HOMBRES CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA

Sabemos que la desigualdad tiene su origen en pautas culturales, sociales y religiosas que perpetúan la condición de inferioridad que se otorga a la mujer en la familia, el trabajo y la sociedad. Y si asistimos a un cambio y transformación de la masculinidad es gracias a las conquistas de la revolución feminista y a los valores de la igualdad y la coeducación, que han acabado con los viejos roles de la mujer ama de casa abnegada y el hombre dominante que trabaja fuera de casa y alimenta la familia.

El reconocimiento de la dignidad humana implica considerar que varones y mujeres nacemos como sujetos iguales en derechos y deberes, que podemos desarrollar las mismas capacidades y habilidades, realizar las mismas tareas productivas y participar paritariamente sin otras diferencias que las que provienen de nuestra individualidad. En este momento es necesaria una actitud solidaria entre ambos géneros que permita que las relaciones en el ámbito doméstico sean simétricas e igualitarias a través de la  incorporación de los hombres a las tareas del quehacer doméstico y las responsabilidades familiares.

El ámbito privado o doméstico es donde mejor se expresan los logros acerca de la igualdad entre los géneros, porque si bien algunos hombres han emprendido la ardua y costosa tarea de equiparar su dedicación en condiciones de igualdad a la mujer (dadas las resistencias del conjunto de los hombres, como de aquellas mujeres que ven en la apropiación del espacio privado y doméstico por parte de los hombres una pérdida de su identidad de género), también es cierto que este sigue siendo el espacio de poder de la mujer, el espacio donde mejor se expresa la relación patriarcal de una sociedad dualizada, que ha cedido el espacio público, fuente de recursos y poder, a la primacía del hombre. Así mismo son necesarias las políticas institucionales que revaloricen el trabajo reproductivo (cuidado de la infancia, personas enfermas y mayores…) e impulsen un reparto equilibrado de la carga de trabajo entre varones y mujeres. Entretanto se puede hablar de coexistencia de múltiples situaciones, desde las propiciadas por un proceso de aculturación de género y adopción de roles masculinos, hasta las más tradicionales y conservadoras que mantienen la “jornada interminable” y el eterno status de género domesticado.

Mientras esto no se produzca seguiremos percibiendo a multitud de hombres que no han logrado transformar y adaptar los roles tradicionales, continuando instalados en un machismo atávico que les impide aceptar las nuevas realidades de igualdad de género, tanto en el ámbito público como en el doméstico, que ha conducido en muchos casos a un aumento de los divorcios, cuando no de la violencia y la muerte. Y es que la violencia contra las mujeres no ha cesado en los últimos años pese a que la lucha por la igualdad ha tomado carta de naturaleza en la sociedad. La causa fundamental que provoca esta violencia reside en el modelo de sociedad que sitúa a la mujer en una posición de inferioridad respecto al hombre, así como en los patrones culturales discriminatorios hacia la mujer; es decir, las mujeres son las víctimas primordiales de una violencia ejercida por hombres, significando, por tanto, una violencia sexista y machista. Además, no es una violencia que se de en el ámbito familiar o doméstico, sino que es una violencia que se produce en la pareja, haya o no convivencia de por medio.

Sabemos que para el conjunto de los varones no es fácil aceptar públicamente la violencia y la desigualdad si no son ellos quienes la han promovido. Frecuentemente no la viven tanto como un conflicto individual cuanto como un conflicto social, enmarcado en la agresión a su propia identidad e imagen social como colectivo genérico. De ahí que sea necesario que los hombres como colectivos asuman su responsabilidad en la existencia de las desigualdades y la violencia. Hace falta políticas de igualdad dirigidas a los hombres que faciliten el cambio hacia posiciones más favorables a la ruptura con el modelo tradicional masculino. Hacen falta referentes sociales que nos permitan superar el machismo atávico, porque de ese modo ganaremos en autoestima y desarrollo personal, nos reencontraremos con nuestras emociones, ganaremos en autonomía personal y funcional. Tendremos una sexualidad más completa y satisfactoria y ganaremos en salud. Descubriremos una nueva paternidad más cercana, responsable y solidaria. Disfrutaremos de mejores relaciones de pareja y, sobre todo, nos convertiremos en personas más justas y solidarias.

A esa tarea se emplaza a todos los hombres contrarios a la existencia de desigualdades de género y  contra la violencia machista, en la convocatoria de una Rueda de Hombres que tendrá lugar en la plaza del Ayuntamiento de Logroño el jueves 21 a las 19,30, bajo el lema “EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES. VIVAMOS SIN VIOLENCIA”,  y que nos permitirá manifestar nuestra voluntad de acabar con la desigualdad y la violencia de género, fortaleciendo la visibilización de otra masculinidad.

¡PODEMOS!

Podemos no es el grito de guerra mediático con el que se anima a la gente a participar del mundial de fútbol, sino la publicación gratuita para construir una verdadera soberanía popular en tiempos de crisis. Podemos vivir sin bancos, sin empresas multinacionales, sin dinero y sin clase política. Podemos, en definitiva, vivir sin capitalismo. El animador por antonomasia de Crisis? ¡Podemos! es Enric Durán (http://www.enricduran.cat/es/node/3313), que el miércoles tuvimos la suerte de tenerlo en Logroño, gracias al apoyo de la CGT en la Universidad de La Rioja-Grupo de Estudios Libertarios.

