OJO POR OJO

Imaginemos por un momento que aquellos que entienden que otro mundo es posible, hartos de la inoperancia de los organismos multinacionales, deciden actuar por su cuenta contra la política del estado de Israel asentada en la fuerza de las armas y la violencia contra el pueblo palestino, y específicamente en el boicot y cierre de la franja de Gaza donde se aprisiona a la población civil y no se permite la llegada de la ayuda internacional.

Si bien el estado de Israel ha encontrado en la conculcación de los derechos humanos y del derecho internacional su legitimidad (dada la normalidad con que es acogida esta política por los países y organismos internacionales que avalan su política de expansión y colonización), también buena parte de las organizaciones, asociaciones y grupos que conforman la sociedad civil europea deciden poner freno a estas políticas mediante el ejercicio de la ley mosaica del Talión, cuya expresión más famosa porque expresa la proporcionalidad entre el daño producido y el castigo recibido, es la de “ojo por ojo y diente por diente”, pero no en el plano militar que tanto gusta a la sociedad israelí (no se trata de ocupar territorios israelíes, encerrar tras un muro de hormigón a su población y con frecuencia bombardear y destruir sus infraestructuras, sus servicios, su economía y sus vidas), sino en el plano simbólico y pacífico del boicot.

El objetivo sería hacer reflexionar a la sociedad civil con gestos simbólicos hasta que esta obligara a sus gobiernos a cambiar de política. Los antecedentes hay que buscarlos en el boicot realizado contra el apartheid sudafricano que si bien fue iniciado por personas y grupos independientes al final se convirtió en un boicot total que obligó a Sudáfrica a cambiar de política (el resto, desde Mandela hasta el Mundial de Futbol de estos días ya lo conocemos). Uno de estos actos simbólicos lo hemos observado en la exclusión de la carroza de Tel Aviv del desfile que el día internacional del Orgullo LGTB (lesbiana, gay, bisexual y trans), se celebrará en Madrid el 3 de julio, a causa del asalto del ejército israelí a la flotilla solidaria que intentó llevar a Gaza ayuda humanitaria y que acabó con la vida de nueve de sus integrantes así como con numerosos heridos. No lo han entendido así ni la organización gay israelí ni la derecha española que sacaron a relucir como crítica a esta decisión de boicot, la homofobia en países musulmanes.

La semana pasada, cientos de estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid impidieron el Encuentro de energías renovables y cleantech hispano-israelí, donde el embajador de Israel Raphael Schutz tenía la intención de establecer relaciones comerciales-empresariales entre ambos países. Este lunes leíamos en la prensa que integrantes del movimiento “Rompamos el silencio” habían boicoteado las jornadas de la red Innova en un hotel de Madrid por la participación de la Cámara de Comercio España-Israel y la Casa Sefarad-Israel.

Seguidores de la competición europea de baloncesto se preparan para boicotear al Maccavi de Tel Aviv del mismo modo que ocurre en otras competiciones deportivas europeas donde la presencia de un equipo israelí está presente. En esta línea, algunos organizadores y promotores de eventos musicales, cinematográficos, televisivos, literarios, artísticos y culturales están pensando en excluir a los judíos salvo que den muestras de repudio hacia la política militar de ocupación de los territorios palestinos como ocurre en el caso del maestro Daniel Barenboim, el primer ciudadano del mundo con ciudadanía israelí y palestina.

Todos esos gestos simbólicos han llevado a una mayor concienciación de la sociedad europea y aunque en la israelí algo se ha empezado a mover, todavía triunfa la idea de pueblo perseguido por cristianos, musulmanes, gentiles y paganos. Por esto hacía falta una vuelta de tuerca más y esta ha llegado de aquello que sustenta y da alas al sionismo: el dinero. Primero de forma tímida se dejaron de comprar algunos productos Carmel de importación israelí (como mangos y melones), pero luego con fuerza se ha destacado desde el 2002 la campaña del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe (http://www.nodo50.org/csca) para la identificación y boicot a los productos y empresas israelíes en el Estado español y empresas españolas que comercian en Israel, dando lugar a que amplios sectores de la sociedad israelí perciban que la ocupación de Palestina y el boicot a la franja de Gaza no es ignorada ni vista con indiferencia por la sociedad civil española, y que no serán tratados con normalidad mientras esta perdure. A nivel europeo se ha comenzado a discriminar aquellos productos en los que bajo su código de barras aparece el número setecientos veintinueve (729) que indica que este artículo ha pasado por Israel en algún momento del proceso de producción o distribución; y todo parece indicar que, como señala la ley del Talión del ojo por ojo, la sociedad israelí no quiere vivir en la ceguera.

VIGILAR Y CASTIGAR MENORES

Hace pocos días tuvo lugar una pequeña manifestación en el pueblo de Seseña (Toledo), en protesta por la muerte de la adolescente de trece años Cristina Martín a manos de otro adolescente de su edad, y en la que se quejaban de la supuesta impunidad que tienen los delitos cometidos por menores.

Fue una manifestación de protesta que ya se ha repetido puntualmente en casos parecidos como los de Sandra Palo, Marta del Castillo o Mari Luz Cortés, y siempre enarbolando la petición de modificar la ley del menor con el objetivo de que se rebaje la edad penal de los menores y adolescentes, o bien que cumplan condenas de cárcel una vez adquieran la mayoría de edad a los dieciocho años. Incluso hay quienes han solicitado la aplicación de la ley de medidas de reforma para el cumplimiento integro y efectivo de las penas, para que los delitos de los menores sean considerados a la misma altura que los terroristas o el crimen organizado. Y en la línea del ingenioso y sarcástico Federico Trillo, los hay que demandan la cadena perpetua condicionada, todo un homenaje al disparate nacional arropado por la imaginación de un legislador inquisidor.

