LAS COLAS DE INMIGRANTES

De entrada, confieso que estoy totalmente de acuerdo con los datos científicos que desde hace tiempo certifican el valor económico y social que la población migrante está influyendo en la sociedad española, en su crecimiento, y en su bienestar. Y de ahí también mi interés en rechazar todo tipo de bulos y mensajes xenófobos y racistas que partidos y organizaciones de derechas extienden como método de afiliación ideológica y voto cautivo. Bulos y mensajes que, a modo de slogan, se asientan sobre la prevalencia de las dimensiones de identidad nacional-cultural (“prioridad nacional”, “moros”), la competencia por recursos limitados (educación, sanidad y vivienda), el trabajo y la seguridad ciudadana.

Sin embargo, no son los discursos, ni los mensajes los principales medios de extensión de la xenofobia y el racismo, pues nuevas formas de producción se están extendiendo por el mundo a través de metáforas con las que simplifican el discurso sobre la población migrante mediante imágenes y símbolos en medios digitales.  Y es que en un mundo cada vez más hipervisual, lo icónico ha merecido muy poca o casi ninguna atención en el ámbito de las migraciones, a pesar de ser éste, un campo de conocimiento e intervención política especialmente iconizado, donde las metáforas visuales aparecen como condensación de las imágenes socio-políticas que se generan en torno a la inmigración.

Con ocasión del proceso de regularización administrativa extraordinaria para personas migrantes, cuyo plazo de solicitud comenzó el 16 de abril y estará abierto hasta el 30 de junio, hemos podido observar las largas colas que se formaron en oficinas de la Seguridad Social, Ayuntamientos, en ciertas oficinas de correos y por supuesto y de manera endémica ante las oficinas de extranjeros.

Las colas son un dispositivo institucional de regulación del acceso a un lugar, porque presuponen la existencia de un servicio y de unos usuarios. Pero las colas ante las oficinas de extranjeros por los trámites administrativos, forman parte del trabajo de categorización propio de la administración, y expresan prácticas de poder sobre dichos usuarios, que deben soportar la experiencia social de la espera en una cola. De este modo, las colas son la imagen mediática recurrente, que encierran toda la complejidad de la construcción, en la sociedad receptora de inmigrantes, de la categoría social del extranjero.

MENSAJES Y BULOS

Desde la escuela infantil, desde los primeros años en familia, se dota a los niños de la experiencia del lenguaje al descubrirles las palabras y su significado y, sobre todo, cuando construimos mensajes expresivos que van dando sentido a su existencia.
El lenguaje delimita lo que es importante, y de manera invisible también lo que no lo es, lo que debe ser entendido y lo que no. Por eso es tanto o más sustantivo atender a lo que no se dice como a lo que se dice. El contenido está también en la forma.
Ya adultos, la adquisición de cultura y el desarrollo de un pensamiento crítico nos permite formar un juicio propio y fundamentado sin necesidad de aceptar todo pasivamente, lo cual es esencial para la vida personal y profesional.
Así pues, considerando que todos hemos desarrollado mediante la comprensión profunda de la lectura cierto pensamiento crítico, podemos analizar y evaluar la información objetivamente, así como tomar decisiones, resolviendo problemas de forma creativa y evitando ser manipulados.
Ya sabemos que el bulo es la fabricación deliberada de información falsa o engañosa, diseñada para parecer verdadera con el fin de manipular, generar clics o influir en la opinión pública. Se origina aprovechando momentos de crisis, inseguridad o alta demanda de información, siendo propagada rápidamente a través de bots y redes sociales.
Los mensajes son construcciones sociales, y en tanto que construcción social exponen cómo se define el problema, cómo han acontecido unos sucesos determinados, quién debe ser señalado como responsable de los mismos y por qué, estando orientados hacia unos intereses concretos que responden a la puesta en circulación de un determinado punto de vista, que a su vez remite al mantenimiento de unas determinadas relaciones sociales de poder, dominación y explotación.
También, quien construye el discurso, mensaje o noticia, puede escoger interesadamente unas fuentes concretas dejando de lado otras con el objetivo de dar cuenta de una determinada visión de cómo han acontecido los sucesos, logrando el engaño o la manipulación.
Por todo ello, en un universo de imágenes de un minuto y tuits de 280 caracteres, es fundamental armarnos de un pensamiento crítico a través de la cultura.