Para quienes no conozcan a Enric Durán no tienen más que teclear su nombre en Google y le aparecerán 287.000 resultados hablando del mismo, por lo que declino hacer ninguna glosa sobre su persona, tan solo citaré la acción por la que supimos de su existencia, el diecisiete de septiembre de 2008, cuando anunció que había estafado cerca de medio millón de euros a diferentes bancos y entidades financieras con el objetivo de denunciar el depredador sistema capitalista y de financiar movimientos sociales anticapitalistas. Y de movimiento social anticapitalista podría definirse la Cooperativa Integral de la que nos habló esa tarde.

La Cooperativa es un proyecto, desde hace dos meses en funcionamiento en Cataluña, que practica la autogestión económica y política con la participación igualitaria de sus miembros. Y es Integral porque junta todos los elementos básicos de una economía como son producción, consumo, financiación y moneda propia y, al mismo tiempo, porque quiere integrar todos los sectores de actividad necesarios para vivir. El objetivo central es construir un entramado de relaciones económicas cooperativas y solidarias entre personas y empresas sociales, que salga de las reglas del mercado y que no sea controlado por el estado. Que sea un espacio para promocionar y hacer crecer productos ecológicos y locales, servicios realmente necesarios para nuestro día a día y nuevos proyectos de autoempleo vinculados a estas necesidades reales. A largo plazo puede convertirse en otra sociedad fuera del control capitalista, con su propio sistema de seguridad y previsión social, garante de las necesidades básicas de todos  en su trayectoria vital.

Más a corto plazo es una respuesta colectiva a la crisis del capitalismo, algo que ya se puede observar entre las redes y grupos locales participantes de la Cooperativa Integral en Cataluña, porque están reduciendo los gastos en euros ayudando a crecer las monedas sociales; porque han reducido el precio de los productos necesarios a través de compras colectivas; porque dan la opción de venta directa al productor; porque promueven el autoempleo digno e ilusionante a las personas que están en paro; porque dan una salida económica colectiva a todas las personas que han sido declaradas insolventes por la banca o el estado y porque dan una opción de ahorro comprometido a todas las personas.

Cooperativas Integrales y monedas sociales son instrumentos con los que se puede abrir una ventana hacia otra sociedad sin capitalismo y aunque en cada localidad, en cada territorio puedan tomar unas señas de identidad adecuadas a su realidad, lo cierto es que la extensión de los proyectos de autogestión permitirá avanzar hacia formas de existencia colectiva sin capitalismo. ¡Podemos!

NO FUTURO

Ayer, víspera sanjuanera, temprano, me han sacado de la cama unas llamadas telefónicas inquiriendo por mi opinión acerca del bajón en los indicadores de natalidad el pasado 2009. Como además de dormido, un virus maligno me ha dejado temporalmente sin acceso a la información con la que parecían haberse sobresaltado los medios (TV y radio), he tenido que recurrir al bar próximo donde un café humeante y la prensa me han puesto sobre aviso.

Todo parece que tras unos años de leve crecimiento de la natalidad y de los índices de fecundidad (centésimas), la tendencia apuntaba hacia lo que ocurre en los países del norte de Europa donde se da un cierto equilibrio en la población que permite el relevo generacional; y aunque lejos aún, España, con el apoyo inesperado de las mujeres extranjeras y unas expectativas de seguridad laboral y crecimiento económico, podía augurar un futuro en el que aun sin alcanzar las cotas piramidales del baby-boom, o las propias del relevo generacional (2,1 hijos por mujer en edad fértil), sí caminaba hacia una sociedad más equilibrada en su pirámide o, mejor dicho, en su polígono demográfico.

Hoy, sin embargo, el brusco descenso de la natalidad ha disparado todas las alarmas mediáticas, pues es cierto que con el increíble y maravilloso aumento de las expectativas de esperanza media de vida, podría ocurrir que una de cada tres personas y no una de cada cuatro como sucede en la actualidad, podría ser mayor de sesenta y cinco años, lo cual desequilibraría las bases sobre las que se asienta nuestro Estado del Bienestar. Un desequilibrio agudizado por el hecho de que no toda la población potencialmente activa trabaja (ahora mismo dos de cada cuatro mujeres y tres de cada cuatro hombres), lo cual podría provocar que cada activo soportase a un no-activo (mayores de sesenta y cinco y menores de dieciséis años), algo difícil de sostener en una sociedad expansiva en servicios.

Las causas de este descenso de la natalidad en 2009 son tanto coyunturales (2008 fue el año en que se declaró oficialmente la crisis  y también el año en que se gestaron o se podían haber gestado los nacimientos del 2009), como estructurales (las mujeres españolas no proyectan el nacimiento de su primer hijo hasta que no tienen cierta seguridad –afectiva, laboral y de vivienda-, y por lo tanto dilatan esta decisión hasta los últimos años de su periodo fértil; por su parte las mujeres extranjeras tienden a integrarse en la sociedad de acogida y por tanto convergen con las mujeres autóctonas en sus expectativas).

Así pues, el descenso estaba cantado, pues el leve crecimiento sostenido en los últimos años sólo se podía apuntalar con una política decididamente familista, y eso en este país ni ha ocurrido ni va a ocurrir hasta que posiblemente nos encontremos en un nuevo ciclo de crecimiento económico y se tome en consideración una política que estimule la natalidad y el sostenimiento de la población.