A pesar de que la Ley reguladora de la responsabilidad penal de los menores, desde que se publicara en enero de 2000 ha sufrido hasta cinco modificaciones, casi a una por cada ocasión de alarma social (más bien alarma mediática y partidaria), la petición de endurecimiento de las penas se ha mantenido constante frente a la demanda de medidas de carácter preventivo o protector. Tal parece que los menores y adolescentes del siglo XXI se han convertido en una amenaza para el orden social de los adultos, como ya ocurriera en los siglos más oscuros de la historia social en los que la consideración acerca de los niños como seres angelicales e inocentes se transformó en la apreciación de ángeles oscuros o demonios, capaces de las mayores crueldades. Sobre esta base de que los niños no son tan inocentes  se encuentra la justificación de los doce años como edad suficiente para considerar sus acciones, como iguales a las de un adulto al que castigar por sus faltas y delitos con penas de cárcel y encierro en recintos adecuados.

Lo curioso y desalentador de esta forma de entender leyes y normas punitivas, virtud de una mentalidad de siglos anteriores, es que se pretendan aplicar sobre niños del siglo XXI. Una realidad de adultos aplicada a una realidad de niños y adolescentes, en la que mientras unos juegan con el espacio físico, la economía y el futuro de la tierra, los otros juegan a la Play, el móvil o Internet. Realidades enfrentadas y hasta contradictorias, pues mientras unos se sienten creadores, otros proyectan su creación; unos son adultos conscientes y definidos y otros son menores con imaginación y sin identidad o, en todo caso, con una identidad en construcción donde los modelos ya no son sólo los adultos (padres, familia, escuela, religión), sino los que imaginan que son como adultos, sus colegas de Tuenti o de cualquier otra red social.

Curiosamente las dos niñas implicadas en el caso de Seseña chateaban en Tuenti pese a que eran menores de catorce años; es decir, se habían inventado y construido una identidad falsa con la que se integraron en la red. En la red, las niñas, niños y adolescentes reinventan su identidad de forma gratuita sin el concurso de los adultos, que sólo consiguen hacerse visibles y ocupar un lugar en el mundo mediante la compra del mismo. Tanto en la red Tuenti como en Facebook, se han creado grupos que propugnan justicia en sus muros, destacando con textos, fotos y videos el carácter angelical de la víctima y el carácter demoniaco de la agresora, azuzándose los miembros de dichos grupos en petición de venganza con toda clase de historias, improperios y solidaridad con las familias de las víctimas. Incluso cobra fuerza en estos grupos la sospecha de que fue la invitación de amistad en la red a un chico, lo que pudo originar la disputa entre estas niñas que trágicamente acabó con la muerte de una de ellas.

Mas dejando de lado la configuración, construcción y modelación del niño que, desde luego, no ha sido uniforme ni continua a lo largo de la historia, nos encontramos con la existencia de establecimientos donde se encierra a los niños, niñas y adolescentes con un afán punitivo que repugna a la conciencia de los adultos sensibles a los derechos fundamentales de los mismos. Los centros de reforma, de protección de menores y de acogida a menores inmigrantes no acompañados, se han convertido poco a poco en establecimientos carcelarios de los que, incluso el Defensor del Pueblo, llegó a denunciar cuanto habían expuesto públicamente en numerosas ocasiones las asociaciones, ONGs y organizaciones de apoyo a la infancia y la juventud, a propósito de las innumerables irregularidades (producidas principalmente en establecimientos con gestión privada), como la excesiva rigurosidad en los métodos de contención, incluyendo el uso de violencia física; el uso abusivo e indiscriminado de medicación, la intimidación psicológica, el aislamiento en celdas, etc.

Pese a que el debate social ha mostrado su oposición a que estos establecimientos se encuentren gestionados por entidades privadas, en el huerto riojano se riega contracorriente y la consejera para la privatización de los servicios sociales acomete sin apenas despeinarse la tarea encomendada. Resulta cuando menos irónico que fuera la diputada del PSOE Inmaculada Ortega, actualmente expulsada del hemiciclo por su carácter desafiante al PP (más o menos como si expulsaran de La Rioja a unos cuantos miles de riojanos por defender puntos de vista contrarios), quien el pasado mes de marzo presentara una proposición no de ley sobre la privatización de la Residencia Iregua y recibiera como respuesta, que el propósito de las críticas a las entidades privadas Diagrama y O´Belen interesadas en su gestión están orquestadas por los sindicatos.

Vamos, que la falta de eficiencia de la gestión privada que puede llevar a gastos superiores al millón de euros al año, que el despido de trabajadores en activo con formación y experiencia suficiente, y que la pérdida de los objetivos de protección a menores aplicando criterios educativos de reinserción, no son mas que insidias sindicales; por que lo relevante es la política de externalización de los servicios públicos mediante su privatización. El dinero debe fluir del conjunto de todos los bolsillos riojanos a la caja fuerte de unos pocos empresarios y, para conseguir apoyos, nada mejor que excitar los instintos de venganza y castigo. Parafraseando el libro de Michel Foucault, se trata de vigilar y castigar menores.

