IDENTIDAD CIVICA, RACISMO Y DISCURSO ELECTORAL

Este artículo se publicó en Rioja2.com el veinte de enero de 2010. Entonces aparecieron dos ayuntamientos reclamando no empadronar a inmigrantes irregulares. Eso era un aperitivo por que sus verdaderas aspiraciones estaban próximas a las del Ku-Kus-Klan

No me considero parte de un colectivo que practica el buenismo. Soy más bien un malo con conciencia ciudadana o con identidad cívica, aunque el término puede que sea contradictorio. Por que los malos son siempre los cobardes y criminales con poder para someter a los ciudadanos, a los que consideran débiles piezas de un entramado socioeconómico que hay que disciplinar.

El caso es que no soy practicante del buenismo como me definen algunos amontillados y agrestes amigos, simplemente señalo con convicción que la discriminación y el racismo son hijos del miedo y la ignorancia. Miedo al otro, al diferente, al extranjero; e ignorancia y alienación por una representación de la inmigración plagada de estereotipos negativos, paternalistas y discriminatorios.

Se aduce que la identidad catalana, riojana, española o europea, se ha construido desde un pasado mítico que conjuga la democracia, el cristianismo, el mercado y el respeto a los derechos humanos; mientras que los otros, a los que se describe como enemigos de la democracia (terroristas), moros o judíos (principalmente musulmanes), pobres y practicantes de toda clase de infamias como poligamia, ablación, lapidaciones, etc., disponen de una identidad desconocida y por ello temida. Desde una perspectiva sociocultural, la identidad del otro se presenta como la un enemigo económico, político, social y cultural al que batir.

Es de este modo como el racismo cumple la función de categorizar, colocar y discriminar a ciertos grupos religiosos, étnicos o sociales; construyendo al mismo tiempo, un discurso que justifica, sostiene y legitima ciertas prácticas orientadas a segregarlos y excluirlos. A lo largo de la historia, los movimientos migratorios y las minorías étnicas han sido siempre objeto de estereotipos criminales, así como fuente de problemas de higiene, salud, contagio y contaminación cultural.

La propuesta de vergonzantes gobiernos municipales de no empadronar a los inmigrantes “sin visado” y clandestinizar a los inmigrantes irregulares, puede tener cierto éxito electoral en un contexto de crisis económica; pero aumentará de inmediato la pobreza de los inmigrantes y su exclusión del espacio público. Al impedir el empadronamiento, no sólo se impide el acceso a los bienes y servicios públicos que los ciudadanos disponemos para el consumo de todos aquellos que los necesiten, sino que también se dinamita el puente que permite, que los que se encuentran en situación irregular, puedan acceder a la legalidad mediante el arraigo social o la regularización colectiva.

Uno de los discursos que mas daño esta haciendo a los inmigrantes, perjudicando su integración social y su relación armoniosa con la sociedad de acogida española, es el discurso de que los inmigrantes están sobreprotegidos y hacen un uso masivo e intensivo de los servicios públicos (son los que se quedan con las viviendas protegidas; como tienen muy mala salud colapsan centros y hospitales, y como además tienen muchos niños están ocupando las aulas de nuestros hijos).

Es un discurso que provoca peligrosamente el desarrollo del prejuicio xenófobo que acaba convirtiéndose en pura gasolina que utilizan en sus incendios los grupos racistas, pero que a efectos electorales vuelca el malestar de los ciudadanos pusilánimes, no contra los políticos como sucede actualmente, sino contra los débiles y oprimidos, contra los extranjeros e inmigrantes excluidos.

Ya  decía al principio que no pertenezco al colectivo que destaca por su buenismo, por que creo en el hombre, es cierto, pero no creo en la clase política. Como señalaba Mark Twain: “No conozco ningún grupo que sea criminal por naturaleza, con la posible excepción de la clase política”.

SEXO Y EDAD

Este artículo se publicó en Rioja2.com el siete de enero de 2010. Trato de desmitificar el tabú del sexo entre los viejos.

En un libro sobre envejecimiento (Giró, 2005), Victoria Hernando, una amiga psicóloga, decía que debíamos perder el miedo a considerar la sexualidad como sólo un aspecto más. Hablar de sexualidad adaptada a la edad no causa traumas, a lo sumo, incomprensión; hablar de sexualidad no redunda en una degradación … moral, más bien relaja y flexibiliza planteamientos; hablar de sexualidad no incita a la práctica sexual, redunda en prácticas sexuales más seguras, deseadas y responsables.  Por esto, será bueno que consigamos que el placer, el afecto, las relaciones coitales, las relaciones no coitales, la genitalidad, la no genitalidad, la comunicación en suma, dependa de la voluntad de las personas. Aprendamos que la satisfacción sexual general no tiene hilo directo con el número de coitos, no está sujeta a reglas de edad, no es directamente proporcional al género o a la orientación del deseo. De esta forma, quizá generaciones venideras puedan asumir las ventajas y desventajas (características al fin y al cabo) de pertenecer a un grupo de edad o a un género de forma natural como hacemos en otros aspectos de la vida, sin que el peso de estereotipos sociales negativos nublen el acceso a nuevas y enriquecedoras experiencias relacionales.