INMIGRACIÓN Y CULTURA

Recientemente se ha dado altavoz en los medios a las propuestas de odio de las organizaciones y partidos de ultraderecha contra la inmigración. Tres son los mensajes que se han diseñado para que calen como dogmas de fe entre sus simpatizantes, a cuál más delirante. Uno referido a la inmigración que viene promovida por las mafias en connivencia con las ong’s, por la que estas últimas aseguran subvenciones, que, por otra parte, se destinan igualmente a favorecer la estancia de los extranjeros en nuestro país, dotándoles de vivienda, educación y sanidad, mientras se abandona a los españoles más necesitados. Otra relativa a la seguridad donde la delincuencia (atentados contra las vidas y las propiedades de los españoles), es protagonizada básicamente por extranjeros. Y, finalmente, cierra esta trilogía, la cuestión de la cultura, porque se promueve el buenismo especialmente con la cultura islámica. Y para muestra un botón: “Tenemos que defender nuestra cultura, queremos las mujeres libres, que puedan vestir como quieran y no que tengan que ir tapadas y que no se les vean ni los ojos, porque es una cultura dañina, que hace daño a la mujer, que no la respeta y defendemos nuestras tradiciones y nuestras costumbres”.  

Delirante, alucinante, pero sí, mensajes que logran calar en algunos espíritus, que no sólo no logran discernir entre integración y asimilación, educación intercultural con inmersión cultural, o dicho en otras palabras, al confundir diálogo con monólogo, sino que también se detecta un grave error al entender que la relación intercultural tan sólo se debe dar en ocasión de conflicto multiétnico o en ocasión de presencia multiétnica o multicultural, desvitalizando las posibilidades de la relación intercultural en ámbitos que se suponen o se determinan como de homogeneidad cultural.

Un error de graves consecuencias para toda la sociedad, pues al cerrar los sentidos a la comunicación con los otros no sólo cerramos las puertas de la existencia social a los otros, sino que cerramos, en consecuencia, nuestra propia libertad de circulación, de desarrollo y enriquecimiento cultural.

HASTÍO

¿Cómo podríamos definir el periodo electoral compuesto por cuatro años de deslegitimación de los gobiernos electos para demandar nuevas elecciones? Y cómo a cuatro años de falta de acuerdos y consensos en la elaboración y aprobación de proyectos de ley. Y cómo a cuatro años de propaganda electoral en todo tipo medios, desde los escritos hasta los audiovisuales, pasando por las redes, donde podemos ver que ya se utilizan hasta programas automatizados (los ya cotidianos “bots”), para insultar, ultrajar y difamar, o bien para alabar, elogiar y ensalzar a enemigos o amigos según sea la orientación política del programador, bien sea este autónomo o a sueldo. Yo lo interpreto por sus consecuencias, que son las del hartazgo.

¿Y cómo definir el cuarto año de esos periodos cuatrienales, señalado como el año de las elecciones municipales, autonómicas (aunque en esta ocasión libran Galicia, Euskadi, Catalunya, Andalucía y Castilla y León, que ya pasaron por la urna en su momento), y generales?. Pues yo diría que, como cuando hablamos del día de la marmota, este año podríamos definirlo como el del muermo.

Y aunque nos han dicho que la campaña electoral de dos semanas no empezará hasta el doce de mayo, todos sabemos que la miríada de agrupaciones y partidos políticos están desde navidades en pleno ejercicio de lo que ellos denominan periodo preelectoral. Y eso sin contar que a pesar de que las elecciones generales no se celebrarán hasta diciembre, ya están todos metidos en faena, como si las de mayo no fueran sino un aperitivo de lo que esperan conseguir a finales de año, de tal modo que se confunden y se superponen los mensajes y los discursos, siempre empeñados en trabajar para los españoles y los ciudadanos, para los empresarios y los trabajadores, para agricultores y ganaderos, para los hombres y las mujeres, para jóvenes y viejos, etc., etc., y así hasta ocupar con sus alocuciones llenas de promesas a todas las personas que se encuentran con capacidad para votarles.

El cansancio que produce este largo y permanente periodo electoral ya no sólo produce aburrimiento, cansancio o fastidio, sino que llega al hastío.