A veces se aduce que las mujeres españolas al incorporarse al mercado laboral han subordinado las expectativas de maternidad a su carrera profesional. Y es cierto, pero puntualizando, pues las mujeres que trabajan son poco más de la mitad de la población activa femenina, todo lo contrario de lo que ocurre en los países nórdicos donde trabajan tantas o más que hombres y, sin embargo, tienen índices de fecundidad hasta cuatro y cinco décimas supriores a los de las españolas. Qué ocurre?, pues que sus empleos son buenos y seguros, es decir, son de calidad y ofrecen reconocimiento y fijeza. Ocurre también que reciben el apoyo de sus parejas, las cuales se corresponsabilizan en el cuidado, crianza y educación de sus hijos (algo que aún no conocemos los españoles mas que en el cine). Ocurre que la administración y las empresas apoyan la conciliación familiar mediante toda clase de servicios para la guarda, crianza y educación de los hijos, mediante horarios laborales flexibles adaptados a las necesidades de los padres, remunerando el tiempo ocupado con los hijos y guardando el empleo para cuando los padres se reintegran al trabajo. En fin, una serie de medidas ajenas a la política y la sociedad española, que aún sigue depositando en la mujer todas las expectativas de sostenimiento generacional.

El No Futuro surgió cuando grupos de jóvenes vieron que su futuro era negro, faltaba el empleo, la vivienda y las oportunidades, rebelándose contra todo lo establecido. En España, parece que son las mujeres quienes han dicho basta y se han vuelto punkies proclamando el No Futuro.

¿CASTIDAD? NO, GRACIAS

Hace unos días, el obispo mexicano de San Cristóbal de las Casas (estado de Chiapas), Felipe Arizmendi, responsabilizó a “la invasión de erotismo presente en los medios de comunicación” de los abusos cometidos por el clero ya que, ante tal aluvión de estímulos, no es fácil “mantenerse en el celibato y en el respeto a los niños”, subrayando que el libertinaje sexual que se vive actualmente es uno de los detonantes de los escándalos de pederastia que en los últimos meses asolan el panorama de la iglesia católica.

Desde luego con estas manifestaciones no ha conseguido aplacar las críticas por los abusos sexuales y casos de pederastia cometidos por el clero, sino todo lo contrario, pues han aumentado el número de personas, organizaciones e instituciones políticas y sociales, así como representantes de gobiernos que han respondido indignados por este incontinente verbal.

Parte de su argumentación podría tener base real al señalar que la iglesia católica pondrá mayor énfasis en mejorar la educación sexual de sus sacerdotes, pese a que el medio ambiente no es propicio sino contrario a la castidad. Se refiere a Internet que lo invade todo y por ello es difícil que alguien se sustraiga a un ambiente tan erotizado. Ante un libertinaje social generalizado como el que existe actualmente, hay más posibilidades de actos de pederastia, no solo en la Iglesia sino en la familia, en las escuelas y en muchos otros ambientes.

Y es cierto que las posibilidades que ofrece la libertad sexual pueden esconder actos violentos o contrarios a la propia libertad, aunque no estoy de acuerdo en que sea la libertad la que promueva esos abusos, esa violencia, ese ejercicio del dominio y del poder, sino las bases sobre las que se socializaron, se formaron y se educaron las personas que conculcaron los derechos y la libertad de los otros. Ahí es donde debe buscar el origen de de los abusos de los sacerdotes, y ahí es donde precisamente entra la castidad coercitiva e impuesta mediante el celibato al clero.

El secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, el agitador que ha relacionado pederastia y homosexualidad, decía estos días a su paso por Cataluña que el voto de celibato es una tradición positiva y su incumplimiento puede conllevar consecuencias que después son muy dolorosas y lo dañan todo. Es cierto, las consecuencias se muestran no sólo con los casos de abuso sexual de menores por el clero en Europa y  Estados Unidos, sino en las regiones donde el catolicismo está creciendo más rápido como América Latina, Asia y, sobre todo, África, donde según Peter Schineller, un sacerdote jesuita que ha pasado veinte años en África, la transgresión de la castidad entre los sacerdotes va desde el acoso, la violación y el sexo consentido, hasta engendrar hijos. Schineller señala que en África los adultos con hijos tienen una posición social más alta que los adultos sin hijos. Además, los sacerdotes a menudo están aislados, separados, y las tentaciones son muy fuertes.

En una investigación llevada a cabo en 2001 por la National Catholic Reporter y publicada el nueve de marzo, se puede leer en el Memorándum presentado por Sor Marie McDonald (de Misioneros de Nuestra Señora de África), que el acoso sexual e incluso violación de las hermanas por sacerdotes y obispos es supuestamente común. A veces, cuando una hermana se queda embarazada el sacerdote insiste en el aborto. La hermana por lo general es despedida de su congregación, mientras que el sacerdote es trasladado a otra parroquia. Otro problema es que muchas hermanas son económicamente dependientes de los sacerdotes que solicitan favores sexuales a cambio de su ayuda financiera. Además, los sacerdotes se aprovechan de la dirección espiritual para pedir esos favores sexuales.

El abuso sexual de las religiosas es el principal problema de la iglesia católica en África y son varias las causas apuntadas en los informes procedentes de las congregaciones diocesanas, como el voto de celibato/castidad, que no es de gran valor en aquellos países donde el matrimonio es el objetivo principal, aunque como el precio de la novia es demasiado alto, la opción alternativa que se presenta a las jóvenes es la vida religiosa.

Otra causa proviene del status inferior de la mujer en la sociedad y en la iglesia. A una hermana le resulta imposible rechazar a un sacerdote que le pide favores sexuales, pues han sido educadas para estar al servicio y obedecer al varón que se ve como una figura de autoridad. Como los sacerdotes recibieron una formación teológica más avanzada, pueden utilizar falsos argumentos para justificar sus solicitudes de sexo, como este de: Ambos somos célibes consagrados. Esto significa que prometimos no casarnos. Sin embargo, podemos tener relaciones sexuales sin romper nuestros votos.

