MOVILIZACIÓN

Creo que a nadie se le escapa que la crisis económica en la que estamos sumidos los españoles y buena parte del planeta tiene su origen en las malas prácticas del capitalismo financiero y especulador, que aprovechó la falta de principios éticos para crear burbujas de aire y venderlas como riqueza; en la entronización de los valores propios del depredador (de hombres y naturaleza); en la ideología neoliberal que desde los tiempos de Margaret Thatcher preconizaba la reducción del Estado hasta su práctica desaparición (aunque manteniendo los elementos de control interno como la policía y el ejército) y, finalmente, en el sometimiento de los gobiernos a las directrices que enviaban los grandes organismos económicos mundiales, como la ya manida reducción del déficit público hasta el 3% del PIB mediante el rigor presupuestario.

Y nadie desconoce que las medidas que han tomado los gobiernos se han fijado en primer lugar en la masa cautiva de asalariados y pensionistas dependientes de esos presupuestos; es decir, la reducción del déficit ha comenzado por el recorte de los salarios y pensiones de funcionarios y pensionistas, antes que por la exigencia de responsabilidades a quienes promovieron este déficit. Otros recortes seguirán a este primer paquete pero sobre todo se envía el mensaje a la sociedad de que todos debemos pagar los excesos de unos pocos (esto lo arreglamos entre todos).

Hay una vaga promesa de, en el futuro, meter mano o regular un poquito a las grandes corporaciones financieras, armamentísticas o farmacéuticas, pero sin pasarse, pues cuentan con aliados globales y controlan los mercados de valores; así que ¡ojo!, que ellos siempre apuestan por caballo ganador aunque muera reventado tras la carrera.

En estas estamos cuando acabo de recibir dos comunicados, uno del gerente donde me avisa que mi salario base mileurista se reduce desde este mes un 9,72%, y  los complementos e incentivos de productividad que hace años nos presentaron como el medio para recuperar algo de nuestro maltrecho poder adquisitivo tras la congelación de salarios de los populares señores Aznar y Rato, hasta un 5%. El otro comunicado recibido, más bien los otros comunicados, son los de las centrales sindicales que me instan, no a la movilización, sino a participar en una huelga de 24 horas el ocho de junio.

He leído que con el recorte salarial a los trabajadores de la Universidad de La Rioja el déficit de la misma descenderá en aproximadamente 1.600.000 euros, a los que habría que sumar la aportación extraordinaria de las 24 horas de esta huelga convencional. Y esto me hace pensar que si declaramos huelga, no un solo día sino una semana (o lo que estime oportuno el gerente), por ejemplo aprovechando las fiestas locales de San Bernabé y el día de La Rioja en que no hay clases, podríamos finiquitar la deuda casi en su totalidad.

Porque se trata de eso, de ayudar al país, cada uno en la medida de sus posibilidades ¿no es así? Por ejemplo, los componentes del Gobierno de La Rioja se van a recortar sus salarios un 10% y van a tener que malvivir con apenas siete u ocho mil euros mensuales (menos mal que los gastos de protocolo no se los rebajan), y además dice el Presidente que los asesores colocados a dedo con cargo al erario público no son el centenar que dice el jefe de la oposición (algunos se han colocado por méritos propios y por eso no se cuentan). Aquí unos pocos arrimamos el hombro para enjugar el déficit, cada uno con sus medios; unos mediante la huelga convencional de 24 horas y otros mediante gestos simbólicos y cara a la galería, y siempre para al sostenimiento del status quo, para el sostenimiento de un sistema que no va a cambiar su modo de obrar.

Pero claro, si los millones de parados despiertan, si los millones de extranjeros se rebelan contra su exclusión y si la ciudadanía da un paso adelante se podría realizar, no una huelga de 24 horas sino una huelga general contra esta política y estos políticos, contra este sistema y las corporaciones que lo alimentan, contra la corrupción y a favor de la democracia. Y entonces, y sólo entonces, hablaríamos de movilización de todos, entre todos y para todos.

