DESARRAIGO MIGRANTE

Hace pocos días la comunidad senegalesa en España celebraba la victoria de Senegal ante Marruecos en la Copa de África. Una celebración marcada por la diáspora y la identidad, principalmente en las provincias de Barcelona, Madrid, Almería y Girona, donde esta comunidad, básicamente masculina (aproximadamente el 75-80%), está vinculada a sectores como la agricultura, la construcción y el comercio ambulante. Las mujeres senegalesas, aunque son minoría, han experimentado un crecimiento constante en la última década, gracias a los procesos de reagrupación familiar y a una creciente migración femenina autónoma.

No sólo en la comunidad senegalesa, sino también en cualquier otra comunidad migrante, cuando un miembro de una familia emigra, además del costo económico se asumen los costos afectivos, tales como la separación de los cónyuges, el impacto emocional de los hijos que permanecen en el lugar de origen, o de los padres que viven la etapa de la vejez sin la presencia de sus descendientes. Y si bien se siguen manteniendo lazos permanentes con los familiares en el país de origen, aliviando parcialmente el desarraigo de la separación, gracias al desarrollo tecnológico de las comunicaciones y el apoyo de las redes, lo cierto es que las relaciones afectivas se resienten y se viven momentos de crisis, tanto para el miembro de la pareja que se va, como para el que permanece.

Para el hombre que se va, la familia no puede brindarle al emigrante el apoyo psicológico y afectivo que requiere, lo que lo induce a cierta inestabilidad. Y para las mujeres que se quedan, más allá de la soledad tras la separación y del sentimiento de nostalgia que pueden sentir por la separación, se les une en muchos casos el sentimiento ambivalente de sentirse “liberadas” al empezar a gestionar ellas solas el presupuesto familiar –con las remesas que reciben– y a gozar de niveles de autonomía en la organización de su tiempo, inimaginables en el seno de la familia nuclear convencional, en la que la carga de trabajo reproductivo es mayor. De este modo, y para estas mujeres, la salida del cónyuge puede suponer alcanzar cotas de mayor autonomía y afirmación de sus derechos, al asumir la función de gestora de la economía familiar gracias a las remesas.

MENORES INMIGRANTES Y SIN PAPELES EN ESPAÑA: LIMBO LEGAL Y DESINFORMACIÓN

Mi amigo Mohamed El Gheryb me envía la siguiente información desde que el niño llega en patera. La Cruz Roja examina su estado de salud. La Policía le interroga. Verifica sus datos personales. Y es enviado a un centro de acogida. Es el prólogo burocrático al que se enfrenta cualquier menor de edad no acompañado que atraca en las costas españolas. Su destino es, a partir de entonces, una fórmula imperfecta de carisma, actitud y azar. Sobre todo azar. La proliferación de centros de menores en España, la ausencia de cifras oficiales –se calcula que miles de niños viven bajo la tutela de las CC AA– y la opacidad organizativa que opera a su alrededor impiden sacar conclusiones genéricas sobre estas instituciones. Pero hay irregularidades que se suceden de forma sistemática en todo el territorio nacional.

Hay irregularidades que se suceden de forma sistemática en todo el territorio nacional Organizaciones a favor de los derechos de la infancia coinciden al denunciar que este tipo de centros ocultan información a los menores para evitar su nacionalización a pesar de que la ley permite iniciar el proceso legal a las personas con dos años de residencia en España. «Sus propios tutores evitan que inicien los trámites y descartan así la posibilidad de que se conviertan en ciudadanos españoles», matiza José Palazón, presidente de la Asociación Prodein. Una conducta que compromete el futuro de estos niños inmigrantes.

Los jóvenes son obligados a abandonar la institución al cumplir la mayoría de edad en situación irregular. Son detenidos por la Policía y expulsados del país. Por ejemplo, el 85% de los jóvenes inmigrantes en Melilla son deportados una vez cumplidos los 18 años. El elemento xenófobo y la prevención de conflictos burocráticos entre los centros y las CC AA podrían ser los principales móviles de la indiferencia institucional.

Las consecuencias de esta actitud política multiplica los problemas sociales. Los inmigrantes se escapan de los centros antes de cumplir los 18 años para evitar ser expulsados. Y los jóvenes deportados son carne de bajos de camión. Las ONG denuncian la doble moral de las instituciones. «El Gobierno invierte dinero y recursos humanos en la manutención y formación de estos jóvenes para después abandonarlos a su suerte». El colectivo catalán Drari دراري considera que el Estado debería de proteger a estas personas una vez cumplida la mayoría de edad aunque fuese «desde el punto de vista egoísta de la productividad».

Marruecos es el Talón de Aquiles del conflicto. Las cifras oficiales de niños procedentes del reino alauí acogidos en España son una incógnita. Pero según datos de Europa Press, sólo en Andalucía más de 800 niños continúan bajo la tutela de la Junta tres años después de que el Gobierno español firmase con Marruecos un acuerdo para agilizar las repatriaciones.