Por otra parte, las monjas también tienen un lugar único en el panorama sexual, en un universo donde el SIDA está muy extendido. Para muchos, el sexo con monjas se piensa que es seguro; algunos incluso se imaginan que podría tener efectos positivos o poderes curativos.

Pero quizás, lo peor de los abusos cometidos con las mujeres religiosas en África ha sido, como en el caso de los abusos a menores en otras partes del mundo, la conspiración del silencio en torno a esta cuestión. El encubrimiento de la violación de menores y el abuso sexual de religiosas, proviene de la consideración que tiene la jerarquía católica sobre la violación y el abuso como un pecado, en lugar de cómo un crimen. De ahí la insistencia en el perdón, el arrepentimiento y la terapia de los pecadores, en lugar de la investigación, persecución y expulsión de los delincuentes. En el fondo tratan de mantener la reputación de la jerarquía eclesiástica por encima del deber para con su iglesia, utilizando la autoridad que una religión secular les proporciona para ocultar sus más oscuros y terribles secretos.

Pese a que el Vaticano siempre ha tenido conocimiento de todos estos pecados y delitos, su respuesta ha sido el ocultamiento de los hechos y la exaltación de la castidad. En 2005, cuando Benedicto XVI viajó a África se refirió a la cuestión del celibato de manera explícita. Instó a los obispos allí para abrirse plenamente a servir a los demás como lo hizo Cristo, abrazando el don del celibato. Sin embargo ya hemos contado en otra ocasión (“Pedofilia o barbarie”), que hasta que en 1073 Gregorio VII impuso el celibato, en esos diez siglos de vida cristiana, además de San Pedro otros seis papas vivieron en matrimonio y hasta once papas fueron hijos de otros papas o miembros de la iglesia. Por tanto, ¿porqué fundamentar el funcionamiento de la estructura eclesiástica en el celibato y la castidad? ¿Debe una persona ser casta para ejercer el cargo de sacerdote? ¿Se puede condenar a un, o a una joven adolescente a no conocer jamás el desarrollo normal de su cuerpo, a no tener contactos emocionales o sexuales sin temor?

Sean cuales sean las respuestas, lo cierto es que la sexualidad de sacerdotes, obispos y cardenales no remite con los votos de castidad, y está expuesta, como señalaba el obispo de Chiapas al medio ambiente erotizado que hace muy difícil sustraerse a las tentaciones del abuso y la violencia sexual. Si de verdad quieren acabar con los abusos en el seno de la iglesia católica y convivir en un plano de igualdad, dignidad y respeto, no lo duden, pronuncien bien alto este lema: ¿Castidad? No, gracias.

PEDERASTIA y HOMOSEXUALIDAD

Una primavera en pleno ruido social, más bien atronamiento, gracias a la atmósfera creada por la crisis económica, a la que se suman los casos del juez Garzón por investigar los crímenes del franquismo, la corrupción en las filas del Partido Popular desde que anidara en los gobiernos de Aznar, las guerras interminables en Afganistán, Pakistán, Irak, Palestina, los abusos de poder, la violencia de género y contra el diferente, etc., etc., etc. En definitiva, una primavera con todo un sinfín de titulares con los que amenizamos nuestros días, y en donde no puede faltar un grupo institucional que presume de inmanente, permanente e infalible: la cúpula de la iglesia católica.

Porque para los prelados y altos cargos de la curia, las manifestaciones de carácter público son su sustento moral. En este cometido están las manifestaciones de los altos cargos de la jerarquía eclesial, como el secretario de Estado Tarcisio Bertone, que relacionó en Chile homosexualidad y pederastia. Como esas manifestaciones trajeron cola, el portavoz del Vaticano Federico Lombardi, salió a apagar el fuego con nuevas declaraciones pretendiendo matizar las palabras de Bertone, señalando que este se refería tan sólo al ámbito de la iglesia y no de toda la población.

Acabáramos, son los curas homosexuales quienes practican el abuso deshonesto de los niños; es decir, los sacerdotes pederastas practican el abuso sobre los niños porque son homosexuales, por que en lo referente a la homosexualidad las autoridades eclesiásticas no estiman de su competencia realizar afirmaciones generales de carácter específicamente psicológico o médico, para las cuales remiten a los estudios de los especialistas y a los expertos en cada materia. Caramba, la homosexualidad es cosa de expertos en diagnósticos sobre normalidad/anormalidad, sobre salud y enfermedad; es decir, entienden que la homosexualidad es una patología sobre la que la iglesia no se pronuncia porque no se siente competente.

Pues vaya, este bombero pretende apagar el fuego arrojando gasolina, aunque no es la primera vez que el Vaticano relaciona homosexualidad y pedofilia. Lo hizo el promotor de justicia (fiscal) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Charles Scicluna, cuando dijo que de los tres mil casos de abusos a menores analizados desde 2001 en su despacho, el 60% son actos de efebofilia, es decir, de atracción por adolescentes del mismo sexo, y otro 30% de tipo heterosexual. La distinción técnica entre efebofilia y pedofilia, que gradúa las penas canónicas que aplica el Vaticano, sirve así para minimizar el fenómeno y suavizar las condenas.

Condenas eclesiásticas, condenas por los pecados cometidos y no condenas penales por los delitos de violencia y abuso sobre menores. En esa disposición está Benedicto XVI ahora que todo sale a la luz, cuando sigue hablando de pecados y no de delitos: “Los cristianos, en los últimos tiempos, hemos evitado la palabra penitencia, que nos parecía demasiado dura. Ahora, bajo los ataques del mundo que nos hablan de nuestros pecados, vemos que es necesario hacer penitencia y reconocer lo que hay de equivocado en nuestra vida”.