OTRA REDUCCIÓN DEL DÉFICIT ES POSIBLE

A pesar que nadie se cree que la situación del déficit de las cuentas públicas tiene su origen en el desarrollo del Estado del Bienestar, es decir, en la consolidación de los derechos de educación, salud, pensiones y autonomía personal, todo parece indicar que el ajuste presupuestario impuesto por los grandes organismos económicos mundiales camina en el sentido de restar y adelgazar la expansión y el desarrollo de esos derechos.

España tiene que reducir su déficit público al 3% del PIB antes de 2013. Eso va a obligar al Gobierno a recortar 15.000 millones en gastos en dos años. La solución vendría de una reforma fiscal que afecte a las rentas más altas, los grandes patrimonios y las empresas con más beneficio, de modo que la brecha abierta y cada día más grande entre la ciudadanía y unos pocos, la terrible desigualdad existente entre los más ricos y la generalidad, se amortiguara levemente. Sin embargo, hay una justificación para no poner en marcha o dilatar esta reforma fiscal que acabe con tanta injusticia económica, y es que los efectos sobre la deuda pública no tendrían efecto hasta 2012 mientras que las exigencias del mercado señalan reducciones drásticas desde ahora mismo.

Sabemos que el origen de la deuda pública ha sido generada por la estafa y el saqueo de las arcas públicas cometido por las grandes corporaciones financieras, farmacéuticas y armamentísticas y, sin embargo, las medidas que ha tomado el gobierno parecen ir en la dirección contraria al ajuste de cuentas con estos delincuentes, reduciendo los servicios y precarizando la vida de la ciudadanía, principalmente jubilados y funcionarios. La medida de ajuste más impactante, dado el incumplimiento del Pacto de Toledo, ha sido la congelación de las pensiones en 2011, sin menoscabo de la reducción de un 5% en el salario que perciben los empleados públicos o el recorte de la inversión pública.

Como no creo que estas medidas de ajuste sean las únicas que se pueden tomar en este momento, he ido buscando y encontrando algunas de aplicación más sencilla y con más garantía social. Son medidas que promueven profesores de Economía (Público.es de 16 de mayo) que han reflexionado sobre cómo realizar la reducción del déficit sin afectar a la inversión, el crecimiento económico y el desarrollo de los derechos sociales. Piensan que todos los recortes del gasto público son en realidad recortes al PIB y un modo de prolongar la recesión, por lo que se debería destinar el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob),  dotado en 2009 con 6.750 millones para ayudar al sector financiero a salvarse de sus excesos en los años de la burbuja inmobiliaria, y destinarlo a inversión pública. Tan sólo algunas cajas han demandado algo de este Fondo, pero los grandes bancos como el Santander (2.215 millones de beneficio en el primer trimestre de 2010, un 5,7% más que el año pasado) o el BBVA (1.240 millones de euros de beneficio en el primer trimestre de 2010, un 0,2% más que el año pasado), no parecen necesitar de este Fondo que hay que dotar con nuevas emisiones de deuda pública hasta llegar a los 90.000 millones previstos. La cantidad ya dotada o parte podría recuperarse ahora que aún no ha sido utilizada en lugar de mandar el eterno mensaje al sector financiero de que sus ganancias son privadas (privatización de los beneficios) y sus pérdidas socializadas/estatalizadas.

Otra corporación dedicada a saquear el arca pública, la armamentística, basada en el mantenimiento de la guerra como negocio mediante la ocupación de países, puede ahora contribuir a reducir el déficit a partir de la retirada de las tropas de Afganistán, Líbano y Somalia (750 millones de ahorro) y eliminando la inversión en I+D de la industria militar prevista para 2010 (950 millones), así como recortando los 1.400 millones previstos para inversión en armamento este mismo año. Hay quien sugiere que se incluya el gasto pendiente del avión de combate Eurofighter (preveía 10.795 millones hasta 2024) y lo pendiente de los 1.353 millones para veinticuatro helicópteros de combate Tigre.