A VUELTAS CON GARZÓN

Esto lo escribí el dieciocho de marzo de 2010

En los últimos meses nos hemos habituado a las noticias que señalan al juez Baltasar Garzón, no como el  juez de la Audiencia Nacional que a lo largo de veinte años se ha dedicado a someter a la justicia los crímenes de Pinochet, el terrorismo de ETA y el fundamentalismo islámico, el narcotráfico, la delincuencia económica, las mafias organizadas, la corrupción política y los crímenes de Estado; sino como el juez sometido a una campaña política y judicial sin precedentes, dirigida a deshacerse de él y evitar que continúe con su actividad. Precisamente en estos momentos, el Tribunal Supremo está considerando el procesamiento y la suspensión del Juez Baltasar Garzón.

El Tribunal Supremo ha admitido hasta tres querellas en su contra. La primera querella por un posible delito de prevaricación, fue admitida a trámite en mayo de 2009 por acusación del sindicato ultraderechista Manos Limpias, a propósito de la investigación abierta por Garzón para averiguar posibles delitos cometidos por el franquismo y durante la guerra civil, y está relacionada con la exhumación de decenas de miles de víctimas de la represión franquista. En esta querella, a Garzón se le acusa de incumplir la Ley de Amnistía de diciembre 1977, que hizo posible la elaboración de la Constitución de 1978 y su aprobación en Referéndum. Sin embargo, numerosos juristas sostienen que el derecho internacional es claro al respecto, y que ni los crímenes contra la humanidad ni los presuntos autores de tales delitos pueden ampararse en leyes de amnistía nacionales, pese a que estas leyes han podido servir en su momento para alcanzar una situación de paz social o de transición, como ocurrió en nuestro país con el paso de la dictadura a la democracia.

Una segunda querella por prevaricación (según el orden temporal de admisión por el Supremo) se formuló a propósito de unos cursos académicos organizados en Nueva York con financiación parcial del banco Santander. Las declaraciones de las entidades han dejado fuera de toda sospecha al juez por lo que es de esperar que esta querella no prospere.

Finalmente, el Supremo ha admitido en pocos meses la tercera querella por prevaricación contra Garzón, esta vez a causa del procedimiento por el que ordenó las escuchas en la cárcel de las conversaciones mantenidas entre los letrados del caso Gürtel y sus clientes imputados, y en la que se ha personado el mismísimo presunto cerebro de la trama Gürtel, Francisco Correa. Tiene narices que una de las mayores tramas de corrupción política de nuestra historia sea capaz de librarse de la justicia porque el juez que instruye su causa, puede ser encausado a su vez por los mismos delincuentes que pretendía juzgar.

A este paso todos los mafiosos del mundo, los criminales, los narcotraficantes, dictadores y asesinos buscarán refugio en España, sabedores de que si son detenidos y es Garzón quien instruye, podrán contar con el respaldo y el apoyo de jueces y políticos o, mejor dicho, jueces politizados y políticos amigos de la judicialización de la política, que desbaratarán las acciones de Garzón hasta dejarlos libres y con honores.

Los políticos que no hacen política, ajenos al sentir de la ciudadanía y cada vez más lejos de la realidad ciudadana son considerados uno de los principales problemas que tenemos en España. La próxima encuesta del CIS es posible que mejore la posición de los políticos pero será a costa de la creciente crítica a la Justicia y del descrédito del poder judicial, por su clara politización, por su inmersión en la ciénaga en el que se amalgaman intereses personales, envidias corporativas y fidelización partidaria, que dejará muy lejos el Espíritu de Montesquieu y el dogma del constitucionalismo liberal acerca de la separación de poderes.

KAMIKAZE

Escribí este artículo el uno de marzo de 2010.

No se cómo nos acostumbramos a las noticias más terribles. Es como si nos hubieran inoculado una droga que nos vuelven insensibles al sufrimiento y al dolor. Digo esto a propósito de lo ocurrido la semana pasada en Kabul, cuando unos supuestos talibanes embutidos en un cinturón de explosivos, se hicieron estallar en un atentado kamikaze entre un sinnúmero de inocentes a fin de lograr un cuantioso daño en forma de muertos, heridos y mutilados.

Sabemos que no es la primera vez, y que Afganistán no es el único país en el que sucede, pero esto no es óbice para que no me interrogue acerca de los motivos, la razón o los sentimientos y la humanidad de quien renuncia a la misma, a su vida y a la de sus semejantes. Y para responder a esta cuestión no me valen las etiquetas de talibanes, brigadas de al-Aqsa, Yihad Islámica o Al Qaeda. Ni tampoco me vale oponer buenos y malos, judíos y musulmanes, cristianos e islamistas. Las preguntas que me valen son parecidas a las que se hace el protagonista de “El Atentado” (Yasmina Khadra, seudónimo femenino de Mohamed Moulessehoul. Alianza, 2008), cuando no da crédito a que su mujer bella, feliz, colmada en todos sus deseos, ha sido capaz de hacerse volar entre un montón de escolares. ¿Cómo puede una persona normal, sana física y mentalmente, decidir, por una fantasmada o una alucinación, que está investida de una misión divina, renunciar a sus sueños y a sus ambiciones para infligirse una muerte atroz mediante la peor de las barbaries?