Y es que el problema viene de lejos, de cuando se llamaba Ratzinger e investigaba los abusos de sacerdotes, sosteniendo que los clérigos acusados no debían ser entregados a las autoridades seculares. En 2001, escribió de forma confidencial a los obispos de todo el mundo, que primero se debía investigar en el más absoluto secreto y dentro de la iglesia a fin de evitar la histeria del público y la publicidad en los medios. Pero el secreto es un lujo que ya no está a disposición de Benedicto XVI. Las recientes revelaciones de escándalos de abuso sexual en Europa han roto la percepción de que los sacerdotes depredadores son una anomalía de América. Cientos de acusaciones, de Irlanda, Australia y ahora Europa están profundizando en la crisis de una jerarquía eclesiástica que nunca estuvo con la iglesia, todavía empeñada en salvarse sin el concurso de la sociedad.

A VUELTAS CON GARZÓN

Esto lo escribí el dieciocho de marzo de 2010

En los últimos meses nos hemos habituado a las noticias que señalan al juez Baltasar Garzón, no como el  juez de la Audiencia Nacional que a lo largo de veinte años se ha dedicado a someter a la justicia los crímenes de Pinochet, el terrorismo de ETA y el fundamentalismo islámico, el narcotráfico, la delincuencia económica, las mafias organizadas, la corrupción política y los crímenes de Estado; sino como el juez sometido a una campaña política y judicial sin precedentes, dirigida a deshacerse de él y evitar que continúe con su actividad. Precisamente en estos momentos, el Tribunal Supremo está considerando el procesamiento y la suspensión del Juez Baltasar Garzón.

El Tribunal Supremo ha admitido hasta tres querellas en su contra. La primera querella por un posible delito de prevaricación, fue admitida a trámite en mayo de 2009 por acusación del sindicato ultraderechista Manos Limpias, a propósito de la investigación abierta por Garzón para averiguar posibles delitos cometidos por el franquismo y durante la guerra civil, y está relacionada con la exhumación de decenas de miles de víctimas de la represión franquista. En esta querella, a Garzón se le acusa de incumplir la Ley de Amnistía de diciembre 1977, que hizo posible la elaboración de la Constitución de 1978 y su aprobación en Referéndum. Sin embargo, numerosos juristas sostienen que el derecho internacional es claro al respecto, y que ni los crímenes contra la humanidad ni los presuntos autores de tales delitos pueden ampararse en leyes de amnistía nacionales, pese a que estas leyes han podido servir en su momento para alcanzar una situación de paz social o de transición, como ocurrió en nuestro país con el paso de la dictadura a la democracia.

Una segunda querella por prevaricación (según el orden temporal de admisión por el Supremo) se formuló a propósito de unos cursos académicos organizados en Nueva York con financiación parcial del banco Santander. Las declaraciones de las entidades han dejado fuera de toda sospecha al juez por lo que es de esperar que esta querella no prospere.

Finalmente, el Supremo ha admitido en pocos meses la tercera querella por prevaricación contra Garzón, esta vez a causa del procedimiento por el que ordenó las escuchas en la cárcel de las conversaciones mantenidas entre los letrados del caso Gürtel y sus clientes imputados, y en la que se ha personado el mismísimo presunto cerebro de la trama Gürtel, Francisco Correa. Tiene narices que una de las mayores tramas de corrupción política de nuestra historia sea capaz de librarse de la justicia porque el juez que instruye su causa, puede ser encausado a su vez por los mismos delincuentes que pretendía juzgar.

A este paso todos los mafiosos del mundo, los criminales, los narcotraficantes, dictadores y asesinos buscarán refugio en España, sabedores de que si son detenidos y es Garzón quien instruye, podrán contar con el respaldo y el apoyo de jueces y políticos o, mejor dicho, jueces politizados y políticos amigos de la judicialización de la política, que desbaratarán las acciones de Garzón hasta dejarlos libres y con honores.

Los políticos que no hacen política, ajenos al sentir de la ciudadanía y cada vez más lejos de la realidad ciudadana son considerados uno de los principales problemas que tenemos en España. La próxima encuesta del CIS es posible que mejore la posición de los políticos pero será a costa de la creciente crítica a la Justicia y del descrédito del poder judicial, por su clara politización, por su inmersión en la ciénaga en el que se amalgaman intereses personales, envidias corporativas y fidelización partidaria, que dejará muy lejos el Espíritu de Montesquieu y el dogma del constitucionalismo liberal acerca de la separación de poderes.

DAÑOS COLATERALES

Los daños colaterales de la crisis son reales, muy reales, y no son un eufemismo militar con el que se justifican las matanzas de civiles. Sabemos que esta crisis (económica, financiera, de empleo) está ocasionando daños en primer lugar entre los más expuestos, los más vulnerables, los más débiles: la población inmigrante. Y en segundo lugar entre el resto de la ciudadanía que ve como la oportunidad de integrar, incorporar este paisaje diverso a sus vidas, a la estructura social, se desvanece en beneficio de quienes exhiben con impudor los mensajes xenófobos de que los inmigrantes roban el trabajo a los autóctonos y se aprovechan de los recursos de un Estado del Bienestar, aún en mantillas.