El recorte a la poderosa corporación farmacéutica (785 millones en dos años) a través de la adecuación de los envases a la duración estándar de los tratamientos y los fármacos unidosis, ha sido bien visto por todos, aunque después del bluff de la compra masiva de vacunas para la gripe A y la disposición de esta corporación a propagar a través de la OMS el temor a la enfermedad global, le permite afrontar con tranquilidad estas medidas contractuales y en el futuro encontrar otros medios para utilizar los medicamentos como productos generadores de inmensos beneficios. Otro recorte que ha sido bien recibido, salvo por la demagogia popular, ha sido la supresión del cheque-bebé, que asignaba injustamente la misma ayuda a cualquier nivel de renta, aunque habrá que buscar incentivos a la natalidad que tengan en cuenta las desigualdades.

Otras medidas de ajuste podrían realizarse de inmediato como la eliminación de las exenciones que se aplican a los premios de loterías, apuestas y sorteos, que permitiría un ingreso a las arcas públicas de 1.165 millones. Quizás entonces el señor Fabra y su mujer no habrían tenido tanta suerte y tantos premios en tan poco tiempo (en 2008 ganó dos millones de euros con el premio Gordo de la Lotería del Niño). Por supuesto, la supresión de cargos de libre designación y asesores que los políticos designan a dedo para colocación de amigos, familiares y políticos en situación de paro (hay unos 25.000 puestos de este tipo, de los que podrían suprimirse 20.000 sin impacto laboral). El cálculo dice que si el sueldo medio ronda los 4.000 euros al mes, la supresión supondría un ahorro de 1.120 millones al año, sin contar el ahorro en comidas, viajes y demás actos protocolarios.

Pero hay una manera de ahorrar más de 250 millones al año que no exige subir impuestos ni eliminar ningún servicio ni prestación, y es la supresión de la casilla de asignación tributaria a la Iglesia católica de la declaración del IRPF. Si además se suprimiesen los sueldos para los profesores que imparten religión en centros escolares públicos (650 millones al año), ajustándose a las directrices de un Estado laico, se podrían mantener los 600 millones de la ayuda al desarrollo. Incluso es posible que en estos momentos el Estado deje de ingresar casi mil millones de euros por desembolsos fiscales no realizados, dado el acuerdo del Estado español con el Vaticano porque el que se exime de tributar el IVA a la iglesia católica. No es de recibo que las creencias, religiosas o no, y las organizaciones a su servicio estén financiadas por el Estado, sino financiadas, exclusivamente y de forma voluntaria, por las personas que las sustentan.

Estas y las otras medidas señaladas nos hacen pensar que otra reducción del déficit de las cuentas públicas es posible, y que el mantenimiento de los derechos sociales y la inversión también son posibles.

CORRUPCIÓN Y DEMOCRACIA

Como la corrupción es la acción y efecto de corromper o corromperse, busco en el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de  Sebastián de Covarrubias (impreso en 1611) la voz Corromper, del verbo latino corrumpo, contamino, vitio, destruo. Y ejemplificando, corromper las buenas costumbres, estragarlas. Corromper los juezes, cohecharlos. Corromper las letras, falsarlas. Corromper la donzella, quitarle la flor virginal; es decir, estragar, mudar, romper, contaminar, viciar, pervertir, pudrir.

Ahora tengo más claro qué es eso de la corrupción que parece haberse instalado en nuestra sociedad como si formara parte inherente de la vida democrática, al punto que si uno se refiere al gobierno, da igual de qué signo o de que nivel administrativo hablemos, enseguida se sobreentiende que a ese gobierno le acompaña el ejercicio de la corrupción política y administrativa.

