VIVIENDAS ASEQUIBLES

Hay que reconocer que el mercado inmobiliario está haciendo una magnífica labor educativa. Gracias a él, una generación entera ha aprendido conceptos que no figuraban en sus planes de estudio: rentabilidad por metro cuadrado, avales, fianzas, euríbor y esa misteriosa categoría de inmueble llamada «asequible», que suele significar que si estiras los brazos puedes tocar dos paredes a la vez.

Buscar un piso para vivir se ha convertido en una actividad parecida a buscar vida inteligente en otro planeta: hay anuncios, fotografías y muchas expectativas, pero las posibilidades de encontrar algo habitable a un precio razonable son aproximadamente las mismas. Una de las grandes innovaciones de nuestro tiempo, es que, si tienes dinero, puedes acceder a una casa; pero si no lo tienes, puedes demostrar que eres perfectamente capaz de pagarla durante los próximos treinta o cuarenta años, aunque eso ya parece una extravagancia.

El problema es que seguimos teniendo la absurda costumbre de querer vivir cerca del trabajo, incluso próximos a nuestros familiares y amigos. Qué falta de ambición. Con un poco de esfuerzo podríamos dormir perfectamente en otro pueblo o en otra provincia y dedicar horas diarias al desplazamiento.

Por su parte, alquilar exige ahora una pequeña ceremonia de iniciación. Nóminas, contrato, aval, referencias, depósitos y, si se tercia, una declaración jurada de que uno no tiene intención de vivir indefinidamente. Todo para demostrar que puede pagar una cantidad mensual que, curiosamente, se aproxima o supera el 50% de un salario completo.

Y mientras tanto seguimos utilizando la palabra «asequible» con una alegría admirable. Asequible para quién, sería una pregunta interesante. Quizá para un fondo de inversión. Quizá para alguien que considere normal pagar 900 euros por 70 metros cuadrados y describirlo como «una oportunidad».

Resulta extraño que pedir precios razonables se haya convertido en una exigencia radical. Se pide algo bastante menos ambicioso: un lugar digno donde vivir sin que el contrato de compra o alquiler se coma el futuro. Porque una ciudad no puede ser únicamente un escaparate de inmuebles que la mayoría mira desde fuera. Y quizá haya llegado el momento de recuperar una vieja idea, casi revolucionaria: que las casas sirvan para que la gente viva en ellas.

EL ALQUILER

La característica predominante de la exclusión social en España es su gran heterogeneidad, con diferentes y diversos itinerarios que cada vez se relacionan más. Es un fenómeno multicausal donde se combinan y asocian factores estructurales e individuales, y que en general ha sido categorizada a partir de las situaciones problemáticas de carácter laboral (pérdida de empleo, parados de larga duración, etc.), y social (discapacidad, divorcio, aislamiento, marginación, inadaptación, etc.). De entre todos ellos, la pérdida o ausencia de la vivienda ha sobresalido, pese a que en la última década (2015-2025), las ejecuciones hipotecarias y desahucios en España han mostrado una tendencia descendente generalizada tras el pico de la crisis financiera, aunque con repuntes puntuales.

Y si bien los desahucios hipotecarios han bajado, los derivados del impago del alquiler pasaron a ser mayoritarios, representando cerca del 75% del total recientemente. En La Rioja, en 2025, se registró el menor número de desahucios en más de una década y contabilizó 85 ejecuciones hipotecarias sobre vivienda habitual, la cifra más baja desde, al menos 2014, cuando fueron 333, lo que se traduce en un descenso en este periodo de cerca del 75%. Es más, el número no bajaba del centenar en todos estos años. Sin embargo, la portavoz del Sindicato de Vivienda de La Rioja que sustituye a la Plataforma de afectados por la hipoteca destacaba que los desahucios por la falta de pago  de alquiler superan a los hipotecarios, respondiendo a la actual tendencia de un mayor número de viviendas en renta que en propiedad.

Y es que el mercado está experimentando una transición de un modelo tradicional de propiedad a uno con mayor presencia del arrendamiento, aunque continúa siendo minoritario en España. La exigua oferta de vivienda protegida en alquiler aumenta la insuficiencia de la vivienda social, que se constata en el esfuerzo económico de los inquilinos que destinan de media un tercio de sus ingresos netos al pago del alquiler, superando el 100% en zonas tensionadas como Madrid o Barcelona. Por su parte, el alquiler en La Rioja cerró 2025 con un aumento cercano al 10%. Y en Logroño, según el sistema estatal de referencia del precio del alquiler de vivienda, una persona con ingresos de 2000€ dedica el 37,87% al alquiler.