Y resulta cuando menos curioso, que el mensaje “Esto lo arreglamos entre todos” a iniciativa de la Fundación Confianza formada por las Cámaras de Comercio y las principales empresas del Ibex 35, haga uso en su campaña publicitaria de personajes y personas que supuestamente son una imagen representativa de la sociedad, pero donde casualmente no aparece ningún inmigrante, auténtico emprendedor donde los haya, si tenemos en cuenta que es capaz de salir de su país, aprender otro idioma, habituarse a otras costumbres y realizar un sin fin de ocupaciones, dentro de un proceso de movilidad laboral como nunca han conocido los trabajadores europeos. Estos emprendedores, pese a que constituyen el 12% de la población española, han sido escamoteados e invisibilizados de la campaña de “entre todos”.

Para visibilizarlos se encuentran las políticas migratorias, que en tiempos de crisis ponen el énfasis en los retornos y el cierre de fronteras cuando la realidad migratoria nos habla de inmigrantes arraigados que buscan un futuro pese a las nuevas adversidades laborales o de empleo, que buscan reagrupar a su familia frente a las leyes que se inclinan por la separación y la división, y que intentan utilizar sus habilidades y capacidades pese a que las ofertas de empleo son siempre de poca o escasa cualificación, ignorando y despreciando el gran capital humano que a coste cero se ofrece al desarrollo del país.

La diferencia cuantitativa entre los que entran y salen, pese a que sigue siendo positiva, está muy lejos de cuanto ocurría hace tres años. Hoy son muchísimos menos y los desplazamientos son más por el interior del país. Y es que las corrientes migratorias son autónomas y responden a otro tipo de impulsos no necesariamente vinculados a la situación económica o de empleo de los países de destino. En estos momentos, las personas que llegan a España vienen con el afán de quedarse, reagrupar a la familia y asegurar el porvenir de las siguientes generaciones. No lo tienen fácil, pues mientras que la tasa de paro de los españoles alcanza el 17% de la población activa, la cifra se sitúa en el 30% entre los extranjeros.

La crisis les afecta mucho más que a los trabajadores autóctonos y ocasiona graves daños en su salud. El pasado viernes cinco de marzo, en el III Encuentro Internacional sobre Migraciones celebrado en la Universidad de La Rioja, escuchaba en una mesa integrada por representantes de asociaciones algunos relatos personales, como el de Fátima que tras años de trabajar en España donde tuvo a sus tres hijos le planteaban que volviera a su país. Qué debo hacer se preguntaba. Y aún recordaba que peor situación tenían otras personas que ayudaban con sus exiguas remesas a la familia que había quedado en el país de origen y, que al interrumpir los envíos, sospechaban que habían dejado de quererles o importarles su suerte.

En peores circunstancias se reconocía Zephirin, pues tras dieciséis años en España sin  haber visto una sola vez a su familia, y sin poder ayudarles en este momento, sufría porque tampoco podía volver con la sensación de fracaso, de haber perdido los años sin haber conseguido una pequeña meta que justificara ante los suyos tantos años de ausencia. La vergüenza del fracaso le producía depresión y ansiedad.

Tan sólo Nargis demostraba cierta entereza al hablar de la oportunidad que la crisis había traído a las mujeres de su comunidad, encerradas en sus casas al cuidado y crianza de los hijos, pero que en este momento necesitaban trabajar y, para ello, habín dispuesto aprender el idioma que hasta entonces no habían necesitado.

Pequeñas historias que recrean la coyuntura de la crisis en el campo de los ciudadanos más vulnerables, más precarios, más excluidos. Algunos con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises); con desarraigo social y sin apoyo familiar o de la comunidad de origen. Otros trabajando con alto riesgo para su salud o sin contrato, y con la responsabilidad de mantener a la familia que dejaron. Con problemas de comunicación o de costumbres, huyendo del choque cultural o del mestizaje. Con desconocimiento del alcance de los sistemas de protección social. Con problemas para regularizar su situación administrativa de una vez para siempre (unos disfrutan del estatuto comunitario por nacimiento o matrimonio mientras que otros se someten al régimen general o extracomunitario). Con problemas para reagrupar a su familia o para evitar su expulsión. Inestabilidad legal, fragilidad, segmentación, discriminación. Los daños colaterales de la crisis.

EL BURKA Y LA IDENTIDAD PERDIDA

Este artículo se publicó en Rioja2.com el diez de febrero de 2010. Sobre la Grandeur y monsieur Sarkozy y totalmente de acuerdo con Sami Naïr:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Burka/elpepiint/20100227elpepiint_9/Tes

Hace unos días, el primer ministro francés, François Fillon, mostraba una serie de medidas patrióticas con el fin de reforzar la identidad gala. Una identidad perdida, según el gobierno francés, ante la llegada de extranjeros que no han hecho suyos los símbolos y valores de la República, y que la atacan y socavan con sus manifestaciones antipatriotas, como se considera a las pitadas y silbadas de la Marsellesa cada vez que la selección nacional de fútbol juega contra un equipo magrebí, pese a que entre sus filas cuente o haya contado con jugadores de la talla de Zidane, verdadero icono de la juventud francesa de origen argelino.

Hace unos meses, el presidente Sarkozy estimuló un debate acerca de prohibir el uso de la vestimenta femenina, como el burka o el niqab, que es una prenda que sólo deja descubiertos los ojos, entre las integrantes de corrientes religiosas islamistas fundamentalistas, al advertir que el burka “no es bienvenido en Francia”. Sarkozy aprovechaba una decisión antecedente del Ministerio de Inmigración  e Identidad Nacional, de denegar la nacionalidad a un hombre que obligaba a su mujer francesa a vestir el burka. Ya en 2008, también se había denegado la nacionalidad francesa a una mujer marroquí, de la corriente salafista, que vestía con el velo integral.