En términos generales, la corrupción política es el mal uso público (gubernamental y administrativo) del poder para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente secreta y privada. En un sentido moral se considera corrupción al desorden o abuso introducido en las actividades humanas, en la realidad económica, las prácticas sociales, la esfera del ocio, el mundo del trabajo, las acciones del gobierno, pervirtiendo la naturaleza y los fines de la vida política. A propósito de la corrupción en democracia, esta misma semana se ha publicado el libro póstumo de José Vidal-Beneyto “La corrupción de la democracia” donde aborda la problemática de la corrupción radical de la democracia, empezando por su causa más obvia, “la deriva de todos los valores públicos”, para continuar con un análisis de “la quiebra de la política”, de “los conflictos y alternativas” y de “los avatares de los sujetos” hasta culminar en “los desafueros del capitalismo”.

El catedrático de sociología José Vidal-Beneyto, fue discípulo de Merleau-Ponty, Raymond Aron, Karl Lowith y Theodor Adorno y hasta su muerte dirigía el Colegio de Altos Estudios Europeos Miguel Servet, con sede en París. Había participado en la fundación de El País y formaba parte del Consejo Científico de Attac España. De él dice Federico Mayor Zaragoza (in memoriam), que promovía la “resistencia crítica” para estimular el debate y adoptar las decisiones oportunas, tanto a escala personal como colectiva, intentando a pesar de los pesares, la puesta en práctica de los valores fundamentales, y denunciando la postergación y disfraces que hacen a la democracia “vulnerable”. Creía tenazmente en la emancipación individual como requisito para evitar que la sociedad civil fuera, en lugar de líder y portavoz, coartada de los poderes oligárquicos. La diversidad, hasta el límite de la unicidad, es nuestra riqueza; la unión de unos cuantos principios universales, la fuerza.

A mi modo de ver, no se equivoca Mayor Zaragoza al recordar a su amigo pues desde hacía unos años podíamos leer en sus análisis sobre la perversión de la democracia que la corrupción había alcanzado desde los principios y valores de la misma, hasta sus símbolos más conspicuos como la monarquía, entregada de este modo la sociedad a las solas actividades de comprar y vender, que son las propias de la condición mercantil en que nos ha confinado el mercado. Función que ha transformado nuestra vida colectiva en un paisaje frágil y tedioso, en el que lo público y lo privado parecen jugar al escondite, después de haber perdido un notable porcentaje de los rasgos diferenciales de sus identidades contrastadas y después de haber dejado atrás todas las consideraciones ancladas en la moral y el bien común, y de haber consagrado como únicos objetivos el negocio y el beneficio. Es decir, después de haber abierto de par en par las puertas a la corrupción y de haberse abrazado al estragamiento de principios y prácticas. Que alcanzó primero a los actores económicos en su totalidad y luego, en una especie de ósmosis imparable se extendió al conjunto de la sociedad civil y en particular a los políticos.

La corrupción se ha manifestado a través del uso ilegítimo de información privilegiada permitiendo hacerse con ventaja, a amigos y parientes, dueños de los bienes públicos; a través del tráfico de influencias, el amiguismo, el compadrazgo y el caciquismo que crean dependencia y clientelismo entre las personas y las organizaciones de la sociedad civil; a través del nepotismo, la prevaricación y la impunidad que crean indefensión en la moral y la ética de las personas. Y así llegamos a una realidad estructural de nuestra democracia donde los principios de la acumulación de dinero y beneficios junto con el consumo suntuario y el lujo son las dos vectores que mueven a cuantos se asoman a parcelas de poder político y económico enfangando la vida social con sus artes.

Vidal-Beneyto señalaba como la base sobre la que se cimenta esta estructura propicia a la corrupción venía determinada por los grandes organismos económicos mundiales, celosos guardianes del credo liberal (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, Departamento del Tesoro de Estados Unidos y Ministerios de Hacienda de los principales países occidentales), y cuya sustancia se resume en estos tres principios: 1). Libertad total para los intercambios de bienes, capitales y servicios. 2). Desregulación absoluta de la vida económica sin ningún tipo de reglas. 3). Reducción drástica del gasto público, establecido en volúmenes mínimos y sometido a rígido control presupuestario sin ninguna excepción. España, como el resto de los estados europeos, camina en esta dirección asumiendo este último principio de reducción del déficit de las cuentas públicas. Un déficit creado por las instancias financieras, los mercados, los políticos y administradores públicos que han hecho de la corrupción sus señas de identidad. Pobre democracia donde la libertad se instala sobre la igualdad y no la acompaña.

