra parte, si los matrimonios descienden las rupturas siguen en aumento mientras el indicador coyuntural de fecundidad que mide el número de hijos por mujer fértil se mantiene muy por debajo de la tasa de reposición generacional. Las mujeres que acceden a la maternidad lo hacen a edades cada vez más avanzadas, teniendo en cuenta el dilatado período de formación y su tardía incorporación al mercado laboral, todo lo cual les impide adoptar decisiones de esa naturaleza antes de los treinta años. Las relaciones autoritarias de la familia patriarcal han dado lugar a unas relaciones familiares más plurales y solidarias, que se insertan en la red amplia de parentesco más allá del lugar de residencia. Son redes de relación y afectos que amortiguan entre sus integrantes las carencias de provisión pública.

Y entramos en el meollo de las mentiras sobre las que se ha construido el proceso de reformas, actualmente en la fase de revisión de la edad de jubilación. Expertos demógrafos y economistas, generosamente remunerados por entidades empresariales y financieras, sirven como plataforma teórica sobre la que se fundamenta el desmontaje del austero y poco desarrollado Estado del Bienestar español. Así, el principio de las mentiras asume que el actual sistema de pensiones será inviable en veinte años, teniendo en cuenta el índice de envejecimiento, el aumento de la esperanza de vida, el descenso de las tasas de natalidad y la estabilización de los flujos migratorios; es decir, teniendo en cuenta la fotografía demográfica actual y señalando estos indicadores como la causa que justifica el desmantelamiento del sistema de pensiones.

Cuando una mentira se repite muchas veces y desde supuestamente distintos expertos, termina por tomarse como una certidumbre y, sin embargo, desde que estudiaba demografía hasta hoy (y de eso hace muchos años), todas las proyecciones demográficas se han equivocado, y no porque los demógrafos no contarán con rigurosos y metódicos instrumentos de medida, sino porque se trataba de algo tan sujeto a variaciones como es el comportamiento humano, el comportamiento social. Entonces, ¿podemos tomar en serio un estudio, o a un experto, que señala la mayor conquista social, como es el aumento de la esperanza de vida, como un problema? ¿Podemos tomar en serio a quien identifica el aumento de años de vida libres de trabajo para dedicarlos al ocio, a la familia, a los amigos o a la comunidad, como un problema social? ¿Podemos creernos de verdad que vivir más años libres de enfermedad es un logro que hay que malograr, trabajando más hasta lograr enfermar? Yo creo que no, que todo ello es un conjunto de mentiras que cumplen el objetivo de no dejarnos pensar, de acallar a quienes exigimos que la jubilación sea discrecional, desde los 50 hasta los 70 años de acuerdo a las profesiones y a los deseos de los trabajadores, porque no puede ser lo mismo arrastrar un cuerpo exánime que disfrutar de un cuerpo sano; porque no es lo mismo ocupar el tiempo de ocio en negocio, ni el tiempo libre para nuestro propio enriquecimiento en tiempo ocupado para el enriquecimiento de otros.

Resulta cuando menos contradictorio que el sistema de pensiones más saneado y equilibrado de la Unión Europea, con un fondo de reserva (eso que llaman la hucha de los jubilados), superior a los 64.000 millones de euros, se mantenga a costa de congelar este año las pensiones. Y aún más contradictorio es que se nos quiera hacer creer que es para mantener el sistema de pensiones en el futuro, cuando según expertos y estudiosos hará crack el sistema. Pero, ¿qué es eso de hacer crack el sistema de pensiones? ¿Se trata de evitar que sea deficitario?, es decir, que las aportaciones de los trabajadores actuales a ese fondo solidario para con los jubilados sea inferior al gasto de los mismos. Pero, ¿acaso no hay instituciones estatales que viven en el déficit y no por ello hacen crack como vaticinan estos expertos en el engaño y la mentira? Citaré sólo por encima al Sistema Nacional de Salud y el Sistema Educativo Público, ambos deficitarios, y a los que ya les han hincado el diente privatizador, incluso esperando aumentar la tajada en cuanto puedan. Pero sobre lo que quiero incidir, es que nadie exige reformas en el sentido de que consigan superávit económico de más de dos mil millones de euros, como así ha ocurrido en 2010 con las cuentas de la Seguridad Social, y pese a la crisis.

