PARROQUIANOS

Me confieso parroquiano a la vez que cosmopolita, porque no entiendo que quienes disfrutamos de la cercanía y la proximidad de los establecimientos comerciales y de las personas residentes en un entorno determinado, estemos reñidos con sentirnos parte del mundo en su diversidad, conociendo y respetando las culturas de esta sociedad globalizada.

Hemos oído muchas veces la sentencia de que uno, no es de donde nace sino de donde pace, es decir de la parroquia a la que pertenecemos y no de la que procedemos, pese a que indistintamente utilicemos una u otra en nuestras relaciones con los demás, según se muestren nuestros intereses identitarios en cada momento, sin que por ello nos desvinculemos del sentimiento de que el mundo es nuestra patria.

Y el mundo es nuestra patria, no sólo cuando viajamos, sino también cuando nos presentamos asiduamente en los lugares públicos, abiertos y concurridos por personas de la aldea global. Entonces, como en otras ocasiones, seguimos siendo parroquianos, no tanto provincianos o localistas, sino parroquianos en un sentido más universal.

No hay contradicción en esto de mantener costumbres como las de frecuentar las mismas tiendas, bares o establecimientos públicos, que por su cercanía o por tradición visitamos asiduamente, con el sostenimiento de actitudes, valores y respeto hacia las manifestaciones culturales de otras personas, que no frecuentan o utilizan de manera habitual los servicios que nosotros consideramos de nuestra parroquia. Somos parroquianos, pero no formamos parte de grupos aislados, limitados en sus percepciones del mundo, de ideología estrecha y de valores restringidos a una minoría, porque somos parroquianos y comunitarios, pero sin límites en nuestro sentido de pertenencia.

Como acostumbro cualquier día, seguiré comprando en los mismos establecimientos cercanos, próximos, donde me conocen como un habitual, y donde yo reconozco a las personas de esos entornos, a las que saludo o me saludan, pues mi memoria fotográfica va perdiendo pixeles, y algo de esto me ocurrió en cierta ocasión, en la que viendo la sonrisa de la mujer que se acercaba le sonreí igualmente, y para celebrar el encuentro nos besamos con familiaridad, al tiempo que descubrimos que no nos conocíamos de nada.

POLARIZACIÓN POLÍTICA

Desde hace tiempo observamos como la polarización política está envenenando la convivencia ciudadana. Cierta gente rechaza a sus oponentes políticos porque ven las cosas de manera diferente a la suya. Por su parte, los medios de comunicación (prensa, radio y tv) amplifican esta polarización, cuando no son ellos mismos quienes toman posiciones encontradas frente a los que no pertenecen a su mismo grupo empresarial o editorial. Y toda esta polarización política se expande hasta la náusea en las redes sociales, donde se imposibilita definitivamente el diálogo o la reflexión.

Pero lo cierto, es que la mayoría de los ciudadanos se encuentran de vuelta de estos intereses creados por los grupos políticos, viéndose más bien interpelados por sus circunstancias personales, bien sean estos de carácter familiar, laboral, sanitario o económico, las cuales son prioritarias en sus configuraciones vitales, y por extensión, comunitarias.

Se espera de los políticos que dialoguen, negocien, y en esto de la negociación, sabemos por experiencia que ambas partes deben ceder algo en sus pretensiones con el fin de consensuar y llegar a acuerdos. Sin embargo, y a pesar de que, en estos meses previos a las elecciones, los candidatos políticos se presentarán en un contexto político de crispación y enfrentamiento, como los defensores del consenso y la convivencia, la realidad de modo impertérrito se manifiesta exhibiendo acuerdos imposibles.

Precisamente del análisis de esta realidad deberíamos deducir que estamos ante políticos inútiles, pues si tras cuatro años han sido incapaces de llegar a ningún acuerdo, una respuesta adecuada debería ser su sustitución por políticos más capaces.

Se podría establecer un libro de balances donde el en el Debe se anotarían todos los desacuerdos y su importancia para la convivencia en sociedad, mientras que en el Haber se anotarían todos los acuerdos conseguidos y su valoración social. Si observamos que en su conjunto suma más el Haber que el Debe, el candidato tendría derecho a seguir en la política, pero si fuera lo contrario, que el Debe es superior al Haber, debería abandonar la política y ser sustituido por personas y candidatos más capacitados para lograr acuerdos que mejoren la vida en sociedad.