SEXO EN PRIMAVERA

Esto lo escribí el pasado veinticinco de marzo de 2010 después de asistir en el Ateneo a un debate sobre Foucault y la inmanencia del poder

Ha llegado la primavera, el momento en que la naturaleza transforma los capullos en flores y en el que las hormonas parecen despertar de su letargo invernal. Pero no es de sexo exclusivamente de lo quiero hablar, sino del cuerpo, de la percepción que tenemos del cuerpo, de la conciencia que tenemos de nuestro cuerpo. Hay gente que todavía no ha descubierto su cuerpo porque no lo encuentra o percibe, o porque no le gusta, porque quiere modificarlo, porque no se identifica, porque se mira en otros cuerpos, en los modelos de juventud de belleza estandarizada y no en el suyo.

Y es que los cuerpos, como la sexualidad o el pensamiento, se han visto sometidos a cambios y modificaciones relacionados con los contextos sociales e históricos en los que se desenvolvieron. Viene esto a cuento de una relectura de Michel Foucault (Historia de la sexualidad. La voluntad de saber), y el inicio de la era del “biopoder” donde se conjuga el ejercicio del poder con el diciplinamiento de los cuerpos y la regulación de la población. El biopoder es un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo y su mejor estrategia será el dispositivo de sexualidad. De las consecuencias de su aplicación no hay mejor exponente que la España del siglo XX cuando se proyectó una concepción que identificaba la sexualidad de modo funcional con la procreación, particularmente con la genitalidad, jurídicamente con el matrimonio, conductualmente con la heterosexualidad, genéricamente con el varón, y cronológicamente con el joven/adulto.

A pesar de que un mínimo de conocimiento, contacto con la realidad y espíritu crítico desbancan éstas limitaciones, no por ello podemos dejar de observar que este alineamiento estratégico ha permanecido y permanece en los intereses y manifestaciones sexuales de muchos individuos, no cómo una opción elegida, sino como la única posibilidad de vivir la propia sexualidad y de cómo debe ser vivida por los demás. Seguimos dominados por una experiencia de siglos en los que se aprendió a disciplinar nuestros cuerpos y a restringir las opciones de nuestra sexualidad. Si hacemos caso de Claude Lèvi-Strauss, el tabú del incesto es el origen de toda sociedad y en todas encontraremos algún tipo de regla o norma que prohíbe mantener relaciones sexuales con ciertos parientes. Ahora bien, ni las normas son iguales en todas partes, ni la determinación del grupo de parentesco, ni la terminología que identifica a los parientes, por lo que estamos hablando de una construcción social más basada en la prohibición y en la restricción de las relacione sexuales.

La biopolítica en el ejercicio del poder, determina la funcionalidad de los cuerpos gobernados, instruyendo (disciplinando) acerca de los deseos y las manifestaciones afectivas y sexuales de modo que estos respondan a los cánones establecidos de carácter productivo y reproductivo. Frente a estas limitaciones que reducen las experiencias sexuales al área genital y a la relación coital, se encuentra la subversión de los cuerpos, que mediante el ejercicio de una sexualidad libre, aumenta nuestra capacidad de comunicación, afectividad, placer, complicidad y ternura.

