IDENTIDAD

Han finalizado las fiestas de la vendimia y es el momento de preguntarnos qué es eso de la identidad riojana, o por qué se habla continuamente de los referentes identitarios de La Rioja, tanto en prensa, radio y televisión, como en todo acto o discurso institucional de las fiestas, sin que ninguno acierte a señalar o enumerar qué o cuáles referentes son los que definen esa identidad de los riojanos, trasladando en sus discursos, tópicos como el vino, la virgen, la danza, la jota o las chuletillas al sarmiento.

Y no se ponen de acuerdo, simplemente porque la identidad supuestamente riojana, está conformada por múltiples identidades, cada una de ellas perteneciente a una subcultura, o un grupo con sus particulares referentes, al que nos adscribimos, pero que no es el mismo en el que participan todos los riojanos

La percepción del mundo proviene de los referentes simbólicos compartidos colectivamente en cuanto miembros de una cultura o subcultura. En este sentido, todos pertenecemos a diferentes subculturas, o grupos de personas con las que nos identificamos, y desde los que logramos una existencia social al cambiar e intercambiar de forma articulada los referentes significativos a escala individual con nuestra pertenencia colectiva.

De este modo, la sociedad riojana se nos representa como un conjunto heterogéneo de individuos que se agrupan y disocian permanentemente al albur de intereses subyacentes al desarrollo de su personalidad social; donde las relaciones se establecen no sólo entre individuos, sino principalmente entre grupos de individuos, grupos que se caracterizan a sí mismos como formando parte de una cultura, adscribiéndose a conjuntos de referentes simbólicos desde donde los individuos logran la identificación con los demás integrantes o/y pertenecientes a dichos grupos.

Por todo ello no podemos hablar de una cultura riojana, ni de una identidad riojana, sino de múltiples subculturas que se estructuran en torno a distintos y diversos referentes identitarios, como el clarete y el tinto, la UDL y la SDL, el pañuelo rojo, azul o burdeos, taurinos y animalistas, etc. Y todos ellos, en su conjunto diverso conforman múltiples adscripciones a diferentes grupos con los que nos identificamos, y que vulgarmente denominamos como propios de la identidad riojana.

TRADICIONES FESTIVAS

Ya han pasado las fiestas locales, regionales, junto al puente y la semana, cuando no la quincena, en las que como manda la tradición, una buena colección de logroñeses parte con premura hacia las playas levantinas para recalar en la ciudad por excelencia que es Benidorm. Y esto a pesar de que inevitablemente hemos disfrutado, reído, jugado y representado todos los papeles que nos han dado en cualquiera de los escenarios festivos, y desde nuestra más temprana infancia hasta bien entrada nuestra adultez. También, llegados a este punto, nos hemos aguantado, aburrido y sufrido con las mismas fiestas en las que antaño nos sumergíamos con pasión.

Y es que, en definitiva, en tiempos de masificación y estandarización de las fiestas nos encontramos en ese espacio-tiempo liminal en que ni amamos ni odiamos el periodo festivo, pero que nos impele a huir, a salir y encontrar una oportunidad de disfrute del tiempo de fiesta, aunque en otra dimensión alejada de la que nos propone periódicamente la ciudad. Siempre hay esperanza.

Si tuviéramos más vuelos o más trenes, con salidas programadas a los diferentes lugares que se  representen como la antítesis de la cotidianidad del acontecer festivo, ya conocido e interiorizado tras un cúmulo de experiencias de todo tipo, estoy convencido que la ciudad quedaría convertida en ese gran teatro, en el que salvo los actores, todos los asistentes son paradójicamente ajenos a la ciudad y a su tradición festiva, la cual encuentran estimulante, mientras que los lugareños serían los foráneos en sus destinos, que disfrutarían por su novedad.

De todo esto son conscientes las agencias de viaje, que ya desde el comienzo de la primavera promueven tours y/o viajes individuales para todos aquellos ciudadanos que saben aprovechar la ventaja del tiempo festivo local para salir, precisamente de ese entorno inhábil para el trabajo, pero válido para el ocio y el descanso. Y no sólo la hostelería, también las compañías teatrales, musicales o de danza, aprovechan ese tiempo festivo para expandir sus actuaciones y aumentar su bolsa y prestigio. Y es que hay tradiciones festivas que crean empleo y riqueza, expandiéndose por toda la geografía del turismo patrio.

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