Y qué me dicen de la institución llamada Ejército cuyo mantenimiento cuesta un millón de euros diarios al contribuyente español. ¿No habría que hacerle una reforma en profundidad para que no sea tan deficitario? Por ejemplo, eliminándolo de la vida pública española y dejándolo en el Museo, porque allí rentaría algo a los españoles. Y ¿qué me dicen de la institución eclesiástica?, ese monopolio de los valores, la verdad y la ética, que se siente por encima de la Constitución. En fin, no hablemos más de instituciones deficitarias  y dejen libre el camino para la jubilación voluntaria a partir de los 50 años, mejoren el sistema de pensiones haciéndolo más equitativo, aumentando las contribuciones a la Seguridad Social. Sobre todo piensen en el futuro de la sociedad española apoyando ese futuro mediante el aumento del porcentaje del PIB destinado a las familias (ayudas al nacimiento, mensualidades por hijo, permisos laborales, flexibilidad de horarios, actualización y universalización de las ayudas, etc.). No se dejen engañar por las mentiras repetidas y gocen del éxito de una jubilación con más años y salud, donde el sexo sigue siendo una fuente de bienestar.

EL BURKA Y LA IDENTIDAD PERDIDA

Este artículo se publicó en Rioja2.com el diez de febrero de 2010. Sobre la Grandeur y monsieur Sarkozy y totalmente de acuerdo con Sami Naïr:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Burka/elpepiint/20100227elpepiint_9/Tes

Hace unos días, el primer ministro francés, François Fillon, mostraba una serie de medidas patrióticas con el fin de reforzar la identidad gala. Una identidad perdida, según el gobierno francés, ante la llegada de extranjeros que no han hecho suyos los símbolos y valores de la República, y que la atacan y socavan con sus manifestaciones antipatriotas, como se considera a las pitadas y silbadas de la Marsellesa cada vez que la selección nacional de fútbol juega contra un equipo magrebí, pese a que entre sus filas cuente o haya contado con jugadores de la talla de Zidane, verdadero icono de la juventud francesa de origen argelino.

Hace unos meses, el presidente Sarkozy estimuló un debate acerca de prohibir el uso de la vestimenta femenina, como el burka o el niqab, que es una prenda que sólo deja descubiertos los ojos, entre las integrantes de corrientes religiosas islamistas fundamentalistas, al advertir que el burka “no es bienvenido en Francia”. Sarkozy aprovechaba una decisión antecedente del Ministerio de Inmigración  e Identidad Nacional, de denegar la nacionalidad a un hombre que obligaba a su mujer francesa a vestir el burka. Ya en 2008, también se había denegado la nacionalidad francesa a una mujer marroquí, de la corriente salafista, que vestía con el velo integral.

Los parlamentarios de la mayoritaria UMP, consideraron que este tipo de manifestaciones públicas (vestidos y silbidos), deberían ser prohibidos en el espacio público, pues van contra  las señas de identidad francesa. Pero si bien la vestimenta es fácil de reglamentar su uso, más difícil lo tienen contra la voluntad libre de expresarse mediante silbidos, pitos y cuchufletas. De ahí que mediante el ardid del ministro de Inmigración e Identidad Nacional, al crear una página web para que los franceses se expresaran acerca de lo que entendían por identitario, y tras diferentes sondeos de opinión pública en los que más de la mitad de los encuestados se manifestaron en contra del uso del burka, el gobierno se sintiera respaldado para sacar una lista provisional de medidas en defensa de la identidad nacional.

Son medidas provisionales, pero que denotan el verdadero objetivo que enmascaran, que no es otro que la lucha contra el establecimiento de una sociedad multicultural y la imposición de una cultura homogénea, bajo el paraguas de la República. ¿O es que no resulta ridículo que una identidad tan poderosa como la francesa, que ha sometido bajo su bandera, su himno –la Marsellesa- y los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, a numerosos pueblos y naciones, pueda sentirse ahora amenazada por algo menos de dos mil mujeres musulmanas que utilizaban como vestimenta el burka?

Como en los aeropuertos, podría restringirse el uso de ciertas prendas si estas atentan contra la seguridad, o bien si se trata de prevenir la violencia o la delincuencia; pero nunca como un medio de limitar la libertad de las personas con el justificante de que van contra los valores culturales de la identidad. Por que los valores culturales son subjetivos y pertenecen a los ciudadanos y a los grupos de ciudadanos que los comparten, pero nunca al Estado, ni a su supuesta y falsa identidad colectiva. Ni siquiera es atribuible esta restricción a la supuesta defensa de las mujeres, pues para muchas mujeres musulmanas la vestimenta que las cubre parcial o totalmente es un signo de identidad y no un signo de sumisión. ¿Qué restricción podría imponerse a las mujeres que muestran y no cubren su cuerpo, parcial o totalmente? ¿Habría que obligarlas a cubrirse para no demostrar sumisión a los intereses libidinosos de los hombres? Resulta ridículo, casi tan ridículo como cuando se impuso la moda entre los adolescentes de mostrar su ropa interior, un modo más de construir su identidad, y algunos centros escolares impusieron sanciones por esta forma de vestir. Al final se impuso la voluntad individual de los jóvenes, y las normas acerca de lo que se entendía por corrección en el vestir se guardaron en el cajón demodé.