El tema es arduo y complejo. Las ONG aplauden que España exija a Marruecos garantías sociales antes de repatriar a los menores. Pero denuncian la inercia y la desprotección a la que se ven sometidos los niños. «Hay casos de familias desestructuradas que no podrían proteger a sus hijos. Pero hay niños que han viajado voluntariamente sin el permiso paterno que necesitan a sus padres y sus padres les necesitan. Y, 1.000 días después, siguen a 500 kilómetros de distancia», matizan desde Drari دراري

Las ONG denuncian que los niños son el último filón de negocio político entre ambos países. Marruecos está ‘saturado’ de niños de la calle. Así que renuncia a su protección por ser «entes molestos» y porque económicamente –envían remesas a sus familias y el dinero entra en el circuito financiero marroquí– son rentables. Al otro lado del Estrecho, se hace la vista gorda. Y así, las relaciones diplomáticas no se resienten.

El 15 de septiembre del año pasado llegó a las costas españolas, en concreto a Tarifa (Cádiz), la primera patera infantil, tripulada sólo por menores. En ella viajaban seis niños, todos varones y de origen magrebí. La embarcación era una balsa hinchable de juguete. Al parecer, cada vez vienen más menores porque saben que en España no se les devuelve a sus países de origen.

Col•lectiu DRARI دراري d’Investigació Acció Participativa pels Drets de l’Infant

Asturies. Colectivo Social y Justicia Calle Belmonte Miranda 4º entresuelo D 33201 Xixón Asturies Fx 985 35 99 15 Tf 635 773 540 <dialogandomucho@gmail.com> http://www.socialyjusticia.blogspot.com http://www.menoressolos.blogspot.com
La Rioja. Asociación La Tavaya <latavaya@yahoo.es>
Castilla León. Colectivo Saltando Charcos <saltandocharcos@yahoo.es>
Asamblea contra los Centros de Menores Cerrados <comunicacion@centrosdemenores.com>, <centrosychicxs@hotmail.com>
Colectivo No a O´Belen <noaobelen@hotmail.es>
Coordinadora de Barrios para el Seguimiento de Menores y Jóvenes http://www.coordinadoradebarrios.org Calle Peironcely 2. 28053 Entrevías Madrid <coordinadora@coordinadoradebarrios.org> 914 778 578 Fx 914 778 399
CEAR Comisión Española de Ayuda al Refugiado http://www.fundacioncear.org/menores Calle Noviciado 5. 28015 Madrid Cear Estatal Menores <menores@cear.es> Cear Madrid Menores <menoresmad@cear.es> 915 550 698, 91 555 29 08 Fx 915 555 416

POR LA DIGNIDAD Y LA VIDA DE AMINETU HAIDAR

Este artículo se publicó en Rioja2.com el nueve de diciembre de 2009, cuando la postura inflexible de Aminetu Haidar, de dejarse morir si no se le devolvía su identidad saharahui, había movido las conciencias de políticos y diplomáticos empeñados en echar un montón de arena sobre el pueblo saharahui hasta hacerlo desaparecer.

Sólo quien se ponga en el lugar de Aminetu y asuma consecuentemente sus decisiones podrá opinar acerca de si hay que forzar su empeño de no alimentarse hasta recuperar el pasaporte (aquél que Marruecos tardó quince años en expedirle, y  que le impide volver a su casa donde le aguarda su madre española y sus hijos), o bien se debe cumplir su voluntad de no alimentarse, hasta la muerte si fuera necesario, mientras se le siga privando de sus derechos fundamentales.

Pero este no es el debate que atraviesa nuestras conciencias. No somos nosotros quienes debemos optar entre la vida o la dignidad de una persona; ni siquiera creo que ese sea el debate de los gobiernos (salvo quienes estén interesados en desviar la mirada de la conculcación de los derechos fundamentales de las personas).

El verdadero debate se encuentra en esa realidad dejada pudrir de todo un pueblo (el saharaui) abandonado a su suerte desde 1975 (en medio de la nada del desierto argelino) por gracia de un vergonzoso proceso de descolonización (España y Marruecos) en el que desde entonces han intervenido nuevos actores (Francia, Argelia, la ONU y EEUU), para sostener el enquistamiento de las partes hasta el sometimiento de la más débil.

Pero el más débil (el pueblo saharaui, que no el Frente Polisario), tiene el apoyo solidario del pueblo español, y este no admite el empecinamiento de su vecino del sur en no dar la autonomía suficiente (si la independencia ya no es posible en un contexto territorial mestizo de marroquíes y saharauis), y la libertad necesaria para el desarrollo y devenir de las generaciones que no conocieron la guerra de sus padres, y que no deben pagar por tanto sus errores.

Y la solidaridad con el pueblo saharaui y por extensión con Aminetu Haidar, hace que nos sintamos agredidos por nuestro gobierno al permitir la irregularidad y la ilegalidad de admitir la entrada de Haidar en el aeropuerto de Lanzarote tras su deportación marroquí; y que nos sintamos humillados por los años de expolio de la identidad histórica del pueblo saharahui, y ofendidos por la debilidad de nuestro gobierno ante sus vecinos del norte y del sur (Francia y Marruecos) para imponer un acuerdo de las partes y una solución justa a las demandas de unos y otros.

Este es el verdadero debate. El que nos indigna y nos mueve a solidarizarnos con Haidar para que le devuelvan el derecho a volver con los suyos sin estigmatizarla como apátrida o extranjera en su tierra. El que incumbe a todas las generaciones saharauis exiliadas y sin futuro, y a todos aquellos que gritan por la salvación de la vida y la dignidad de Aminetu Haidar.