Los parlamentarios de la mayoritaria UMP, consideraron que este tipo de manifestaciones públicas (vestidos y silbidos), deberían ser prohibidos en el espacio público, pues van contra  las señas de identidad francesa. Pero si bien la vestimenta es fácil de reglamentar su uso, más difícil lo tienen contra la voluntad libre de expresarse mediante silbidos, pitos y cuchufletas. De ahí que mediante el ardid del ministro de Inmigración e Identidad Nacional, al crear una página web para que los franceses se expresaran acerca de lo que entendían por identitario, y tras diferentes sondeos de opinión pública en los que más de la mitad de los encuestados se manifestaron en contra del uso del burka, el gobierno se sintiera respaldado para sacar una lista provisional de medidas en defensa de la identidad nacional.

Son medidas provisionales, pero que denotan el verdadero objetivo que enmascaran, que no es otro que la lucha contra el establecimiento de una sociedad multicultural y la imposición de una cultura homogénea, bajo el paraguas de la República. ¿O es que no resulta ridículo que una identidad tan poderosa como la francesa, que ha sometido bajo su bandera, su himno –la Marsellesa- y los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, a numerosos pueblos y naciones, pueda sentirse ahora amenazada por algo menos de dos mil mujeres musulmanas que utilizaban como vestimenta el burka?

Como en los aeropuertos, podría restringirse el uso de ciertas prendas si estas atentan contra la seguridad, o bien si se trata de prevenir la violencia o la delincuencia; pero nunca como un medio de limitar la libertad de las personas con el justificante de que van contra los valores culturales de la identidad. Por que los valores culturales son subjetivos y pertenecen a los ciudadanos y a los grupos de ciudadanos que los comparten, pero nunca al Estado, ni a su supuesta y falsa identidad colectiva. Ni siquiera es atribuible esta restricción a la supuesta defensa de las mujeres, pues para muchas mujeres musulmanas la vestimenta que las cubre parcial o totalmente es un signo de identidad y no un signo de sumisión. ¿Qué restricción podría imponerse a las mujeres que muestran y no cubren su cuerpo, parcial o totalmente? ¿Habría que obligarlas a cubrirse para no demostrar sumisión a los intereses libidinosos de los hombres? Resulta ridículo, casi tan ridículo como cuando se impuso la moda entre los adolescentes de mostrar su ropa interior, un modo más de construir su identidad, y algunos centros escolares impusieron sanciones por esta forma de vestir. Al final se impuso la voluntad individual de los jóvenes, y las normas acerca de lo que se entendía por corrección en el vestir se guardaron en el cajón demodé.

La identidad no puede forjarse restringiendo las libertades individuales, o los referentes que la soportan si estos son múltiples y variables. En suma, no se deben enfrentar las personas y las comunidades a las que se adscriben, por muy profundas que sean las diferencias étnicas, religiosas, de lengua, vestido o alimentación, etc. Hay que construir esa identidad mediante políticas inclusivas, que reconozcan a todos los mismos derechos, entre otros el de vivir y relacionarse en una sociedad que asuma los cambios culturales y la pluralidad de sus manifestaciones. Lo demás es practicar la búsqueda del santo grial, perdón, la búsqueda de la identidad perdida.

IDENTIDAD CIVICA, RACISMO Y DISCURSO ELECTORAL

Este artículo se publicó en Rioja2.com el veinte de enero de 2010. Entonces aparecieron dos ayuntamientos reclamando no empadronar a inmigrantes irregulares. Eso era un aperitivo por que sus verdaderas aspiraciones estaban próximas a las del Ku-Kus-Klan

No me considero parte de un colectivo que practica el buenismo. Soy más bien un malo con conciencia ciudadana o con identidad cívica, aunque el término puede que sea contradictorio. Por que los malos son siempre los cobardes y criminales con poder para someter a los ciudadanos, a los que consideran débiles piezas de un entramado socioeconómico que hay que disciplinar.

El caso es que no soy practicante del buenismo como me definen algunos amontillados y agrestes amigos, simplemente señalo con convicción que la discriminación y el racismo son hijos del miedo y la ignorancia. Miedo al otro, al diferente, al extranjero; e ignorancia y alienación por una representación de la inmigración plagada de estereotipos negativos, paternalistas y discriminatorios.

Se aduce que la identidad catalana, riojana, española o europea, se ha construido desde un pasado mítico que conjuga la democracia, el cristianismo, el mercado y el respeto a los derechos humanos; mientras que los otros, a los que se describe como enemigos de la democracia (terroristas), moros o judíos (principalmente musulmanes), pobres y practicantes de toda clase de infamias como poligamia, ablación, lapidaciones, etc., disponen de una identidad desconocida y por ello temida. Desde una perspectiva sociocultural, la identidad del otro se presenta como la un enemigo económico, político, social y cultural al que batir.

Es de este modo como el racismo cumple la función de categorizar, colocar y discriminar a ciertos grupos religiosos, étnicos o sociales; construyendo al mismo tiempo, un discurso que justifica, sostiene y legitima ciertas prácticas orientadas a segregarlos y excluirlos. A lo largo de la historia, los movimientos migratorios y las minorías étnicas han sido siempre objeto de estereotipos criminales, así como fuente de problemas de higiene, salud, contagio y contaminación cultural.

