Nuestras cortas, siempre cortas vacaciones, las hemos disfrutado, bien en un pueblo donde tenemos casa o familia para acogernos, o bien en cualquier lugar del país o del mundo al que viajamos como buenos turistas deseosos de conocer aquello que agencias, publicidad o amigos experimentados, nos dejaron entrever con fotos o relatos, azuzando de paso nuestra imaginación.
Y sí, hemos disfrutado poco o mucho, pero ha llegado el momento del retorno. Las obligaciones de la vida cotidiana llaman de nuevo a la puerta y tenemos que responder con renovado espíritu, con los sentidos cargados y la fuerza de los cuerpos descansados. Y retornamos. Lo primero es deshacer las maletas y prepararnos para el inevitable encuentro con la ciudad y sus gentes. A continuación, saludamos al vecindario y también a todos aquellos conocidos con quienes nos topamos en la calle y se encuentran dispuestos a escuchar nuestras aventuras veraniegas y, en su caso, viajeras. Se trata de dar más incentivos a nuestras experiencias turísticas mediante el asentimiento amable de nuestro interlocutor que, por lo general, se muestra amabilísimo y comprensivo.
Sin embargo, hay algo en este retorno que no encontramos satisfactorio, a pesar de que la ciudad sigue con sus calles de aceras mínimas y gigantescos parkings al aire libre, con sus avenidas sin grandes árboles, sin bancos y fuentes suficientes, y con el acostumbrado tráfico ininterrumpido. Pero no es la misma que habíamos abandonado al comienzo de las vacaciones, o al menos sentimos que hay algo distinto que hace de nosotros unos turistas en su propia ciudad.
Aunque no sabemos qué es, lo cierto es que la ciudad se ha preparado, organizado y expuesto, no para sus vecinos, si no para los forasteros y turistas que nos visitan. Se han creado y han aparecido por doquier, comercios y negocios para alojar, alimentar y calmar la sed de estos turistas diversos. La hostelería se ha apropiado de la la urbe provinciana que conoció Bardem en su Calle Mayor y, poco a poco han ido desapareciendo los comercios tradicionales en beneficio de las tiendas de souvenirs. Esta es la razón del porqué seguimos siendo turistas en nuestra ciudad, tras el veraneo turístico en otros lugares.