Y le contesta su amiga diciéndole que hasta los terroristas más curtidos ignoran lo que les ocurre de verdad. Sólo tienen una idea fija: levantar eso que se ha apoderado de tu cuerpo y tu alma para ver lo que hay debajo. A partir de entonces, ya no hay vuelta atrás posible. Además, has dejado de mandar en ti; te crees dueño de tus actos pero no es cierto. No eres sino el instrumento de tus propias frustraciones. Lo mismo te da vivir que morir. En alguna parte de ti mismo has renunciado a lo que podría posibilitar tu regreso al mundo. Estás en las nubes. Eres un extraterrestre. Vives en el limbo y te dedicas a corretear tras las huríes y los unicornios. No quieres volver a oír hablar de este mundo. Sólo esperas el momento de dar el paso. El único modo de recuperar lo que has perdido o de rectificar lo que has errado; en definitiva, el único modo de convertirte en leyenda es acabar a lo bestia: transformarte en bola de fuego en un autocar repleto de escolares o en torpedo contra un tanque enemigo.

Es ante todo la negación de uno mismo y de los demás. No hay humanidad, no existe. No hay política ni derechos. Se desconoce el imperio de la ley y de la moral. Sólo el gesto desbaratado de un cuerpo frente a otros cuerpos que le rodean, y que son alcanzados, mutilados y muertos en ese gesto tan cruel, tan insensible como el que protagoniza el o la kamikaze.

Qué lejos queda esa imagen romántica de los voluntarios kamikazes nipones que se suicidaban en grupo, en beneficio de la patria y el dios emperador; que surcaban el aire y como abejas dejaban su aguijón en el acorazado enemigo. Y nos parecía romántico porque era una lucha desigual entre máquinas manejadas por humanos, iluminados y/o racionales; pero ahora se trata de cuerpos contra cuerpos, y esto nos horroriza. Porque pertenecemos a una sociedad que cuida su cuerpo, adora sus cuerpos, hace iconos de la belleza de los cuerpos y, si admite el suicidio, es por que entraña una decisión individual, íntima, que se realiza ocultándola a los demás, alejada de los demás, de quienes el suicida se separó para siempre.

Consideramos obsceno el suicidio que embarca a la colectividad, que la hace sujeto y objeto del gesto suicida; que no se realiza de manera oculta sino pública, lo más pública posible (un restaurante, un centro religioso, una escuela, un medio de transporte, una discoteca), para que la deflagración sea un espectáculo multitudinario, mediático, horroroso. Ahí se encuentra nuestro miedo. El o la kamikaze no es un suicida de los nuestros, los cuales tampoco nos gustan pero los comprendemos. Hace unos meses contemplaba el mapa de mortalidad europea y, cuando observaba las causas de la muerte e incidía en el suicidio, Francia copaba de color todo el territorio nacional con diferencia sobre el resto de la Unión Europea. Poco después supe de la ola de suicidios que se habían dado en la empresa de France Telecom, que según analistas galos se habían producido a causa de los ritmos y estilos de trabajo impuestos por la nueva dirección. Y hasta algo tan perturbador como estos datos, pasaban por ser relativamente asumibles en sociedad, no así el o la kamikaze que se hace estallar, que revienta su cuerpo en medio de otros cuerpos.

De esta idea del cuerpo como instrumento, hace una magnífica reflexión el filósofo Santiago Alba (El atentado suicida: la negación «si», 2002). Señala que el cuerpo es un instrumento, un arma, una herramienta positiva de intervención en el mundo. Los kamikazes, al retirarse violentamente de él, se siguen ocupando del mundo. Si uno ha perdido la fortuna, la casa, el honor, los hijos, ya no tiene nada que perder. Si a uno le han matado a los hijos, le han robado la fortuna y le han volado la casa, aún se tiene algo que ganar; lo dice el relato de Sansón: «los muertos que mató al morir fueron más que los que había matado en su vida». Su muerte fue, pues, su mejor arma.

Dios prohíbe en El Corán dañar el propio cuerpo, pero obliga a ayudar a la propia sociedad. Prohíbe el alcohol, el ascetismo y el suicidio y prescribe la limosna, la hisba y la justicia social. Los kamikazes palestinos son fedayin o shuhadá, hombres abnegados y generosos que no quieren simplemente matarse, que no quieren librarse de ninguna angustia interior, que no combaten ninguna «conciencia desdichada»: quieren cambiar las cosas de las que ya no gozarán, liberar para sus hijos la tierra que ya no pisarán. Se trata, pues, de hombres altruistas que utilizan la única arma que poseen para ayudar (o al menos eso creen) a la gente que ama. Y por eso Dios, que se ocupa de su gente, les recompensa con el paraíso.

Toda una lógica de quienes sufren, desde hace años y generaciones, humillaciones sin fin; de quienes han sido desposeídos de todo, de quienes no poseen ya otra cosa que su cuerpo. Pero, ¿cómo imponer la lógica del cuerpo como instrumento, o la lógica del cuerpo como fin en sí mismo, sin abandonar nuestra pertenencia a la humanidad? Por que si de verdad pertenecemos y formamos parte de la humanidad, más allá de toda idea o causa justa, está la vida del hombre y no hay Causa en este mundo más grande, más justa y más noble que el derecho a la vida.