La identidad no puede forjarse restringiendo las libertades individuales, o los referentes que la soportan si estos son múltiples y variables. En suma, no se deben enfrentar las personas y las comunidades a las que se adscriben, por muy profundas que sean las diferencias étnicas, religiosas, de lengua, vestido o alimentación, etc. Hay que construir esa identidad mediante políticas inclusivas, que reconozcan a todos los mismos derechos, entre otros el de vivir y relacionarse en una sociedad que asuma los cambios culturales y la pluralidad de sus manifestaciones. Lo demás es practicar la búsqueda del santo grial, perdón, la búsqueda de la identidad perdida.

HACER POLITICA EN AUSENCIA DE POLITICOS

Este artículo se publicó en Rioja2.com el catorce de enero de 2010. Comento los resultados de encuesta que perfilan a los profesionales de la política como uno de los principales problemas de los españoles.

La clase política preocupada y ocupada por intereses electorales, ajenos como están de las demandas y necesidades ciudadanas, embarcados en la bronca y mediatizados por la política clientelar, ignoran la vida ciudadana si no se ven forzados a reconocerla por la huella mediática que les refleja algo de lo que sucede más allá de los despachos. Así lo indican los dos últimos barómetros (diciembre y noviembre) elaborados por el CIS, donde la clase política y los partidos políticos aparecen como el tercer principal problema de los españoles, por detrás del paro y la economía y por delante, nada menos, que del terrorismo, la inmigración, la educación o la vivienda.

Cuando la clase política y los partidos políticos viven ajenos a la ciudadanía esta no sólo muestra su desafecto hacia ellos, sino que aumenta el número de ciudadanos que hacen la política a su alcance; es decir, una política de proximidad, una política bajo, con, de, desde, hacia, hasta, para, por, según, sobre, tras la cosa pública. La ciudadanía comprometida con la sociedad no ha dejado de hacer política nunca, y a ella se van sumando cada vez más grupos, asociaciones, organizaciones y movimientos ciudadanos de toda índole, participando en la vida ciudadana de modo reivindicativo y transformador.

Los grupos de edad más jóvenes, mientras las encuestas ofrecen un panorama desolador hacia la participación en la contienda entre partidos políticos a través de su participación en las citas electorales (pasan de votar), la realidad nos los muestra como uno de los grupos ciudadanos más activos en la transformación y el cambio social. Desde la reivindicación de otro mundo es posible, hasta sus acciones a favor de la educación pública, el laicismo y el respeto hacia los demás; promoviendo relaciones de igualdad entre los sexos, integrando a los excluidos y a los sin papeles en su actividad, luchando contra la especulación inmobiliaria mediante la ocupación; promoviendo la autogestión y la participación y favoreciendo la democracia participativa, han demostrado ampliamente que no son ajenos a la actividad política.

Otros grupos de edad, invisibilizados a causa de políticas asistencialistas de corte electoral; es decir, los mayores de cincuenta y cinco años, también son ciudadanos comprometidos con la conservación y la sostenibilidad de una sociedad justa y solidaria y para ello se inscriben en asociaciones, organizaciones y movimientos sociales de corte solidario en apoyo de los más débiles, los enfermos o los excluidos, entregando buena parte de su tiempo ocioso a estas labores. Sin su concurso, sin su actividad productiva y no remunerada, nuestras ciudades dispondrían de auténticos vertederos humanos. Y sin su concurso tampoco sería posible el sostenimiento del Estado del Bienestar, en un momento en que se insiste tanto en que las míseras pensiones son insostenibles en un sistema de capitalismo avanzado. Ellos (principalmente las mujeres) más que ningún otro grupo colaboran en el sistema de servicios sociales cuando el Estado no llega a cubrir la demanda básica.

Y qué ocurre en el huerto riojano, pues más de lo mismo; es decir, prácticamente nadie cree que los representantes públicos sean muy honestos con la ciudadanía y sólo uno de cada cuatro, un  24%, los considera bastante honestos. Por el contrario, la gran mayoría de los riojanos (70,8%) califica a los dirigentes políticos de poco o nada honestos según los datos del último barómetro de opinión elaborado por la consultora Riocenter. La última muestra de desafecto político hacia los ciudadanos ha sido la bronca organizada por los kikos neocatecumenales y las cucas camorras en torno a un calendario municipal. Como no disponen de cultura política, ni saben desarrollar una actividad política con el apoyo y la participación ciudadana, deciden aprovechar el turbio manejo de los medios afines (no haré publicidad de Intereconomía, COPE o Vocento), para enturbiar aún más su paso o paseillo por la política.

Es inevitable, no se les puede pedir coraje a quienes odian la convivencia democrática.