FILANDIA la hija del Ande

Esta mañana he observado con espanto que el último paquete del mejor café colombiano está dando sus últimas boqueadas, y he recordado que lo conseguí tras interrogar a muchos paisas de Pereira, La Tebaida o Armenia, por el nombre del pueblo más afamado en el eje cultural cafetero: Filandia

Filandia es un municipio colombiano situado al norte del Departamento del Quindío, de algo más de 13.000 habitantes que, antes de su fundación, estuvo habitado por una parte de la tribu indígena de los Quimbayas. Cuando llegamos al lugar sorprende el paisaje verde de colinas donde conviven las explotaciones ganaderas con el cultivo cafetero.

También sorprende la arquitectura colonialista, con casas de dos pisos construidas con paredes de Bahareque y materiales vegetales como la Guadua (una especie de bambú de grandes dimensiones que lo mismo se utiliza en construcción, que como quitamiedos o para vallado de fincas), el Arboloco y maderas finas (nogal, cedro, etc.), con múltiples puertas y ventanas y fachadas de vivos colores perfectamente combinados.

Las calles parecen salir de un escenario donde el tiempo se ha detenido, sólo roto por los miradores situados estratégicamente para contemplar el horizonte verde, y donde destaca uno de siete pisos de madera y 27 metros de altura (la colina iluminada del Quindío), que ofrece visibilidad a decenas de municipios, no sólo del Quindío, sino del de Caldas, Risaralda y valle del Cauca.

Sus calles coloridas albergan multitud de artesanos, destacando la cestería por el pasado del canasto recolector de café, pero donde abundan, por supuesto sus cafés. Antes de recorrerlos, he aprovechado para comer la tradicional bandeja paisa en un local de la plaza Bolívar, lugar céntrico de reunión donde se encontraban aparcados los tradicionales Jeeps Willys, quizás porque la temporada recolectora (de octubre a noviembre) ya había pasado. La bandeja paisa se compone de frijoles (como el caparrón de Anguiano), carne molida, tocino, chorizo, arroz, un huevo frito, plátano macho, arepas de maíz y un trozo de aguacate. En resumen, un plato muy fuerte apropiado para los trabajadores de los cafetales, cuando recolectan a diario y por largas jornadas los granos de café, a mano, uno por uno, una vez que están rojos y maduros. Es un trabajo muy pesado (puedo atestiguarlo por los quince minutos que probé), si tenemos en cuenta que ellos trabajan de seis de la mañana a cinco de la tarde, seis días a la semana, ganando muy poco y en función de lo que se recolecte.

Tras la comida busqué quien me ofreciera el mejor café tinto de Filandia. Llaman tinto a un café ligero y corto que puede endulzarse con panela y que permite beber varias tazas (según me contaron, más de cinco es adicción); pero mi dosis cafetera había llegado a su fin y tan sólo lo degusté a instancias del vendedor, poco antes de hacerme con varios paquetes del café llamado La Gaviota (nombre de la protagonista de una famosa telenovela “Café con aroma de mujer” y que se rodó en Filandia). La telenovela, de gran éxito en Colombia, es la historia de un amor entre una recolectora de café a la que apodan Gaviota y Sebastián Vallejo, perteneciente a una distinguida familia cafetera que obviamente no acepta sus amores. Gaviota, que siempre había cuidado de entregarse a un hombre, soñando con encontrarse alguna vez con un príncipe azul, ve en Sebastián a ese príncipe, y se le entrega. Por medio, otros personajes que intrigan para impedir este amor. Vamos, como la Lucecita preconstitucional en la radio nacional.

 

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CALARCÁ

Dentro del eje cafetero, en el departamento de El Quindío se vive la cultura del café y sus paisajes exuberantes tanto como la amabilidad de sus gentes, pese a las grandes desigualdades que se aprecian en la capital, Armenia, a poco más de veinte kilómetros donde me encontraba alojado, en dirección a Cali. Ya en carretera los puestos de frutas son una tentación difícil de soslayar, y un zumo más se deja beber.

Presidiendo todo el valle en la Cordillera Central de los Andes, está un volcán inactivo, el Nevado del Quindío, y a cuyas faldas se encuentran algunas de las localidades que visité en esos días. Una de ellas, el municipio de Calarcá, considerado el segundo en importancia, tenía entre sus atractivos el Jardín Botánico y Mariposario del Quindío. El Jardín de unas trece hectáreas es un pequeño paraíso con una alta biodiversidad biológica y ecológica con cientos de especies de plantas nativas y árboles con más de doscientos años, palmas, helechos, orquídeas, etc. Hay un pequeño bosque natural, donde habitan cientos de especies de aves, y dispone de una torre mirador de siete pisos para su avistamiento, además de un puente colgante, un insectario y el jardín de mariposas.

En el interior del jardín, la temperatura es como la de una sauna de vapor, con olores y colores diversos y cierta sensación de embriaguez, pero no quieres salir de esa mágica estancia donde cientos de mariposas vuelan y se posan sobre quienes recorremos sus senderos.

http://www.calarca.net/jardinbotanico.html

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