Observo con certidumbre que todos hemos pasado por un hospital, bien como pacientes o bien como acompañantes, y hasta en ocasiones por ambas situaciones. Y la impresión que he sacado es que nos movemos como seres anónimos que han perdido los rasgos de su identidad, bien porque ya nos identifican con un número, una pulsera, o simplemente por la sensación de soledad, aunque en la sala de espera o en la habitación nos encontremos rodeados de otra gente anónima como nosotros. Es como si ya nos hubieran introducido en el box hospitalario, ese compartimento reservado a los enfermos ingresados en urgencias, donde vemos transcurrir los minutos sin que nadie se dirija a nosotros con unas palabras de consuelo, o con información acerca del porqué del aislamiento. Por lo general, la cita más repetida es la de enfermería señalándonos que enseguida seremos atendidos por el médico especialista. Mientras tanto percibimos el movimiento de camillas que se avistan ligeramente entre los hules de color verde o azul con los que se separan los inquietantes compartimentos.
Y en la sala de espera, si uno es paciente, nunca un término mejor empleado, esperamos y desesperamos arrugando nerviosamente el papel con el número que nos han dado mientras la mirada se dirige, como la de todos los de la sala, hacia el monitor que, como en el sorteo de Navidad, nos ofrecerá el premio de la suerte con el que pasar al consultorio donde el médico nos atenderá.
Y qué nervios, qué inquietud cuando estamos de acompañantes y paseamos nerviosamente por los pasillos del hospital haciendo un alto en la cafetería y volviendo al pasillo de nuevo, entre tanto no hace acto de presencia el paciente en la cama, y despierta de su letargo anestésico si es que procede de la mesa quirúrgica, o bien reclama con apremio las cosas más innecesarias como información acerca del estado de salud del paciente.
Muchas anécdotas disponemos de la vida hospitalaria, incluso de la despedida, esa en la que ya nada importa y en la que sólo el dispositivo de cuidados paliativos nos permitirá finalizar con bien nuestra estancia.