EL BURKA Y LA IDENTIDAD PERDIDA

Este artículo se publicó en Rioja2.com el diez de febrero de 2010. Sobre la Grandeur y monsieur Sarkozy y totalmente de acuerdo con Sami Naïr:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Burka/elpepiint/20100227elpepiint_9/Tes

Hace unos días, el primer ministro francés, François Fillon, mostraba una serie de medidas patrióticas con el fin de reforzar la identidad gala. Una identidad perdida, según el gobierno francés, ante la llegada de extranjeros que no han hecho suyos los símbolos y valores de la República, y que la atacan y socavan con sus manifestaciones antipatriotas, como se considera a las pitadas y silbadas de la Marsellesa cada vez que la selección nacional de fútbol juega contra un equipo magrebí, pese a que entre sus filas cuente o haya contado con jugadores de la talla de Zidane, verdadero icono de la juventud francesa de origen argelino.

Hace unos meses, el presidente Sarkozy estimuló un debate acerca de prohibir el uso de la vestimenta femenina, como el burka o el niqab, que es una prenda que sólo deja descubiertos los ojos, entre las integrantes de corrientes religiosas islamistas fundamentalistas, al advertir que el burka “no es bienvenido en Francia”. Sarkozy aprovechaba una decisión antecedente del Ministerio de Inmigración  e Identidad Nacional, de denegar la nacionalidad a un hombre que obligaba a su mujer francesa a vestir el burka. Ya en 2008, también se había denegado la nacionalidad francesa a una mujer marroquí, de la corriente salafista, que vestía con el velo integral.

Los parlamentarios de la mayoritaria UMP, consideraron que este tipo de manifestaciones públicas (vestidos y silbidos), deberían ser prohibidos en el espacio público, pues van contra  las señas de identidad francesa. Pero si bien la vestimenta es fácil de reglamentar su uso, más difícil lo tienen contra la voluntad libre de expresarse mediante silbidos, pitos y cuchufletas. De ahí que mediante el ardid del ministro de Inmigración e Identidad Nacional, al crear una página web para que los franceses se expresaran acerca de lo que entendían por identitario, y tras diferentes sondeos de opinión pública en los que más de la mitad de los encuestados se manifestaron en contra del uso del burka, el gobierno se sintiera respaldado para sacar una lista provisional de medidas en defensa de la identidad nacional.

Son medidas provisionales, pero que denotan el verdadero objetivo que enmascaran, que no es otro que la lucha contra el establecimiento de una sociedad multicultural y la imposición de una cultura homogénea, bajo el paraguas de la República. ¿O es que no resulta ridículo que una identidad tan poderosa como la francesa, que ha sometido bajo su bandera, su himno –la Marsellesa- y los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, a numerosos pueblos y naciones, pueda sentirse ahora amenazada por algo menos de dos mil mujeres musulmanas que utilizaban como vestimenta el burka?

Como en los aeropuertos, podría restringirse el uso de ciertas prendas si estas atentan contra la seguridad, o bien si se trata de prevenir la violencia o la delincuencia; pero nunca como un medio de limitar la libertad de las personas con el justificante de que van contra los valores culturales de la identidad. Por que los valores culturales son subjetivos y pertenecen a los ciudadanos y a los grupos de ciudadanos que los comparten, pero nunca al Estado, ni a su supuesta y falsa identidad colectiva. Ni siquiera es atribuible esta restricción a la supuesta defensa de las mujeres, pues para muchas mujeres musulmanas la vestimenta que las cubre parcial o totalmente es un signo de identidad y no un signo de sumisión. ¿Qué restricción podría imponerse a las mujeres que muestran y no cubren su cuerpo, parcial o totalmente? ¿Habría que obligarlas a cubrirse para no demostrar sumisión a los intereses libidinosos de los hombres? Resulta ridículo, casi tan ridículo como cuando se impuso la moda entre los adolescentes de mostrar su ropa interior, un modo más de construir su identidad, y algunos centros escolares impusieron sanciones por esta forma de vestir. Al final se impuso la voluntad individual de los jóvenes, y las normas acerca de lo que se entendía por corrección en el vestir se guardaron en el cajón demodé.

La identidad no puede forjarse restringiendo las libertades individuales, o los referentes que la soportan si estos son múltiples y variables. En suma, no se deben enfrentar las personas y las comunidades a las que se adscriben, por muy profundas que sean las diferencias étnicas, religiosas, de lengua, vestido o alimentación, etc. Hay que construir esa identidad mediante políticas inclusivas, que reconozcan a todos los mismos derechos, entre otros el de vivir y relacionarse en una sociedad que asuma los cambios culturales y la pluralidad de sus manifestaciones. Lo demás es practicar la búsqueda del santo grial, perdón, la búsqueda de la identidad perdida.

SOBRE DERECHOS DE JUBILACION Y PENSIONES

Este artículo se publicó en Rioja2.com el dos de febrero de 2010. Por entonces soltaron el anzuelo cíclico de que la Seguridad social puede hacer crack en unos años y, como siempre, sacaron entre otras medidas la de prolongar el periodo de cotización y jubilarse más tarde.

Ahora que cierro un nuevo libro sobre Envejecimiento, donde hablo sobre las prejubilaciones y las jubilaciones en relación a la oportunidad única de acceder  a un futuro de desarrollo personal, libre de las obligaciones propias del trabajo asalariado, va el Gobierno y la OCDE y destapan de nuevo el tarro de las esencias del capitalismo liberal. Hace años,  en la década de los noventa, se oían las voces de aquellos analistas económicos del capitalismo ultraliberal, que apoyados en las proyecciones de los demógrafos, como si de matemáticas exactas se trataran, amenazaban con el fin del Estado del Bienestar y de la prestación de los seguros (principalmente salud y pensiones). Los Informes apocalípticos señalaban con inquietud la llegada de las generaciones de trabajadores más numerosas, las del baby-boom de EEUU y Europa, a su edad de jubilación.