La propuesta de vergonzantes gobiernos municipales de no empadronar a los inmigrantes “sin visado” y clandestinizar a los inmigrantes irregulares, puede tener cierto éxito electoral en un contexto de crisis económica; pero aumentará de inmediato la pobreza de los inmigrantes y su exclusión del espacio público. Al impedir el empadronamiento, no sólo se impide el acceso a los bienes y servicios públicos que los ciudadanos disponemos para el consumo de todos aquellos que los necesiten, sino que también se dinamita el puente que permite, que los que se encuentran en situación irregular, puedan acceder a la legalidad mediante el arraigo social o la regularización colectiva.

Uno de los discursos que mas daño esta haciendo a los inmigrantes, perjudicando su integración social y su relación armoniosa con la sociedad de acogida española, es el discurso de que los inmigrantes están sobreprotegidos y hacen un uso masivo e intensivo de los servicios públicos (son los que se quedan con las viviendas protegidas; como tienen muy mala salud colapsan centros y hospitales, y como además tienen muchos niños están ocupando las aulas de nuestros hijos).

Es un discurso que provoca peligrosamente el desarrollo del prejuicio xenófobo que acaba convirtiéndose en pura gasolina que utilizan en sus incendios los grupos racistas, pero que a efectos electorales vuelca el malestar de los ciudadanos pusilánimes, no contra los políticos como sucede actualmente, sino contra los débiles y oprimidos, contra los extranjeros e inmigrantes excluidos.

Ya  decía al principio que no pertenezco al colectivo que destaca por su buenismo, por que creo en el hombre, es cierto, pero no creo en la clase política. Como señalaba Mark Twain: “No conozco ningún grupo que sea criminal por naturaleza, con la posible excepción de la clase política”.

HACER POLITICA EN AUSENCIA DE POLITICOS

Este artículo se publicó en Rioja2.com el catorce de enero de 2010. Comento los resultados de encuesta que perfilan a los profesionales de la política como uno de los principales problemas de los españoles.

La clase política preocupada y ocupada por intereses electorales, ajenos como están de las demandas y necesidades ciudadanas, embarcados en la bronca y mediatizados por la política clientelar, ignoran la vida ciudadana si no se ven forzados a reconocerla por la huella mediática que les refleja algo de lo que sucede más allá de los despachos. Así lo indican los dos últimos barómetros (diciembre y noviembre) elaborados por el CIS, donde la clase política y los partidos políticos aparecen como el tercer principal problema de los españoles, por detrás del paro y la economía y por delante, nada menos, que del terrorismo, la inmigración, la educación o la vivienda.

Cuando la clase política y los partidos políticos viven ajenos a la ciudadanía esta no sólo muestra su desafecto hacia ellos, sino que aumenta el número de ciudadanos que hacen la política a su alcance; es decir, una política de proximidad, una política bajo, con, de, desde, hacia, hasta, para, por, según, sobre, tras la cosa pública. La ciudadanía comprometida con la sociedad no ha dejado de hacer política nunca, y a ella se van sumando cada vez más grupos, asociaciones, organizaciones y movimientos ciudadanos de toda índole, participando en la vida ciudadana de modo reivindicativo y transformador.

Los grupos de edad más jóvenes, mientras las encuestas ofrecen un panorama desolador hacia la participación en la contienda entre partidos políticos a través de su participación en las citas electorales (pasan de votar), la realidad nos los muestra como uno de los grupos ciudadanos más activos en la transformación y el cambio social. Desde la reivindicación de otro mundo es posible, hasta sus acciones a favor de la educación pública, el laicismo y el respeto hacia los demás; promoviendo relaciones de igualdad entre los sexos, integrando a los excluidos y a los sin papeles en su actividad, luchando contra la especulación inmobiliaria mediante la ocupación; promoviendo la autogestión y la participación y favoreciendo la democracia participativa, han demostrado ampliamente que no son ajenos a la actividad política.

Otros grupos de edad, invisibilizados a causa de políticas asistencialistas de corte electoral; es decir, los mayores de cincuenta y cinco años, también son ciudadanos comprometidos con la conservación y la sostenibilidad de una sociedad justa y solidaria y para ello se inscriben en asociaciones, organizaciones y movimientos sociales de corte solidario en apoyo de los más débiles, los enfermos o los excluidos, entregando buena parte de su tiempo ocioso a estas labores. Sin su concurso, sin su actividad productiva y no remunerada, nuestras ciudades dispondrían de auténticos vertederos humanos. Y sin su concurso tampoco sería posible el sostenimiento del Estado del Bienestar, en un momento en que se insiste tanto en que las míseras pensiones son insostenibles en un sistema de capitalismo avanzado. Ellos (principalmente las mujeres) más que ningún otro grupo colaboran en el sistema de servicios sociales cuando el Estado no llega a cubrir la demanda básica.

Y qué ocurre en el huerto riojano, pues más de lo mismo; es decir, prácticamente nadie cree que los representantes públicos sean muy honestos con la ciudadanía y sólo uno de cada cuatro, un  24%, los considera bastante honestos. Por el contrario, la gran mayoría de los riojanos (70,8%) califica a los dirigentes políticos de poco o nada honestos según los datos del último barómetro de opinión elaborado por la consultora Riocenter. La última muestra de desafecto político hacia los ciudadanos ha sido la bronca organizada por los kikos neocatecumenales y las cucas camorras en torno a un calendario municipal. Como no disponen de cultura política, ni saben desarrollar una actividad política con el apoyo y la participación ciudadana, deciden aprovechar el turbio manejo de los medios afines (no haré publicidad de Intereconomía, COPE o Vocento), para enturbiar aún más su paso o paseillo por la política.

Es inevitable, no se les puede pedir coraje a quienes odian la convivencia democrática.