Todo esto me ha venido a la memoria cuando he leído que la actriz galesa Catherine Zeta-Jones consideraba que tener un marido maduro como el suyo, el también actor Michael Douglas, veinticinco años mayor que ella, no tiene mas que ventajas. Reconocía que “los jóvenes son más abiertos, alegres y apetitosos. Pero también son más egoístas y egocéntricos. Por eso nunca tuvieron una oportunidad conmigo”. Hay que ver cómo las gasta la mujer del Zorro Banderas.

GOBERNAR O BERLUSCONIZAR LA INMIGRACIÓN

Este artículo se publicó en Rioja2.com elcinco de noviembre de 2009 y lo escribí pensando en la reforma de la ley de extranjería.

Hablar de migraciones es entender de un fenómeno lleno de contradicciones, de ambivalencias, de sentidos y resultados contrarios, de esquemas binarios y opuestos; en muchos casos es hablar desde un esencialismo maniqueo que nos permita pasar de una orilla a su opuesta sin mojarnos nunca. Esto es en definitiva lo que está ocurriendo en la manera de pensar y obrar de los españoles, ante un fenómeno que nos sobrepasó ayer y nos sobrepasa en el presente, y al que no hemos sabido jamás como hincar el diente.

El hecho de que en pocos años el volumen de las personas inmigrantes que llegaron a establecerse en España fuera tan alto y tan diverso; que nos preocupáramos hasta aparecer en las encuestas del CIS al mismo nivel que el terrorismo o el paro; que nos sobresaltáramos con las manifestaciones racistas del Ejido; que en pleno ciclo de crecimiento económico se creara unas bolsas de irregularidad como la demostrada en 2005 con el proceso de regularización de más de 600.000 extranjeros; todo ello, bien sazonado por una prensa abierta a las noticias de impacto emocional, nos hizo creer que nosotros solitos nos habíamos convertido en la primera potencia que entendía y sabía mejor del fenómeno, precisamente por nuestro pasado migratorio; y que ahora, como país receptor, no necesitábamos aprender de las enseñanzas de otros países con gran tradición migratoria.

Así, nos convertimos por arte de birlibirloque en campeones antirracistas, multiculturales, expertos en integración ciudadana, interculturalidad, codesarrollo, multireligiosidad, plurilingüismo, etc., sin que esto viniera acompañado por un auténtico trato igualitario, no discriminatorio e integrador, o simplemente de normalización en las relaciones ciudadanas entre autóctonos y extranjeros.

Esta falta de conocimiento acerca de la realidad; acerca de cómo nos relacionamos (o no nos relacionamos) verdaderamente con la población inmigrante, ha permitido que las políticas inmigratorias del resto de los países europeos fueran precisadas en nuestra conciencia como ajenas al sentido ciudadano y solidario de los españoles, autodeclarados mil veces como no-racistas. Por eso nos sorprende que ahora mismo se acepte sin un atisbo de vergüenza el endurecimiento de la ley de extranjería, al estilo de lo aprobado por el gobierno italiano que criminaliza a la población inmigrante con medidas claramente racistas y discriminatorias, y que sólo las organizaciones humanitarias y de apoyo a la población inmigrante hayan dado el grito de alarma sobre una ley que nos va a igualar con los intereses de la racista y xenófoba Liga Norte italiana, o su adalid el momificado Berlusconi. Y qué intereses preferentes sostienen estos movimientos racistas: el cierre selectivo de fronteras al inmigrante económico y la expulsión de los irregulares.

Y cómo se gobierna para dar satisfacción a los intereses demográficos, sociales y económicos que demanda Europa (y España no menos que el conjunto de la UE), si es cierto que en los próximos años debería acogerse a más del doble de la población inmigrante llegada hasta hoy, y si de verdad se quiere acceder a un nuevo ciclo de crecimiento económico y de bienestar, cuando al mismo tiempo se endurecen las políticas migratorias mediante medidas policiales; se precariza las condiciones de vida de los inmigrantes hasta lograr su marginalidad laboral y su exclusión social; se impide el reagrupamiento familiar y se segrega a sus hijos en las instituciones escolares; se recela y nos parece indeseable su acceso a los servicios básicos y de salud porque lo colapsan y agotan y, además, se les estigmatiza por sus características étnicas o culturales.

La respuesta es la Reforma de la Ley de Extranjería que actualmente se encuentra en esa sala de políticos jubilados y estómagos agradecidos que es el Senado. Sólo faltan el cavalieri y sus cicciolinas.