Incluso tuvo un gran éxito editorial el periodista Frank Schirrmacher con su libro El complot de Matusalén (2004), donde advertía que la generación para la que se acuñó el término teenager no había cambiado el mundo con la guerra, sino con su mera existencia. No sólo habían ingerido alimentos, sino que habían modificado los bares, los restaurantes y los supermercados. No sólo habían llevado ropa, sino que habían cambiado la industria de la moda. No sólo habían comprado coches, sino que habían transformado la industria del automóvil. No sólo habían tenido citas, sino que habían alterado los roles y las prácticas sexuales. No sólo habían ido a trabajar, sino que habían revolucionado el lugar de trabajo. No sólo se habían casado después de miles de años, sino que habían transformado la naturaleza de las relaciones humanas y sus instituciones. No sólo habían pedido préstamos, sino que habían cambiado los mercados financieros. No sólo habían utilizado ordenadores, sino que habían modificado las tecnologías.

Los teenager de ayer se convirtieron en los babyboomer de hoy, y la sociedad se enfrentaba a una nueva amenaza. Este pánico a la llegada de los viejos, con el poder de su número y, en un periodo de crisis económica como la de los años noventa, puso todos los decibelios existentes de la OCDE en el altavoz de las pensiones y las jubilaciones. Se amenazó con prorrogar el periodo laboral hasta los setenta años, y como en un mercadillo comenzó la negociación para dejar a todos insatisfechos en un término medio de 67 a 68 años. Y también es cierto que, como ahora, se permitió el aumento de las prejubilaciones como medida económica que proporcionaba enormes ingresos a las grandes empresas, pues nunca sustituyó por población joven la población retirada anticipadamente del trabajo. Y es cierto que se aprovechó para despedir trabajadores y deslocalizar empresas con la misma excusa de la crisis internacional, favoreciendo el trabajo sumergido, principalmente de trabajadores inmigrantes sin regularizar.

Sin embargo, las proyecciones catastrofistas se abandonaron tras un nuevo periodo de crecimiento, que para España supuso la llegada y regularización de jóvenes trabajadores inmigrantes, responsables casi absolutos de los últimos cinco millones sumados al censo. Gracias a estos inmigrantes, se han recuperado relativamente los índices de fecundidad (los nacimientos de madre extranjera en 2006 ascendieron al 20% del total de nacimientos habidos en España), uno de los caballos de batalla de los demógrafos en sus registros de tasas de dependencia.

Pero claro, si se quiere que las españolas tengan más hijos, habrá que poner remedio a las causas por las que han dejado de tenerlos; por ejemplo, la posibilidad de conciliar vida  laboral y familiar, o la posibilidad de adquirir una cierta autonomía económica mediante un trabajo. Por que no olvidemos que la población activa, la población en edad de trabajar sobre la que recae el esfuerzo fiscal para el mantenimiento de la seguridad social, es una población activa devaluada, donde tan sólo participa el 51% de las mujeres. El 49% restante se queda en casa (ni trabaja ni busca trabajo). Posiblemente hace las labores propias de un Estado del Bienestar desarrollado (cuida de las personas dependientes, incluso del marido).

Y los hombres no les van a la zaga, pues aun sin descontar todos aquellos que se encuentran entre los cuatro millones de desempleados, tan sólo cuentan como población activa al 68% de los mismos. Es decir, un 32% viven de las rentas o malviven, pero desde luego no trabajan. En suma, tenemos que cinco de cada diez mujeres y tres de cada diez hombres ni trabajan ni están en las cifras de desempleo; y sin embargo, nadie se pregunta por ellos, sino por los que quieren hacer uso de su derecho a descansar del trabajo asalariado a los sesenta y cinco años.

Y ahora mismo, a estos viejos que están transformando el mundo simplemente por ser muchos, porque han accedido a una esperanza de vida como nunca existió en la historia de la humanidad, se les quiere recortar sus pensiones o el cálculo de sus miserables pensiones (muy por debajo del gasto medio por hogar, y de la media de la UE). Y se quiere recortar los derechos a dejar de trabajar a los sesenta y cinco años (ahora mismo la jubilación real de los españoles es a los sesenta y tres años y diez meses, la más alta de la UE).

Qué nos deparará el futuro inmediato a los hijos del baby boom? No lo se. No se si triunfarán las tesis del capitalismo liberal y perderemos derechos, pero desde luego, cuando esta generación muera, habrá dado paso a una nueva cultura que dejará marcada para siempre a la sociedad del futuro. Y esto no es una predicción ni una proyección. Es una certidumbre.

IDENTIDAD CIVICA, RACISMO Y DISCURSO ELECTORAL

Este artículo se publicó en Rioja2.com el veinte de enero de 2010. Entonces aparecieron dos ayuntamientos reclamando no empadronar a inmigrantes irregulares. Eso era un aperitivo por que sus verdaderas aspiraciones estaban próximas a las del Ku-Kus-Klan

No me considero parte de un colectivo que practica el buenismo. Soy más bien un malo con conciencia ciudadana o con identidad cívica, aunque el término puede que sea contradictorio. Por que los malos son siempre los cobardes y criminales con poder para someter a los ciudadanos, a los que consideran débiles piezas de un entramado socioeconómico que hay que disciplinar.