Señalaba mi amiga Victoria Hernando hace unos años (Giró, 2005), que  las actitudes hacia la sexualidad, las preferencias y las manifestaciones afectivas y sexuales se han convertido en la cuna de numerosos mitos y mensajes sociales que tanta discriminación y daño han causado a hombres y mujeres. Así, por ejemplo, el hombre debía de manifestarse siempre dispuesto a la relación sexual y coital, siendo el responsable de tomar la iniciativa y parecer experimentado aunque no lo fuera. Debía permanecer fiel a un modelo que le atribuye vigor, fuerza y la responsabilidad del orgasmo propio y de la pareja. Su imagen debía ser la de alguien racional, ambicioso, controlador y protector que sabe lo que hay que hacer en cada momento. Acorde con éste retrato robot la hombría se demostraba más adecuadamente si se tiene éxito social o se persigue y si se mantienen relaciones sexuales con muchas mujeres y éstas son atractivas y más jóvenes. El hombre podía practicar la masturbación pero especialmente en la adolescencia y años más jóvenes. No debía expresar jamás los sentimientos de miedo, inadaptación, rechazo o abandono aunque si podía manifestar rabia o agresividad. En oposición, el hombre resultante de este planteamiento no debía ceder, jugar, dejarse llevar por los sentimientos, ser honesto con respecto a sus necesidades sexuales, dejarse acariciar, mantener relaciones sexuales no genitales, ser vulnerable, débil, receptivo, pasivo en las relaciones y no debía, entre otras múltiples indicaciones, responsabilizarse del control de natalidad. En la pareja puede buscar lícitamente ser admirado, obedecido o incluso el afianzamiento social.

A partir de aquí resulta sencillo imaginar el rol asignado al sexo femenino y la construcción de su sexualidad. Entre otras cosas, la mujer debía mostrarse insegura y tímida en las relaciones sexuales, sobre todo en las primeras ocasiones. Debía ser fuente de ternura, placer, comprensión y cariño. Mostrarse solícita siempre que el varón lo desee independientemente de su deseo. La masturbación, en su caso, simplemente no existe y no debía manifestar experiencia ni deseo sexual aunque lo haya. Puede hablar de sentimientos siempre que hagan referencia al miedo, la lástima, la culpa… pero no aquellos sentimientos que tengan que ver con valores asociados al varón como la ambición, la cólera o el resentimiento y, cómo no, le está permitido llorar en público.

Afortunadamente la primavera ha llegado y el sexo ha estallado en múltiples formas y colores. Aprendamos a reconocer, estimar, amar, desear nuestros cuerpos como la mejor estrategia para combatir los males del capitalismo posmoderno.

SOBRE DERECHOS DE JUBILACION Y PENSIONES

Este artículo se publicó en Rioja2.com el dos de febrero de 2010. Por entonces soltaron el anzuelo cíclico de que la Seguridad social puede hacer crack en unos años y, como siempre, sacaron entre otras medidas la de prolongar el periodo de cotización y jubilarse más tarde.

Ahora que cierro un nuevo libro sobre Envejecimiento, donde hablo sobre las prejubilaciones y las jubilaciones en relación a la oportunidad única de acceder  a un futuro de desarrollo personal, libre de las obligaciones propias del trabajo asalariado, va el Gobierno y la OCDE y destapan de nuevo el tarro de las esencias del capitalismo liberal. Hace años,  en la década de los noventa, se oían las voces de aquellos analistas económicos del capitalismo ultraliberal, que apoyados en las proyecciones de los demógrafos, como si de matemáticas exactas se trataran, amenazaban con el fin del Estado del Bienestar y de la prestación de los seguros (principalmente salud y pensiones). Los Informes apocalípticos señalaban con inquietud la llegada de las generaciones de trabajadores más numerosas, las del baby-boom de EEUU y Europa, a su edad de jubilación.

Incluso tuvo un gran éxito editorial el periodista Frank Schirrmacher con su libro El complot de Matusalén (2004), donde advertía que la generación para la que se acuñó el término teenager no había cambiado el mundo con la guerra, sino con su mera existencia. No sólo habían ingerido alimentos, sino que habían modificado los bares, los restaurantes y los supermercados. No sólo habían llevado ropa, sino que habían cambiado la industria de la moda. No sólo habían comprado coches, sino que habían transformado la industria del automóvil. No sólo habían tenido citas, sino que habían alterado los roles y las prácticas sexuales. No sólo habían ido a trabajar, sino que habían revolucionado el lugar de trabajo. No sólo se habían casado después de miles de años, sino que habían transformado la naturaleza de las relaciones humanas y sus instituciones. No sólo habían pedido préstamos, sino que habían cambiado los mercados financieros. No sólo habían utilizado ordenadores, sino que habían modificado las tecnologías.

