PRECARIEDAD Y MONOPARENTALIDAD

La precariedad se ha incorporado en el lenguaje para definir, principalmente, aquello que tiene poca estabilidad, duración, que es inseguro, llegando en la actualidad a caracterizar muchos aspectos relativos a la vida cotidiana, como al hablar de un determinado tipo de coyuntura, situación o estado de cosas; de la estructura u organización; de los medios y recursos disponibles, así como de la infraestructura o equipamiento; de la ocupación o puesto de trabajo; del espacio, hábitat o lugar para vivir; de la estabilidad y otros estados análogos; de la existencia humana y, en definitiva, de los derechos o necesidades que se consideran básicos para la supervivencia o el desarrollo (salud, economía, nutrición, atención, asistencia, libertad, formación, educación, democracia, protección).

Lo precario se puede interpretar al menos en tres dimensiones: como condición (ser), como situación (estar, vivir, experimentar procesos de precarización), y como medio o recurso (actuar dentro de ámbitos de precarización). Y es en la monoparentalidad donde se dan las condiciones, situaciones y medios propios de la precariedad. Sabemos que las mujeres encabezan el 80% de las familias monoparentales y que estas duplican el riesgo de pobreza severa respecto a las que tienen dos progenitores.

Si la justicia social hace referencia a la necesidad de lograr un reparto equitativo de los bienes sociales, asegurando así la dignidad de todas las personas y la cohesión social, nos encontramos que son muchas, muchísimas las madres que en la actualidad están criando sin políticas mínimas y sin un marco de protección, negando esos derechos no sólo a los progenitores, si no de rebote a las niñas, niños y adolescentes que forman esas familias.

En La Rioja, la Ley de marzo de 2023, ya reconoce que “las familias monoparentales conllevan un importante factor de vulnerabilidad, superior al resto de estructuras familiares, ya que este tipo de familia está expuesta a un mayor riesgo de pobreza, a dificultades para conciliar la vida familiar y laboral y a situaciones de exclusión social”. Sin embargo, el reconocimiento no ha conllevado el desarrollo de las medidas de apoyo necesarias y publicitadas en dicha ley, para superar la precariedad de las trece mil familias riojanas constituidas por un solo progenitor.

Y siguen. Y nos siguen vendiendo humo electoral hsta la próxima legislatura.

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