El caso es que no soy practicante del buenismo como me definen algunos amontillados y agrestes amigos, simplemente señalo con convicción que la discriminación y el racismo son hijos del miedo y la ignorancia. Miedo al otro, al diferente, al extranjero; e ignorancia y alienación por una representación de la inmigración plagada de estereotipos negativos, paternalistas y discriminatorios.

Se aduce que la identidad catalana, riojana, española o europea, se ha construido desde un pasado mítico que conjuga la democracia, el cristianismo, el mercado y el respeto a los derechos humanos; mientras que los otros, a los que se describe como enemigos de la democracia (terroristas), moros o judíos (principalmente musulmanes), pobres y practicantes de toda clase de infamias como poligamia, ablación, lapidaciones, etc., disponen de una identidad desconocida y por ello temida. Desde una perspectiva sociocultural, la identidad del otro se presenta como la un enemigo económico, político, social y cultural al que batir.

Es de este modo como el racismo cumple la función de categorizar, colocar y discriminar a ciertos grupos religiosos, étnicos o sociales; construyendo al mismo tiempo, un discurso que justifica, sostiene y legitima ciertas prácticas orientadas a segregarlos y excluirlos. A lo largo de la historia, los movimientos migratorios y las minorías étnicas han sido siempre objeto de estereotipos criminales, así como fuente de problemas de higiene, salud, contagio y contaminación cultural.

La propuesta de vergonzantes gobiernos municipales de no empadronar a los inmigrantes “sin visado” y clandestinizar a los inmigrantes irregulares, puede tener cierto éxito electoral en un contexto de crisis económica; pero aumentará de inmediato la pobreza de los inmigrantes y su exclusión del espacio público. Al impedir el empadronamiento, no sólo se impide el acceso a los bienes y servicios públicos que los ciudadanos disponemos para el consumo de todos aquellos que los necesiten, sino que también se dinamita el puente que permite, que los que se encuentran en situación irregular, puedan acceder a la legalidad mediante el arraigo social o la regularización colectiva.

Uno de los discursos que mas daño esta haciendo a los inmigrantes, perjudicando su integración social y su relación armoniosa con la sociedad de acogida española, es el discurso de que los inmigrantes están sobreprotegidos y hacen un uso masivo e intensivo de los servicios públicos (son los que se quedan con las viviendas protegidas; como tienen muy mala salud colapsan centros y hospitales, y como además tienen muchos niños están ocupando las aulas de nuestros hijos).

Es un discurso que provoca peligrosamente el desarrollo del prejuicio xenófobo que acaba convirtiéndose en pura gasolina que utilizan en sus incendios los grupos racistas, pero que a efectos electorales vuelca el malestar de los ciudadanos pusilánimes, no contra los políticos como sucede actualmente, sino contra los débiles y oprimidos, contra los extranjeros e inmigrantes excluidos.

Ya  decía al principio que no pertenezco al colectivo que destaca por su buenismo, por que creo en el hombre, es cierto, pero no creo en la clase política. Como señalaba Mark Twain: “No conozco ningún grupo que sea criminal por naturaleza, con la posible excepción de la clase política”.

PECADOS Y DELITOS

Este artículo se publicó en Rioja2.com el dieciséis de diciembre de 2009. Mi intención ha sido desenmascarar la peligrosa confusión a que somete la iglesia católica a sus feligreses al mixtificar pecado y delito.

Según nos enseñaron en religión (los que recibimos educación entre religiosos), los pecados son “delitos morales” significados por la trasgresión voluntaria de normas o preceptos religiosos. Y como las normas y preceptos son innumerables (para su conocimiento y discernimiento están los especialistas formados por la Iglesia), también son un sin número los pecados, a los cuales se les otorga de forma gradiente una mayor o menor penitencia o castigo, tras el “ego te absolvo” del especialista. Por su parte (y no recibí formación en derecho), los delitos son conductas o comportamientos punibles; es decir, que la sociedad decide castigarlos por ir contra el Derecho y las leyes que sostienen la convivencia.

Pues bien, en plena ceremonia de la confusión, los pecados o delitos morales podrían llegar a convertirse en delitos civiles o penales, por obra y arte de los mensajes transmitidos por el Secretario general de la fundamentalista Conferencia Episcopal Española, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, en las que avisaba a los políticos católicos de que si apoyan la Ley sobre Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo “están objetivamente en pecado público” y no podrán “ser admitidos en la sagrada Comunión”. Esto como poco, porque los que practiquen o ayuden en la interrupción del embarazo están cometiendo un asesinato. O sea, una conducta tipificada en el código penal, aunque ahora se intente despenalizar a mujeres y ginecólogos autores de tales actos contra la vida.

No hace poco, a finales de noviembre, se publicó el  informe encargado por el Gobierno de Irlanda que analizaba las violaciones de menores perpetradas por sacerdotes en la archidiócesis de Dublín entre 1975 y 2004, los cuales abusaron de sus pupilos mientras los responsables de la Iglesia trasladaban a los religiosos involucrados a otras congregaciones en lugar de alertar a la policía y denunciar los casos de abuso para evitar escándalos. Los resultados coinciden con los de un dossier aún más detallado presentado en mayo según el cual, entre la década de los treinta y la de los noventa del siglo pasado, miles de niños que vivían en internados y estudiaban en escuelas católicas de la isla recibieron palizas, fueron violados y humillados por sacerdotes, monjas y monjes. La investigación aportaba evidencias de que el abuso de menores era una práctica generalizada.