Los teenager de ayer se convirtieron en los babyboomer de hoy, y la sociedad se enfrentaba a una nueva amenaza. Este pánico a la llegada de los viejos, con el poder de su número y, en un periodo de crisis económica como la de los años noventa, puso todos los decibelios existentes de la OCDE en el altavoz de las pensiones y las jubilaciones. Se amenazó con prorrogar el periodo laboral hasta los setenta años, y como en un mercadillo comenzó la negociación para dejar a todos insatisfechos en un término medio de 67 a 68 años. Y también es cierto que, como ahora, se permitió el aumento de las prejubilaciones como medida económica que proporcionaba enormes ingresos a las grandes empresas, pues nunca sustituyó por población joven la población retirada anticipadamente del trabajo. Y es cierto que se aprovechó para despedir trabajadores y deslocalizar empresas con la misma excusa de la crisis internacional, favoreciendo el trabajo sumergido, principalmente de trabajadores inmigrantes sin regularizar.

Sin embargo, las proyecciones catastrofistas se abandonaron tras un nuevo periodo de crecimiento, que para España supuso la llegada y regularización de jóvenes trabajadores inmigrantes, responsables casi absolutos de los últimos cinco millones sumados al censo. Gracias a estos inmigrantes, se han recuperado relativamente los índices de fecundidad (los nacimientos de madre extranjera en 2006 ascendieron al 20% del total de nacimientos habidos en España), uno de los caballos de batalla de los demógrafos en sus registros de tasas de dependencia.

Pero claro, si se quiere que las españolas tengan más hijos, habrá que poner remedio a las causas por las que han dejado de tenerlos; por ejemplo, la posibilidad de conciliar vida  laboral y familiar, o la posibilidad de adquirir una cierta autonomía económica mediante un trabajo. Por que no olvidemos que la población activa, la población en edad de trabajar sobre la que recae el esfuerzo fiscal para el mantenimiento de la seguridad social, es una población activa devaluada, donde tan sólo participa el 51% de las mujeres. El 49% restante se queda en casa (ni trabaja ni busca trabajo). Posiblemente hace las labores propias de un Estado del Bienestar desarrollado (cuida de las personas dependientes, incluso del marido).

Y los hombres no les van a la zaga, pues aun sin descontar todos aquellos que se encuentran entre los cuatro millones de desempleados, tan sólo cuentan como población activa al 68% de los mismos. Es decir, un 32% viven de las rentas o malviven, pero desde luego no trabajan. En suma, tenemos que cinco de cada diez mujeres y tres de cada diez hombres ni trabajan ni están en las cifras de desempleo; y sin embargo, nadie se pregunta por ellos, sino por los que quieren hacer uso de su derecho a descansar del trabajo asalariado a los sesenta y cinco años.

Y ahora mismo, a estos viejos que están transformando el mundo simplemente por ser muchos, porque han accedido a una esperanza de vida como nunca existió en la historia de la humanidad, se les quiere recortar sus pensiones o el cálculo de sus miserables pensiones (muy por debajo del gasto medio por hogar, y de la media de la UE). Y se quiere recortar los derechos a dejar de trabajar a los sesenta y cinco años (ahora mismo la jubilación real de los españoles es a los sesenta y tres años y diez meses, la más alta de la UE).

Qué nos deparará el futuro inmediato a los hijos del baby boom? No lo se. No se si triunfarán las tesis del capitalismo liberal y perderemos derechos, pero desde luego, cuando esta generación muera, habrá dado paso a una nueva cultura que dejará marcada para siempre a la sociedad del futuro. Y esto no es una predicción ni una proyección. Es una certidumbre.