“Es probable que sea precisamente el rol prominente de la Iglesia en la vida irlandesa lo que permitió que los abusos cometidos por una minoría de sus miembros fueran tolerados”, dice un fragmento del informe. El mismo argumento puede aplicarse a otros casos de abusos generalizados registrados, sobre todo en Australia, Austria, Canadá, Francia, Polonia y Estados Unidos, donde la Iglesia católica ha sido acusada de encubrir sistemáticamente los abusos y delitos cometidos por sus miembros.

En la cúpula española, el que fuera cardenal arzobispo de Toledo y Primado de España, ex vicepresidente de la Conferencia Episcopal y hoy cardenal Prefecto de la Congregación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Antonio Cañizares, consideró en su momento que “no es comparable” el caso de los abusos a menores en escuelas católicas irlandesas con el aborto, porque el primero afecta a “unos cuantos colegios” y el segundo supone que “más de 40 millones de seres humanos se han destruido legalmente” (las estadísticas no son su fuerte precisamente).

A su juicio, la culpa de que esos hechos ocurran “la tenemos todos” y es un crimen mayor interrumpir un embarazo que violar y torturar menores de edad sistemáticamente durante décadas, silenciarlo, y criminalizar socialmente  a las víctimas que se atrevían a contar algo para que su testimonio no fuese tenido en cuenta. Por que es cierto que hay gradientes en los pecados como existen gradientes en los delitos, y si un especialista en pecados considera mayor uno que otro en la jerarquía del pecado, ninguna autoridad civil puede desautorizarlo, ni decidir el tipo de castigo moral, o al modo que señalaba San Mateo para quienes abusaran de los niños: “Más le valdría que se le atase al cuello una piedra de molino y fuese arrojado al mar al que escandalizase a uno de estos pequeños”.

Pero para torpeza de abusadores, pedófilos y violadores de niños están los delitos contra el Derecho, su conducta está tipificada y conlleva castigos penales más allá de la condena moral de la Iglesia. Y para salvaguarda de las mujeres y a quienes les apoyaron en su decisión de interrumpir el embarazo, están las leyes que administra la Justicia con independencia del carácter moral que supone para la Iglesia y su tipificación del pecado. Amén

POR LA DIGNIDAD Y LA VIDA DE AMINETU HAIDAR

Este artículo se publicó en Rioja2.com el nueve de diciembre de 2009, cuando la postura inflexible de Aminetu Haidar, de dejarse morir si no se le devolvía su identidad saharahui, había movido las conciencias de políticos y diplomáticos empeñados en echar un montón de arena sobre el pueblo saharahui hasta hacerlo desaparecer.

Sólo quien se ponga en el lugar de Aminetu y asuma consecuentemente sus decisiones podrá opinar acerca de si hay que forzar su empeño de no alimentarse hasta recuperar el pasaporte (aquél que Marruecos tardó quince años en expedirle, y  que le impide volver a su casa donde le aguarda su madre española y sus hijos), o bien se debe cumplir su voluntad de no alimentarse, hasta la muerte si fuera necesario, mientras se le siga privando de sus derechos fundamentales.

Pero este no es el debate que atraviesa nuestras conciencias. No somos nosotros quienes debemos optar entre la vida o la dignidad de una persona; ni siquiera creo que ese sea el debate de los gobiernos (salvo quienes estén interesados en desviar la mirada de la conculcación de los derechos fundamentales de las personas).

El verdadero debate se encuentra en esa realidad dejada pudrir de todo un pueblo (el saharaui) abandonado a su suerte desde 1975 (en medio de la nada del desierto argelino) por gracia de un vergonzoso proceso de descolonización (España y Marruecos) en el que desde entonces han intervenido nuevos actores (Francia, Argelia, la ONU y EEUU), para sostener el enquistamiento de las partes hasta el sometimiento de la más débil.

Pero el más débil (el pueblo saharaui, que no el Frente Polisario), tiene el apoyo solidario del pueblo español, y este no admite el empecinamiento de su vecino del sur en no dar la autonomía suficiente (si la independencia ya no es posible en un contexto territorial mestizo de marroquíes y saharauis), y la libertad necesaria para el desarrollo y devenir de las generaciones que no conocieron la guerra de sus padres, y que no deben pagar por tanto sus errores.

Y la solidaridad con el pueblo saharaui y por extensión con Aminetu Haidar, hace que nos sintamos agredidos por nuestro gobierno al permitir la irregularidad y la ilegalidad de admitir la entrada de Haidar en el aeropuerto de Lanzarote tras su deportación marroquí; y que nos sintamos humillados por los años de expolio de la identidad histórica del pueblo saharahui, y ofendidos por la debilidad de nuestro gobierno ante sus vecinos del norte y del sur (Francia y Marruecos) para imponer un acuerdo de las partes y una solución justa a las demandas de unos y otros.

Este es el verdadero debate. El que nos indigna y nos mueve a solidarizarnos con Haidar para que le devuelvan el derecho a volver con los suyos sin estigmatizarla como apátrida o extranjera en su tierra. El que incumbe a todas las generaciones saharauis exiliadas y sin futuro, y a todos aquellos que gritan por la salvación de la vida y la dignidad de Aminetu Haidar.